Edgardo Esteban: «La transición a la democracia se la debemos a Madres, Abuelas y a los excombatientes»

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«La transición a la democracia se la debemos a las Madres, Abuelas y a los excombatientes», dice Edgardo Esteban, director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, el cual desde 2014 está emplazado en la exESMA, donde funcionó el mayor centro clandestino de detención, tortura y asesinato de la última dictadura argentina: «Compartimos un predio con organismos de Derechos Humanos, somos parte de esa historia», subraya al referirse a «la necesidad de construir memoria y soberanía» desde el museo que dirige, potenciada este año por el 40 aniversario de la guerra.
«Parece una guerra lejana, pero cuando nos depredan el calamar y se llevan más de 187.000 millones de dólares, desde 1983 hasta el año pasado, Malvinas es un presente y un futuro también, tiene que ser una cuestión de Estado, la construcción de una pertenencia, porque también es una realidad económica por ejemplo», indica Esteban.
El museo prepara para el 2 de abril un acto del que participará León Gieco, la muestra de realidad aumentada «Mirar Malvinas», que permitirá recorrer las islas y conocer su historia, y un mural que ya se puede ver del Maradona del ’86, el de la «mano de Dios».
«Si enfocamos sólo en la guerra perdemos el eje de muchas de cosas -advierte el funcionario-: yo fui prisionero en un depósito de YPF, al aeropuerto que aún hoy funciona en Puerto Argentino lo hizo la Fuerza Aérea Argentina y se inauguró con las dos banderas, había un pasaporte que les permitía a los habitantes de las islas entrar al continente con total naturalidad y sin otras documentaciones en los vuelos de LADE, los únicos vuelos que había. El correo era el Correo Argentino, el gas era Gas del Estado. Hay un mundo por contar y por entender para seguir enmarcando la construcción de soberanía».
A su entender, «Malvinas tiene que ser un rescate de lo colectivo, tenemos que trabajar a largo plazo, desde el Estado, una palabra fundamental que es la soberanía, no es solamente la mítica, la retórica del vamos a volver, hay una realidad que marca que tenemos que seguir trabajando».
¿Cómo? «Con visitas escolares al museo por ejemplo, que ya puede visitarse de miércoles a viernes de 11 a 17 y los fines de semana hasta las 18. Eso es muy importante, porque no se puede hablar de lo que no se conoce. Nadie sabe quién fue Vernet, lo que fue el avión de Fitzgerald, los que fueron Los Cóndores. Antes de la usurpación había 150 personas viviendo en las islas, 23 familias, una comandancia, una biblioteca, pianos, toda una vida social con su actividad cultural».

«Se habla de los 40 años de Malvinas -dice-, pero son 502 años del primer avistaje y 189 de la usurpación por ejemplo. Esta es una efeméride importante, porque conmemora a nuestros compañeros caídos que están en el cementerio de Darwin y a los que estuvimos allá y ya estamos grandes, pero lo que tenemos como identidad no alcanza en función de trabajar solo en las efemérides, este aniversario tiene que ser un disparador para poder sentir Malvinas y trabajar para las generaciones venideras».
Este año, Malvinas tiene que ser un reencuentro con su gente, con el barrio, los afectos, porque no tuvimos un abrazo cuando regresamos», sostiene el también periodista, escritor y excombatiente, autor de «Iluminados por el fuego», libro autorreferencial donde recupera la experiencia de jóvenes conscriptos llevados a pelear una guerra declarada por una dictadura en decadencia, llevado al cine en 2005 por Tristán Bauer, hoy ministro de Cultura de la Nación.
«Yo siempre digo -continúa- que cuando volví a mi casa me recibió un perro que ladraba en la oscuridad de la noche, una luz blanca y mi mamá. Mi vieja sabía que volvía porque la llamé justo el día de mi cumpleaños, el 20 de junio, desde un teléfono que me dejó usar un cocinero en Campo de Mayo, adonde llegamos después de estar embarcados cuatro días como prisioneros de guerra en el Canberra. Pero había muchas mamás que no sabían si sus hijos estaban vivos o muertos».
La propuesta para el 2 de abril «es retomar el banderazo del 20 de noviembre que se hizo en 2020, Día de la Soberanía Nacional, cuando a la misma hora en todo el país se conmemoraron los 200 años del primer izamiento del pabellón patrio de nuestras islas Malvinas en 1820 -repasa Esteban-: deseamos que a la misma hora se cante el himno, se ice la bandera y que en cada lugar se homenajee a los compañeros, que se puedan reencontrar con su gente, que el excombatiente vaya a su barrio y que le den ese abrazo que no nos dieron cuando volvimos en el 82. Que haya un reencuentro».
También están trabajando en un libro con poemas sobre las islas desde 1833, pasando por Borges, Yupanqui y Pedroni, hasta los excombatientes, y produciendo un documental con la provincia de Chaco y la Universidad Nacional de la Matanza sobre los excombatientes de los pueblos originarios, «que se hará en qom subtitulado al español» y «se estrenará el 26 de agosto, Día de los Excombatientes de los Pueblos Originarios y del Gaucho Rivero, porque Malvinas es todo el año», dice Esteban.
«Y junto al Teatro Nacional Cervantes y la Universidad de La Defensa Nacional -agrega- estamos trabajando en un certamen de obras de teatro sobre Malvinas y la mujer, no solamente con las que estuvieron en el ’82, sino por ejemplo María la Grande», una cacica tehuelche de comienzos del siglo XIX cuyo poder abarcó prácticamente toda la Patagonia.
«Con la Secretaría de Malvinas tenemos más de 400 propuestas entre obras, muestras y recitales para este año y trabajaremos en un abanico desde lo cultural que vincule a Malvinas y el cine, la música, el teatro, la literatura, el deporte, el arte, la perspectiva de género y la posguerra, con celebraciones como las del Día de los Derechos Soberanos, el 10 de junio, porque también estamos recordando, en esta historia, la tragedia del hundimiento del General Belgrano, que fue un crimen de guerra», concluye Esteban.

Fotos: Raúl Ferrari

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