Llegó al cine “Habi, la extranjera”

 

BUENOS AIRES- La actriz Martina Juncadella se luce en su primer papel protagónico en “Habi, la extranjera”, una película de María Florencia Alvarez que se estrena mañana en salas locales y en la que interpreta a una joven provinciana que experimenta un crecimiento humano y espiritual a partir de su contacto casual con la religión y la cultura islámicas.

“No tenía ningún prejuicio previo con el Islam, siempre había escuchado cosas pero nunca había conocido a ningún musulmán antes de esta película. Me llevé una experiencia muy buena, me sentí muy cómoda con ellos y sentí un profundo respeto hacia sus costumbres”, destacó la intérprete

En esta historia de iniciación y búsqueda de la identidad, Juncadella encarna a Analía, una chica ingenua que viaja a Buenos Aires para repartir unas artesanías de su madre, pero llega por error a un velatorio musulmán y allí queda subyugada por los ritos, los rezos y sobre todo por el mensaje de solidaridad y amor al prójimo que expresan sus asistentes.

Fascinada por esta cultura milenaria, y sin saber muy bien por qué lo hace, esta veinteañera decide no regresar a su provincia, alquila una habitación en una pensión, adopta un nombre falso (se hace llamar HabibaRafat) y comienza a involucrarse en el estudio y la práctica del islamismo.

La actriz de “Abrir puertas y ventanas”, “Encarnación” y “Excursiones”, entre otros filmes, recordó que “escuchaba los por qué de que las mujeres usan velo y creo que desde Occidente hay ciertas cosas que no son fáciles de comprender. Y creo que deberíamos empezar desde el entendimiento un acercamiento entre las religiones y las culturas”.

En ese sentido, agregó que “el velo lejos de ser experimentado como una opresión a la femineidad es algo que resguarda y protege a la mujer. Como búsqueda estética también es muy lindo que Analía se empieza a sentir más femenina y dueña de sí a partir del uso del velo. Yo sentía que el velo me daba mucho poder para elegir a quién mirar y quién querés que te mire”.

Por otra parte, la actriz sostuvo que “la primera escena del rezo en la mezquita es la más linda de la película, porque es la que la conecta por primera vez con su espiritualidad. Ahí ella toma conciencia de sí misma. Y además, fue algo que a mi me ayudó mucho como persona”.

En relación a su primer papel protagónico en cine, Juncadella recordó que “al principio sentía nervios y responsabilidad de llevar toda la película adelante. Pero después ya en los ensayos y al comienzo del rodaje eso se fue disipando. Trabajé codo a codo con Florencia, porque tenía un poco de vértigo de que toda la película se narrara a partir del punto de vista de mi personaje”.

Poco antes de partir de gira por Holanda y Suiza con la obra teatral “La laguna”, de Agostina López, en la que comparte cartel con Germán De Silva y Denise Groesman, la actriz señaló que ensayó mucho antes del filme, “sobre todo quién es Analía, de dónde viene y más que nada su manera de ser, porque se maneja de manera muy intuitiva y tenía que ser como un impacto su llegada a la ciudad”.

“Trabajé mucho cómo caminaba y se movía, y el tema de su acento entrerriano. Ensayábamos mucho las escenas con el texto, pero especialmente nos interesaba mostrar cómo se iba transformando, qué le iba sucediendo en relación al Islam y a ella misma”, añadió Juncadella, que aprendió mucho fijando las experiencias que le produjeron sus primeros contactos con la comunidad musulmana.

Sin embargo, la actriz resaltó que “nunca hubo un exceso de racionalización para fijar algo estrictamente. Todo el tiempo estábamos probando y trabajando en el proceso. Eso me hizo bien para entender que uno nunca puede contralar todo en la actuación, sino que hay algo que surge y se expresa solo. Se trata de entregarse y confiar en el trabajo”.

En relación al crecimiento interior que experimenta Analía, quien pasa de ser una joven aniñada y dubitativa a convertirse en una mujer con capacidad de decidir por ella misma, Juncadella explicó que “ella aprende al final que no tiene que huir de sí misma para aprender a vivir su propia vida. Va construyendo sin mucha presión ni ansiedad, disfrutando de cada paso que da. Y es eso lo que la hace crecer”.

“La película no cuenta su pasado ni nada, pero sí nos plantea una edad en la que uno necesita tomar distancia de donde viene. Porque ella viene de un entorno donde todos le dicen cómo tiene que ser. Ella siente la necesidad de salirse de ahí y encontrar su propio lugar, de salir de ese espacio de ingenuidad donde había sido puesta por su madre y su contexto social”, redondeó.