Un día como hoy murió el actor Pablo Podestá

26 de abril de 1923

Actor dramático, escultor, pintor y músico, fue el menor de los hermanos Podestá, la gran familia artística dirigida por José Podestá (o Pepino el 88), fundadora del teatro criollo.

Aprendió desde niño todos los secretos del circo, lo que lo llevó a ser a los ocho años un mimado del público, que lo adoraba por sus exhibiciones acrobáticas.

Cuando José decidió formar una compañía teatral, Pablo se volvió de lleno a las tablas, y al lograr hacerse un nombre como actor, armó su propia compañía, estrenando en su larga carrera los mejores dramas de Florencio Sánchez, entre otros grandes autores criollos de la época. Quienes tuvieron oportunidad de verlo, aseguran que no tuvo rival en la escena y lo recordaron siempre como el más grande de nuestros actores.

Había nacido en Montevideo el 22 de noviembre de 1875.

Intentar acercarse a la vida de Pablo Podestá nos introduce en un abanico de campos de información que ya nos dan la característica de este gran artista.

La búsqueda y la configuración que se van conformando en el recorrido, permiten considerar a Pablo Podestá, como un ícono del Teatro Argentino.

Y es la perspectiva de su carácter de artista en la que me ubico para la presentación de la siguiente exposición.

A su vez, decir “Podestá”, es recordar que diversos circos ambulantes se trasladaban por el interior y por países vecinos adoptando la modalidad de añadir a los números de pista una segunda parte de carácter teatral. Este complemento confiere a los circos rioplatenses de la época una modalidad peculiar que lo diferencia de los circos “a la europea”. El llamado desde entonces “circo criollo” se caracterizará, precisamente por ser “circo de segunda parte”.

Porque pese a que la estructura de dos partes del “circo criollo” era una herencia de los circos europeos desde el siglo XVIII y que llegó a Buenos Aires en 1834 con el Circo Olímpico de Charles Laforest; lo novedoso y de un profundo valor artístico, fue que los Podestá asimilaron esa técnica como herramienta para un género como el gauchesco, que formaba parte de una búsqueda de nuestra “identidad nacional”.

Hablar de “Los Podestá” es hablar del inicio de un nuevo ciclo que habrá de cumplir la escena nativa más popular. Es a partir de ese momento en que comienzan las posibilidades para que surjan “los artistas criollos” que se han ido formando sobre su práctica y se afirme “la escena nativa”.

Pablo, era el menor de los “Hermanos Podestá”.

A los tres años era el ya “Paulito” el precoz payaso que trabajó con el emprendimiento de la aventura circense de su hermano Pablo.

A los cinco años, en 1880, hacía sus primeras incursiones en la “trouppe” familiar, como equilibrista y acróbata; formando con su hermanos José y Pepe, el trío de trapecistas anunciado como “Los Cóndores del Trapecio”.

Como todo artista hay que comprenderlo en su tiempo.

Un poco de historia: los padres de Pablo Pedro Podestá y María Torterolo eran genoveses. Se conocieron en tierras del Plata en los años 40 del siglo pasado, convivieron unos años y luego se casaron. Fueron naciendo sus hijos: Luis (1847), Pedro (1855), José (1858), Juan Vicente (1861), Graciana (1865) Antonio, Domingo (1868), Amadea (1871) y Cecilio Pablo (1875).

Fue José, quien a los quince años organizó un grupo de aficionados que los domingos por la tarde trabajaban en una cantera, al aire libre, recogiendo las monedas que les daban los vecinos.

José quien años más tarde se destacaría como “Pepino el 88”, payaso con textos que hablaban sobre la actualidad política, y su memorable “Juan Moreira” en el Folletín de Ricardo Gutierrez.

Pero volvamos a los comienzos.

En ese grupo participaban: un primo de los Podestá José Queirolo, Enrique Bozzán (famoso después como el payaso Bozán), el forzudo Federici Arnold y Alejandro Scotti.

En 1878 se anuncia en Montevideo la “Gran Sociedad Juventud Unida, Acrobática, Gimnástica, Bufa, de Equitación y con agregación zoológica, bajo la dirección del distinguido artista oriental José Podestá.

Cuando Pablo tenía nueve años, los Podestá fueron contratados por los hermanos Carlo. Estos estaban a la búsqueda de un actor que pudiera interpretar el personaje del gaucho y, no hallándolo en los artistas europeos del momento, convocan a José Podestá, al que habían admirado en su interpretación de “Pepino el ‘88”. Así fue que José podestá haría su inolvidable interpretación de “Juan Moreira”.

No hay información sobre una participación directa de Pablo en estas representaciones. Sus primeras actuaciones se realizarán con él como acompañante con guitarra.

Su primer personaje fue Ño Bentos, y después iba cubriendo a los actores que se enfermaban o tenían algún inconveniente para asistir a la representación. Los únicos personajes que en la Compañía Podestá-Scotti no se reemplazaban eran el “Juan Moreira” “Pepino el 88” y “Cocoliche”.

Toda su familia de actores pioneros dio el primer paso y el espacio para que el actor argentino pudiera ser quien interpretara los personajes que hasta ese momento venían representando actores extranjeros.

Muchos pasaron por el circo de los Podestá y después formaron sus propias compañías.

Para Pablo, “el circo” era su hábitat natural. Tenía esa “vivencia intransferible“ del artista de circo que debe presentarse cada noche ante un público .

También tuvo la escuela de la observación de la práctica y el oficio llevado adelante por sus hermanos José y Gerónimo. De este último, Gerónimo Bartolomé, también músico, que se destacaría también como actor de carácter, con un “decir” y un modo de “caracterizarse”, tomaría modelos para su conformación de actor.

Sabía qué era “comunicarse” con su público.

Los momentos de tensión “frente al trapecio” que llevaría a ese silencio tenso “expectante” cuando realizaba en escena, fueron trasladados en sus actuaciones a pausas, silencios, tensión dramática que él realizaba magistralmente.

Pablo hizo vibrar al mismo pulso a su público en su interpretación del parlamento final de Don Zoilo, en el drama rural “Barranca Abajo” de Florencio Sánchez, estrenada el 26 de Abril de 1905 en el Teatro Apolo, por la compañía Podestá.

Es entre 1884 y 1930 que tiene su mayor apogeo el “actor nacional” o ”actor popular”.

Y cuando decimos “artista popular” destacamos la permanencia en la memoria colectiva de Pablo Podestá más allá de las situaciones circunstanciales. Artista que interpretó e hizo suyas expresiones de un público popular, directo y emotivo, en esa dinámica de butacas alrededor de la pista circense. Un público que iba a emocionarse y a dejarse llevar. No olvidemos que había una estructura espacial que convocaba a estas representaciones para todo público.

Se reproducía en él la fuerza mediática de este arte del teatro, tan intenso como efímero.

Su público era el público masivo, popular, “marginado” de los espacios de poder.

Pero si tenemos presente su nombre es porque ha sido un artista, en su más completa definición: músico con su violoncello, escultor y dibujante. Llegó a tener en el Teatro Nuevo un pequeño taller. Como escultor, aunque no manejaba más que con intuición ese arte, lograba también rescatar el espíritu observador del artista.

A los 34 años se casa con la joven Olinda Bozán, de 14 años, pese a la negativa de la mamá de Olinda. Esa unión duró solo un mes .Así recuerda esta etapa de su vida quien fuera su mujer: “Lo admiraba a Pablo como lo admiraba todo Buenos Aires. Comencé a presumirle. Estaba embobada. Me parecía algo gigantesco. Me sentía halagada cuando me hablaba, porque me hablaba no como un hombre, sino el ídolo de Buenos Aires. Mi matrimonio duró un mes. Tenía un carácter y terrible. Era muy tosco. Una cosa era el Pablo al que yo admiraba arriba del escenario, y otro ese hombre rudo con el cual me había casado. Yo me había casado con otro hombre, no con aquel que me electrizaba. Yo quería casarme en realidad con los personajes que ese hombre creaba y no con él.”

También su hermano José lo recordará como un niño grande, apasionado por las mujeres y que se enloquecía por el juego. Vehemente en sus instintos. Como así también lo recordará como un “intuitivo genial” que amaba todo lo bello y le apasionaba la música, el canto, la pintura, la escultura y la poesía.

También se sabe que en muchos momentos de su vida cotidiana su temperamento irrumpía con actos de los que después se arrepentiría; como cuando rompió en un arrebato de ira el único ejemplar que existía de la obrita de Florencio Sánchez “El cacique Pichuleo”.

Y otro más crucial, que produciría una separación de la compañía de su hermano José, cuando este había podido a acceder a la anhelada ilusión de tener teatro propio en Buenos Aires. Pablo, llevado por las tantas influencias que lo acompañaban en su vida artística, se dejó convencer de que semejante emprendimiento significaría “ocho años de esclavitud”; lo que produjo la imposibilidad de concretar tal sueño de su hermano Pepe.

Dos años más tarde, en 1906, Pablo le exteriorizaría a José su deseo de independizarse de la “Compañía”, estableciendo por escrito, como “definitiva” esa decisión.

Estas situaciones limitaron la posibilidad de salirse de la tiranía de empresarios y dueños de teatro. Con el tiempo, José recordará estos hechos como quizás uno de los primeros indicios de la enfermedad que luego iría avanzando sobre Pablo: la sífilis.

Estudioso, tenaz en su oficio, dio vida a los más variados personajes, con su presencia fuerte en el escenario, trabajando la “intensidad” de la palabra y por sobre todo del silencio.

También se destacó en sus composiciones caricaturescas en los diferentes sainetes que interpretó. Los procedimientos de comicidad verbal que empleaban eran significativos del “actor popular”; el suo de los apartes, el camelo, la declamación parodiada. Y en sus personajes sus signos fisicos se desarrollaban hasta producir una “deformación extra cotidiana del cuerpo”.

Pablo interpretó obras de género chico hasta el final de su carrera, conjuntamente con otras obras “serias” lo que permite destacar otra de sus cualidades como artista que es su eclecticismo.

Veía el futuro de los actores en el cine, en el que también incursionó como actor en “El Capataz Valderrama” (1917); “Mariano Moreno y la Revolución de Mayo” (1915) y “Tierra Baja” (1913)

Pablo fallece el 26 de abril de 1923, internado en un Sanatorio psiquiátrico de Flores. Pasa sus últimos días afectado por la que se conoce como la tercera fase de la sífilis, enfermedad que Pablo padecía. “Las señales y los síntomas de la última etapa de sífilis incluyen los movimientos coordinadores de músculo, la parálisis, el entumecimiento, la ceguera gradual, y la demencia. Este daño puede ser suficiente grave como para causar la muerte”.

Entre sus últimos delirios, estaba el de querer alambrar Buenos Aires y llenarla de pájaros .Pero en su momentos de lucidez realizaba profundas y extensas conversaciones con quien fuera su médico de cabecera el Doctor Gonzalo Bosch.

Pablo dejó abierta una puerta a otros artistas populares que tendrán su formación esencialmente en la pista circense.

Tiempo después y proveniente de una humilde familia italiana dará sus primeros pasos en el circo Pepe Biondi, pero con una experiencia diametralmente opuesta a la sensación de unidad y familia que tuvo Pablo, ya que Biondi, sufrió maltrataos por quien era el jefe de la compañía: el payaso “Chocolate”, que lo marcó psicológica y físicamente en su vida.

También Pablo Podestá compartió su espacio en el campo de la cultura con otro actor: Florencio Parravicini. A través de diferentes investigaciones nos aparece un Parravicini que se manejaba con la “improvisación” y un Pablo Podestá que poseía una formación más “profesional” con relación al estudio de sus textos y la composición de los personajes. Creaba personajes, entendía el alma y ponía la suya en escena.

A Pablo, a Pepe, a Gerónimo Podestá, a Biondi, a Parravicini, a Olinda Bozán y a otros tantos, debemos esta posibilidad que nos da nuestra humanidad (y que cada día hace más falta en este mundo) de “reírnos con otros”, a pesar de los cachetazos, la censura y la injusticia.

DEJA UNA RESPUESTA