El balotaje dejó un país definidamente divido que quieren dos países totalmente distintos

BUENOS AIRES- En este marco, nunca fue tan definitoria una elección presidencial argentina. Tal vez habría que remontarse al primer radicalismo que llevó al poder a Hipólito Yrigoyen en su lucha contra los conservadores, o al primer peronismo que inició el camino de la industrialización contra la primarización y el anclaje agroexportador.

En este balotaje se perfilaron estos dos históricos modelos: uno, el del Frente para la Victoria, que planteó la defensa del mercado interno y la reindustrialización, la creación de fuentes de trabajo, la inclusión social, la conquista de derechos como el matrimonio igualitario o la identidad de género, la extensión de la educación pública en todos los niveles y las relaciones estratégicas con el resto de las naciones latinoamericanas

En estos 12 años se avanzó en ese modelo, se nacionalizaron las empresas estratégicas que habían sido privatizadas y se buscó la soberanía energética, se alcanzó el desendeudamiento con el FMI y otros grupos financieros, se redujo la desocupación a poco menos del 5 por ciento y bajó la pobreza y la indigencia a límites inéditos, entre otros logros, como los juicios a los genocidas, la revalorización de la política y la Asignación Universal por Hijo.

Este modelo tuvo avances, retrocesos y contradicciones, pero los objetivos alcanzados tuvieron como punto central la inclusión social en base a las premisas mencionadas.

El exiguo porcentaje que separa a Macri de Daniel Scioli, 3,44 con casi el 97 por ciento de las mesas escrutadas refleja la realidad de un modelo de gestión que pierde por escasa diferencia tras 12 años de gobierno, que llega a su término con un 50 por ciento de aprobación a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y esto, seguramente, será un punto a tener en cuenta por el futuro mandatario.

El modelo que impulsa el macrismo, que se impuso en esta elección a modo de restauración conservadora, se presenta como opuesto al del actual gobierno.

Los economistas de Macri fueron claros en ese sentido durante la campaña: afirmaron que es necesario un fuerte ajuste, por las buenas o por las malas, liberar importaciones y hasta un dólar oficial a 15 o 16 pesos.

El triunfo de quienes impulsan este modelo abre un gran interrogante: ¿los votantes que llevaron a la presidencia a Macri adhieren cabalmente a estas medidas que en su momento, y en otra circunstancia histórica, terminó con la explosión de diciembre de 2001? O, por el contrario ¿adhirieron solo a las campañas mediáticas que hacían eje en «la brecha», la repetición de las cadenas nacionales y la no confrontación entre los argentinos, creando una subjetividad que conspira, incluso contra sus propios intereses?

Habría que volver al viejo concepto de «conciencia en sí» y «para sí», esto es actuar en contra de los intereses propios -«conciencia en sí»- o en defensa propia -«conciencia para sí».

Está claro que la población que votó a Daniel Scioli tuvo en claro los mensajes concretos del Frente para la Victoria, pero los votantes de Cambiemos, la gran mayoría perteneciente a la clase media y una parte importante de trabajadores -incluso jubilados que se beneficiaron con los dos aumentos anuales o que ingresaron al sistema previsional sin haber aportado- ¿se quedaron solamente con el hábil mensaje elaborado por Jaime Durán Barba, esto es «necesitamos un cambio», sin precisar demasiado la dirección?

Por otra parte, sería necesario tener en cuenta si cuando se retiran los grandes líderes populares que fundaron el modelo -Néstor y Cristina- y tuvieron la confianza de las grandes mayorías, incluidos los votantes opositores, sin reemplazos evidentes, pesan más los mensajes publicitarios y la política electoral de mercado.

Seguramente, todo esto será motivo de análisis en el marco de una coyuntura donde la relación de fuerzas futura entre el proyecto que ahora llega al gobierno, y del Frente para la Victoria, que será oposición a partir del 10 de diciembre, definirán el rumbo de la Argentina.

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