Un día como hoy murió la poetisa Alejandra Pizarnik

 

25 de septiembre

Nacida como Flora Pizarnik el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires, la poeta conocida como Alejandra fue hija de inmigrantes rusos; sus padres, Elías Pizarnik y Rosa Bromiker, se dedicaban al comercio de joyas.

Creció en un barrio de Avellaneda y tuvo una hermana mayor, Myriam. Su infancia fue una etapa complicada, su español tenía un acento europeo y tartamudeaba, además de que padecía de acné y tendía a subir de peso, lo que minó su autoestima.

Posiblemente por dichos problemas, Alejandra Pizarnik comenzó a ingerir anfetaminas y desarrolló una fuerte adicción, lo que le provocó trastornos del sueño, euforia e insomnio. Según los expertos, padecía lo que se conoce como “trastorno límite de la personalidad”.

En 1954 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, toma cursos de Literatura, Periodismo y Filosofía, al tiempo que se instruyó en pintura con Juan Batlle Planas. Se motivó tempranamente por la literatura y por el estudio del inconsciente.

En 1955 publicó su primer libro de poesías, La tierra más ajena, aunque más tarde lo rechazará y prefería olvidarlo, en el que muestra la influencia del bardo francés simbolista Arthur Rimbaud. En su obra refleja sentimientos de melancolía y finitud, según precisa la página sololiteratura.com.

En 1956 publicó La última inocencia, dedicado a León Ostrov, su psicoanalista, de quién, según testimonios, estuvo enamorada. En este libro, la temática de desesperación está constantemente presente.

Alejandra Pizarnik escribió libros poéticos de notoria sensibilidad e inquietud formal, marcada por una insinuante imaginería; era firmemente apolítica y estaba influenciada en su lirismo por Antonio Porchia.

Estuvo muy relacionada con poetas como Rubén Vela, a quien dedicó el poema Siempre, y Clara Silva, casada con Alberto Zum Felde, a la que ofreció A la espera de la oscuridad. En 1958 publicó Las aventuras perdidas, que lleva una ilustración de Paul Klee.

Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde trabajó para la revista Cuadernos y algunas editoriales francesas; publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé e Yves Bonnefoy.

En la Universidad de La Sorbona realizó estudios de religión y literatura francesa, además entabló amistad con Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, siendo este último el prologuista de su cuarto poemario, Árbol de Diana (1962), en el que refleja su madurez como autora.

En 1964 regresó a Buenos Aires y publicó Los trabajos y las noches (1965), con el que obtuvo el Primer Premio Municipal. Sus tendencias obsesivas se agudizaron hacia el final de su vida y publicó Extracción de la piedra de la locura (1968).

Le sobrevino una etapa de marcada melancolía y la sombra de la locura desquició sus últimos años. En 1969 recibió la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 la Fullbright. Escribió en prosa La condesa sangrienta y El infierno musical (1971).

Por ese tiempo se hizo evidente su interés por el sadismo y la fascinación que ejercía sobre ella. El gusto por lo perverso y lo grotesco fue claro en sus últimos poemas, en los que también afloró veladamente su lesbianismo.

Le gustaba escuchar música de rock a todo volumen durante horas enteras, y se apasionó por Janis Joplin, la cantante de rock americana muerta en 1970, y a quien dedicó un poema publicado en Zona franca.

Alejandra Pizarnik se suicidó el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, con la ingestión de 50 pastillas de un barbitúrico (Seconal) durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su cuadro depresivo.

Dejó como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida: un extenso poemario, así como muchos escritos y relatos cortos surrealistas y alguna novela breve.

 

La última inocencia

 

Partir

en cuerpo y alma

partir.

 

Partir

deshacerse de las miradas

piedras opresoras

que duermen en la garganta.

 

He de partir

no más inercia bajo el sol

no más sangre anonadada

no más formar fila para morir.

 

He de partir

 

Pero arremete, ¡viajera!

 

 

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