Un modelo comunitario de Internet que lleva inclusión en tiempos de pandemia a la Villa 20

En tiempos de coronavirus y cuarentena la experiencia única y pionera de una organización social que brinda Internet comunitaria a la porteña Villa 20 desde hace seis años, posibilita que las niñas y niños continúen estudiando online y que su población acceda a información y genere producciones propias.

Desde 2014, la organización Proyecto Comunidad, que funciona en el barrio situado en Lugano, incluye un merendero, la iniciativa Atalaya Sur de internet comunitaria, FM La Patriada y el portal Villa20.org.ar.

La experiencia de conectividad generada colectivamente en el barrio utiliza fibra óptica, radiofrecuencia, software libre y capacitación en tecnología para las y los vecinos.

«Hoy tenemos en Villa 20 la red pública, que desde 2014 es de acceso libre y gratuito a través de wifi. Hay 14 puntos activos que iluminan el barrio y una red hogareña que incluye 50 casas, y que, a diferencia de la red pública, recibe aportes solidarios de vecinos para sostener internet y la red», explicó a Télam, Manuela González Ursi, coordinadora de Atalaya.

Este trayecto comunitario hace que la experiencia de Atalaya sea «la única que está posibilitando el acceso a la conectividad en el barrio».

La red, a pesar de la situación de aislamiento y las dificultades del contexto de pandemia, sigue funcionando «porque está conformada con vecinas y vecinos del barrio que tienen los equipos y tienen la capacidad de decir cuándo no funciona o se rompe», sostuvo González Ursi.

«Hay otro equipo, con perfil mas técnico, que configura la red, que son también del barrio», agegó.

Es que el proyecto incluye la alfabetización digital de quienes usan el servicio, lo que les permite tener las herramientas para detectar problemas técnicos y solucionarlos.

«Hay compañeras, compañeros que hacen transferencia de conocimiento, explican cómo usar dispositivos, vamos acompañando, porque hay que respetar el aislamiento», destacó la dirigente social.

En este sentido, contó que la conectividad que proveen las compañías «es mala dentro de la villa, hay zonas sin señal telefónica», con lo cual, a partir de la infraestructura que fueron montando, «hecha con radiofrecuencia», se logró la conectividad.

Ahora, la pandemia «vino a mostrar cómo la brecha digital refuerza desigualdades» y «la principal dificultad es la continuidad de las trayectorias educativas de jóvenes, niñas y niños», postuló.

En este sentido, en el portal Villa20.org.ar, se ofrecen los contenidos del programa oficial Seguimos Educando y «hay un trabajo importante de difusión e información sobre coronavirus y la situación actual de las villas porteñas».

Lo que posibilita red en comunidad -continuó la coordinadora de la iniciativa Atalaya Sur- «es la continuidad pedagógica por un lado, y garantizar el acceso a internet, y la apropiación tecnológica, el acceso a las nuevas tecnologías, la alfabetización digital y la producción de contenidos locales».

La organización hizo un video, titulado «La comunicación es un derecho, no un negocio», que incluye testimonios de vecinos y muestra cómo personas de todas las edades usan Atalaya Sur para comunicarse con su familia en aislamiento, para hacer las tareas escolares, o para ver noticias o videos musicales.

«Antes gastaba mucho en tarjetas para cargar el celular», compartió una vecina, y otra dijo que se siente «privilegiada por tener internet» y que desea que esa posibilidad le llegue «a todo el mundo».

La idea de la organización «es avanzar para conectar 500 hogares», para lo cual necesitan «el Fondo de Servicio Universal (FSU)», destacó la coordinadora del proyecto.

El FSU lo administra el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), y es un financiamiento que surge de retenciones a operadores comerciales para apoyar estas experiencias sin fines de lucro.

«Los aportes no son reembolsables y, hasta ahora, no incluyeron a las villas. Durante los cuatro años macristas, pusieron condiciones y dejaron afuera a las villas. Entonces, no hay financiamiento específico para barrios populares», detalló González Ursi.

En ese marco, ya tuvieron una reunión con autoridades del Enacom en la que les expresaron la voluntad, según detalló la dirigente social, de que «esto suceda en villas y zonas rurales, donde no han llegado ni las empresas ni el Estado».

«Estamos en conversaciones, se está hablando, hay un interés. Es posible, es factible», destacó en diálogo con Télam, quien subrayó que el modelo aplicado por Alternativa Sur «puede ser replicado».

El Proyecto Comunidad lleva adelante, además de esta iniciativa de inclusión digital, un merendero que «es un espacio de articulación territorial», donde, en el marco de la pandemia, hoy se encuentran «desbordados, como todos los centros comunitarios en territorio».

La pandemia «mostró las consecuencias de brecha digital y también brindó la posibilidad de pensar una lógica no mercantil, como nuestro proyecto, para acceder a internet, que cumple un rol esencial en la formación de opinión publica», concluyó.

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