Más de 40 expositores en una nueva jornada de debate por la despenalización del aborto

 

CAPITAL FEDERAL- (Página 12) En una jornada intensa, las comisiones escucharon a Norma Cuevas, madre de Ana María Acevedo; al director de la Maternidad Sardá, a Verónica Lozano y al médico norteamericano que formalizó el cuestionadísimo concepto de “síndrome posaborto”, entre otros.

El quinto día, ante diputadas y diputadas se desplegó la vida real. La de ayer, en el plenario de comisiones que busca dictaminar sobre aborto legal, fue una jornada extensa, con más de cuarenta expositores, nuevamente intercalados a favor y en contra tanto a la mañana como a la tarde. Los oradores presentaron argumentos pero también datos y experiencias de la vida cotidiana comprobables, con nombre y apellido (como el de Ana María Acevedo), en el caso de quienes respaldan la modificación del Código Penal, y de información con fuentes dudosas, afirmaciones legales no siempre respaldadas, videos cruentos que intentaban el impacto, por el lado de los antiderechos, que tuvieron como invitado estrella a Vincent Rue, el psicoterapista norteamericano que formalizó el cuestionadísimo concepto de “síndrome posaborto” y que hoy brindará una “conferencia-debate” en la Universidad Católica Argentina, ayer fuertemente representada en la lista de oradores. Todo, además, sazonado con sorpresas, como las visitas a la sala del plenario del periodista Jorge Rial, una de sus hijas y su pareja, y la actriz Florencia Peña, quienes estaban en el edificio del Anexo de Diputados por una actividad sobre trombofilia.

Norma Cuevas, la madre de Ana María Acevedo (la joven santafesina muerta porque el sistema de salud le negó un aborto que, de habérsele practicado, podría haber permitido que ella se sometiera al tratamiento para el cáncer que le habían descubierto), repasó cómo las negativas del hospital público y las presiones de integrantes de la Iglesia terminaron en la muerte de su hija. Carmen Storani –directora bonaerense de Salud comunitaria, entornos saludables y no violentos– contó cómo el sistema público de salud maltrata a las mujeres que acceden a las interrupciones del embarazo avaladas por la ley, aun cuando esas prácticas se hagan en cumplimiento del Protocolo dictado por el ministerio de Salud (ver aparte), que, por lo demás, otra expositora, la médica antivacunas Chinda Brandolino, refirió como “el manual del crimen del aborto”.

Por su parte, el director de la maternidad Sardá, Eduardo Valenti, presentó algunos resultados de una encuesta –inédita hasta fines de esta semana–realizada entre tocoginecólogos, según la cual “dos de cada tres tocoginecólogos están de acuerdo con la despenalización del aborto”. El plenario también estuvo en sintonía con lo que, desde hace algunas semanas, viene sucediendo en términos de debate público: no sólo contó con la participación de una figura mediática conocida, en apoyo de la legalización (Verónica Lozano, quien habló en tanto psicóloga y entrevistadora), sino también con la intervención de alguien que dio cuenta de cómo, a partir de haber acompañado a mujeres a abortar y conocer sus experiencias al respecto en los barrios populares, cambió de idea y ahora reclama la legalización, como contó la actual legisladora porteña Victoria Montenegro. Hubo, también, momentos de tensión para los sectores antiderechos, como el intento frustrado de una de las oradoras –María Simone de Grimaux, del Centro de Investigaciones de Ecología Social– de repartir muñequitos de El Bebito, o el comienzo de la intervención de Juan José Sebreli, quien señaló que, aun cuando no buscaba equiparar a un feto con una mosca, “un feto es una larva” y no puede ser considerado persona porque “no tiene conciencia, no tiene autonomía”.

“Soy Norma, mamá de Ana María Acevedo, la chica que me mataron en Santa Fe, en el hospital Iturraspe”, dijo Cuevas con su voz aguda al llegar al atril. Tenía un pañuelo verde atado en la muñeca derecha y una remera blanca que, en la espalda, pedía “justicia para Ana”. En la otra punta de la sala, sentado entre los periodistas, la escuchaba su marido, Aroldo, que llevaba en una bolsa cartulinas manuscritas que le impidieron desplegar. Cuevas narró –una vez más– la historia que terminó con la muerte de su hija: cómo en un hospital no quisieron ligarle las trompas, cómo una consulta por dolor de muelas halló el comienzo de cáncer, cómo en el hospital le negaron el aborto que pidió para poder someterse a quimioterapia. Los médicos “querían dejar el embarazo porque me querían dar a los dos vivos”, contó ante el plenario Cuevas, quien añadió que su hija “tenía tres hijitos para cuidar”. A los seis meses, le hicieron una cesárea, recordó, y desde entonces los médicos “la abandonaron directamente del todo”. “Se iban a la cama donde estaba mi hija los curas”, dijo, mientras mostraba fotos de su hija y pedía la legalización del aborto para que “a ninguna otra mujeres les pase lo que le pasó a mi hija”. “Que los curas no se metan en la vida de las personas –reclamó–. A mí me trataron de asesina, que quise matar una criatura. No era una criatura, quise evitar un embarazo. El cura de Reconquista me trató de asesina, y para mí él es el asesino, porque en vez de matar a una mató a dos personas, y ahora cayó preso porque violaba a las criaturas”.

DEJA UNA RESPUESTA