Se largó una carrera que está lejos de empezar

por RODY RODRIGUEZ
Dos lecturas aparecen visibles tras el resultado de las elecciones Legislativas celebradas ayer en todo el país.
La primera, el Frente para la Victoria mantiene mayoría en las Cámaras de Senadores y Diputados Nacionales, garantizando al gobierno la posibilidad de una gobernabilidad sin demasiados traumas. Este es un dato significativo teniendo en cuenta que lo que se eligió ayer fueron justamente legisladores, y lo que estaba en juego era la cantidad de bancas a obtener por cada fuerza política en disputa.  El dato toma mayor relevancia ya que es un resultado favorable luego de diez años del kirchnerismo en el gobierno.
Nunca antes un partido gobernante logró mantener esos niveles de adhesión a nivel país, después de tanto tiempo  en el poder.
Pero ese dato objetivo no logra disimular la desazón que cubre a todo el oficialismo por las derrotas categóricas en la provincia de Buenos Aires, -donde el  conurbano muestra guarismos catastróficos para el FPV-, en algunas provincias claves como Córdoba, Santa Fé y Mendoza, o de alta simbología como Santa Cruz, cuna del kirchnerismo con triunfo contundente de la UCR.  En tanto la sucesión de fracasos electorales en la Capital Federal para el kirchnerismo dejaron de ser una novedad.
Es entonces que se contrapone la otra lectura. El gobierno mantiene sus mayorías legislativas a nivel nacional, pero la intención de la ciudadanía al sufragar fue la de castigarlo. Solo la atomización de la oposición en todo el país, hizo que ese castigo no fuera aún más visible.
El peso de la provincia de Buenos Aires coloca a Sergio Massa como el gran ganador de la jornada. La apabullante victoria de su Frente Renovador, sobre todo en distritos del Gran Buenos Aires, lo hace sentir en un lugar preferencial con vistas a las elecciones presidenciales del 2015, pese a la falta de estructura nacional, de su espacio político. Su discurso distó mucho de ser el de un futuro diputado. Lanzó un programa pensando en gobernar la Argentina.
Lo mismo ocurre con Mauricio Macri, que consolidado nuevamente con el triunfo del PRO en la Capital creyó oportuno lanzar su candidatura a presidente.
Naturalmente viendo los resultados de las últimas elecciones y los violentos cambios que se producen entre una y otra, resulta casi un ejercicio de ciencia ficción, pensar en, ya no quien puede ser presidente, sino en quien puede llegar a ser candidato.
Hay ejemplos claros que demuestran la conducta cambiante del electorado: Hace dos años Lilita Carrió había hecho una elección vergonzosa sin poder superar el 2 %, hoy se muestra victoriosa en la Capital Federal muy cerca del PRO ganador. El Partido Obrero que siempre fue una expresión marginal de la política hizo una elección histórica y en muchos distritos del conurbano, empató o venció a Francisco De Narvaez, aquel que hace apenas cuatro años, le había ganado a Kirchner, a Scioli y a Massa juntos. Cobos había quedado estigmatizado como el símbolo de la traición primero entre los radicales y después con el kirchnerismo, fue héroe en el 2009 defendiendo a los productores del campo y fue villano derrotado en los comicios del 2011. Hoy es otro de los vencedores que se imagina con chances de disputar la presidencia de la Nación, como también lo cree el socialista Hermes Binner, triunfador en Santa Fé. Pero como también se lo pueden creer algunos exponentes del kirchnerismo, como el gobernador del Chaco, el Coqui Capitanich; el de Entre Ríos, el Pato Urribarri y hasta el propio Urtubey de Salta.
En esta grilla no pueden faltar dos bonaerenses: Daniel Scioli, que tuvo un protagonismo excluyente en la campaña oficialista y Florencio Randazzo que optó por una prescindencia llamativa. Habrá que ver, en cada caso, cómo se miden costos y beneficios. Si se premia o se castiga al que puso la cara o al que prefirió hacer prevalecer su condición de técnico por sobre el político.
Todos quieren correr una carrera que está lejos de empezar. Muchos piensan que después de octubre de 2013, viene agosto del 2015. Pero entre esta elección y las PASO que vienen hay un sinfín de cosas que pueden suceder, entre ellas acrecentar el rechazo de la población hacia el partido gobernante o incluso que este pueda recuperar la adhesión perdida.
Si ocurriera lo primero, tampoco es seguro que las figuras que hoy aparecen triunfadoras sean los depositarios de la confianza del electorado en las presidenciales que vienen.
Más difícil es pensar cómo puede ocurrir lo segundo.
Por el momento está claro que millones de personas que confiaron su voto al kirchnerismo en el 2011, se cansaron. Tal vez más por las formas que por el fondo. Y en estas elecciones el gobierno quiso mostrar otras formas (eligiendo un candidato más parecido a Massa) y también esbozó cambios de fondo, ajenos y contrapuestos a las ideas sostenidas durante una década, como por ejemplo hablar de mano dura en materia de inseguridad.
Esta postura difusa, no podía contribuir en nada a atenuar el malhumor de la gente, que castigó al Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires votando a un Frente Renovador que lo único que tenía de renovador era su nombre. Basta con olfatear los apellidos de conforman el núcleo duro del massismo y se notará un aroma rancio con ciertas notas de naftalina. Lo más renovado que mostró el staff de Sergio Massa fue Mirta Tundis, Adrián Pérez y no mucho más. El resto perteneció al elenco estable del kirchnerismo durante muchos años. Algunos fueron denostados, ninguneados de ese espacio, otros se fueron dando muestra de una habilidad sobresaliente a la hora de saltar de un barco, sin importar donde lo lleve, mientras lo lleve.
Resta por saber la conducta que tendrá la principal figura política de la Argentina que sigue siendo Cristina Kirchner, ausente desde hace días del escenario político por su enfermedad, pero depositaria de muchas expectativas con respecto a que pasos que va a dar, una vez que se reincorpore a su cargo en algunas semanas más.
Cristina Kirchner será presidenta hasta el 10 de diciembre de 2015. Podrá gobernar sin trabas en el Congreso. Ella será la que diseñe el panorama futuro. Puede hacer lo que quiere hacer Massa, según anticipó en su discurso post triunfo de anoche, de “estar humildemente detrás de las demandas de la gente”, o como históricamente se comportó tanto ella como Néstor Kirchner, que es la de tomar iniciativas, marcar agendas y construir a futuro.
La carrera no se largó, pero hay muchos entrenando.   Las urnas dijeron mucho pero no está todo dicho.