General Cerri festeja su aniversario reabriendo un cine

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BAHIA BLANCA- Un cine que fue cerrado en 1978 será reabierto el domingo próximo, en el marco de los festejos por el 136 aniversario de la fundación de la localidad de General Daniel Cerri, próxima a Bahía Blanca.
La reapertura servirá para rendirle homenaje a los familiares directos de José Voglino, de nacionalidad italiana y propietario del lugar.
Se trata del tradicional Cine Voglino que funcionó desde 1920 a 1975 y dejó de funcionar en 1979 en una casona ubicada sobre la calle Belgrano y Rodríguez Peña de General Cerri.
En ese marco, las autoridades del Instituto Cultural de Bahía Blanca homenajearán a Héctor Voglino, de 80 años, nieto del primer y único dueño del cine que funcionó en dicha localidad.
La reapertura que será sólo el domingo se llevará a cabo desde las 16 con la película para los más chicos «Las asombrosas aventuras de Zamba en el Cabildo» y tras ello la proyección de un corto.
El director del Instituto Cultural, Sergio Reimundi, dijo a Télam que «para los menores se va a proyectar parte de un ciclo de dibujos animados sobre la historia argentina creado desde Pakapaka y el canal Encuentro».
«A las 18 vamos a proyectar un corto documental sobre las historias barriales de Cerri con entrevistas a vecinos, entre ellos a Héctor Voglino, a quien vamos a homenajear», agregó.
Reimundi comentó que «nos pareció que el mejor homenaje era abrir la casona donde se encuentra el cine y en la que vive Héctor Voglino».
El cine funcionaba en el bar «Il pícolo Monferrato», donde a partir de 1920 Voglino comenzó a proyectar las primeras imágenes.
Es que además de bar funcionaba como restaurante, café y hasta billar y ofrecía el servicio cinematográfico con el fin de que los inmigrantes pudieran llevar sus cajas vistas con diapositivas de sus pueblos o familias.
En un comienzo se proyectaban películas de cine mudo por intermedio de una máquina a manivela que hacía girar la cinta debido a que no había llegado la energía eléctrica.
Posteriormente, la familia Voglino adquirió un motor diesel que conectaba a dos proyectores Gaumont, fabricados en París y que aún funcionan.
El salón tuvo sillas con enrejado, bancos de iglesia, butacas de madera y, por último, asientos revestidos en cuerina con patas forjadas en hierro.
El cine que abría los jueves, sábados y domingos tenía una capacidad para 200 personas, que podía extenderse con sillas extras a 240 en funciones taquilleras como fueron «La Guerra Gaucha», «La Casa Grande», «Los isleros» o «Cuando los duendes cazan perdices».
El próximo domingo los vecinos de la localidad, con nostalgia y hasta lágrimas en muchos de ellos, regresarán a la casona, lugar donde de chicos, junto con sus padres y abuelos disfrutaron del séptimo arte.