Volvieron los  «Bellos Jueves» al Museo Nacional de Bellas Artes

CAPITAL FEDERAL- Más de tres mil visitantes coparon el museo, en una nueva edición del ciclo que se realizó por primera vez desde la reapertura del primer piso.

Con la incorporación de 3200 metros cuadrados y 18 salas en las que se desplegó un combo de visitas rapeadas, recitales de rock, obra de artistas jóvenes dialogando con maestros como Kandinsky o Berni, y un set de cumbias remixadas en la terraza a cargo de un dj.

Una noche agradable, de pocas nubes y luna llena oficiaron de testigos de la larga fila que se armó sobre la entrada de Libertador y hacia la avenida Pueyrredón, mientras muchísimos jóvenes ingresaban al edificio -piercings, tatuajes, cadenitas colgando del pantalón, gorritas de béisbol a la vista- y los acordes de un tema de los Redonditos de Ricota sonando desde los parlantes ubicados en los descansos de las escaleras.

El último jueves de cada mes de 19 a 23.30, el museo ofrece una nueva edición de este ciclo que convoca a jóvenes artistas a dialogar con el patrimonio permanente y que se propone quitar el aura de solemnidad que usualmente sobrevuela en estos edificios decimonónicos, por lo que una recorrida por sus salas permitía apreciar las postales de una noche vibrante y de muchísima convocatoria.

El curador de artes visuales Santiago Villanueva, responsable del éxito que cosecha esta movida mensual, tuvo la tarea de invitar a los artistas a dialogar ya no sólo con las obras de planta baja, sino también con las del primer piso, cerca de 300 pinturas, esculturas, fotografías y grabados, parte del nuevo guión que mixtura el arte argentino con el arte internacional.

«El cambio fue sustancial -explica Villanueva a Télam-, para los artistas, la planta baja tiene un contraste evidente con cualquier obra de arte contemporáneo, pero el primer piso es un desafío completamente diferente, las paredes son blancas, y las obras que se presentan ahí tienen una proximidad temporal mucho más grande».

«La idea del contraste, que era un poco la característica del ciclo, desparece por completo. El desafío ahora es dejar de lado ese contraste que nos presentaba la planta baja y dialogar e intervenir las salas para artistas que tienen una proximidad de referencia mucho más cercana, con Juan del Prete, Pablo Picasso, Emilio Pettoruti», completó el curador.

Los códigos QR incorporados en el epígrafe de las obras, permitían descargar con los celulares textos de especialistas, mientras el músico platense Adrián Juárez, hacía sonar los acordes de su teclado en la sala de los lenguajes modernos, secundado por obras de Alfredo Guttero, Raquel Forner y Lino Spilimbergo.

Un rato más tarde, desbordaba de público la sala de Manierismo y Barroco, entre paredes lúgubres, para escuchar la breve pero contundente visita rapeada a cargo de Malajunta y en el primer piso, un gran aplauso ponía punto final a la visita guiada a cargo de Roberto Amigo, en la sala dedicada al maestro Antonio Berni.

Justamente, en la «sala Berni», un espacio de potencia singular, donde se pueden apreciar la monumental «La pesadilla de los injustos», «La siesta», «Primeros pasos» y algunos grabados de los amigos de Ramona Montiel, es donde realizó una de sus intervenciones el colectivo de artistas Oligatega numeric, que trabaja desde 1999 en la producción de videos, instalaciones, objetos y performances.

Los Oligatega desplegaron su impronta de contemporaneidad a lo largo de diferentes salas del reinaugurado primer piso, como en la de Arte óptico cinético, donde presentaron la obra «Tren en el museo», un trencito eléctrico que se desplazaba por los rieles de una mesa, con una cámara encima, que proyectaba en una inmensa pantalla todo lo registrado.

De alguna manera, podía leerse un contrapunto entre el movimiento del tren eléctrico desplazándose por las vías y el movimiento de las piezas de Kosice, Le Parc, artistas que incorporaron el uso de motores y sistemas eléctricos.

«Esta es la pieza principal que trajimos y es una nueva versión de una obra que hicimos en el 2005, llamada Tren Fantasma. La anterior era cerrada, un tren con una cámara que iba filmando un paisaje y podías ver todo a través de un televisor. Ahora, ‘abrimos’ la obra y mientras el tren va filmando un paisaje en miniatura, podes ver el contexto, cómo se genera esa imagen. Y mientras el tren va recorriendo y filmando todo, se va metiendo en las obras de arte cinético y óptico del museo, y el espectador se ve a sí mismo», cuenta a Télam, Mariano Giraud, uno de los integrantes del grupo junto a Maximiliano Bellmann, Alfio Demestre y Mateo Amaral.

Algo del carácter efímero de las intervenciones, los videos y la música, se respira en cada edición mensual de los Bellos Jueves, tal vez ahí radique su atractivo: la posibilidad de ver a artistas argentinos y contemporáneo dialogando con un Kandinsky, una escultura de un árbol, sin hojas, autoría de Magdalena Jitrik, en la sala de arte europeo del siglo XV y XVI, junto a figuras religiosas, sólo durante un puñado de horas.

Visitas a la exposición Tekoporá a cargo del joven guía Marcos Krämer, más visitas rapeadas; la proyección de la película de Paz Encina, «Hamaca paraguaya», y la apertura, recién a las 21 de la sala de arte argentino de los años 90, la incorporación más novedosa del guión curatorial del museo terminaron de delinear una noche potente para el museo.