Mariana Arruti estrena una película inspirada en la extraña muerte de su padre

BUENOS AIRES- Por Claudio D. Minghetti-  La autora de «Trelew» y «D-Humanos» aborda una historia que la toca muy de cerca, la de su padre Juan Arruti, dirigente gremial de la UOCRA que en septiembre de 1973 apareció muerto en circunstancias poco claras, delante de un paso ferroviario.

Juan Arruti, de militancia comunista, era conocido por su firmeza y oratoria ya en su pueblo, Monte Hermoso, donde su hija Mariana creció sin él, y con la certeza consensuada por todos, incluso familiares y amigos, de que la suya fue una muerte accidental, y así lo creyó hasta que, poco a poco, las dudas fueron muchas más que las certezas, y finalmente surgió esta reflexión documental.

Aquella definición oficializada acerca del deceso era todo lo que escucho a su alrededor: «Una frase que no portaba detalles, que no me decía nada, que no me explicaba ni el cómo ni el porqué, y que se iba haciendo carne dentro del silencio familiar que envolvía la vida de todos los días», asegura la antropóloga y documentalista que se vale del cine para encontrar una respuesta.

Acerca de esa comunión de silencio alrededor suyo que se extendió por casi cuatro décadas, la cineasta se propone romperlo con verdades. «Un silencio -dice- que también se fue consolidando dentro de mí cuando el entorno familiar y social de aquel entonces, que nunca más volvió a hablarme de él, me iba enseñando a no preguntar más», recuerda, satisfecha por tantas revelaciones.

En diálogo con Télam, Arruti relaciona la ficción que en principio se tejió alrededor de la conocida como «masacre de Trelew» con la que en un pueblo chico se armó con respecto a uno de sus vecinos comprometido con la política en los tiempos difíciles en el que todavía en democracia el Estado comenzó a incorporar al terrorismo como un instrumento represivo.

Télam: ¿Qué fue lo que motivó ésta búsqueda?

MA: La película refleja un viaje mío personal reales a los lugares donde mi papá creció, vivió y militó, y a la vez uno interior con la intención de desentrañar y comprender también los silencios y ocultamientos de esos años, el modo en que cada uno de los integrantes de una familia y un entorno social cercano se paró frente a la muerte de alguien, a su pasado.

T: ¿Llegaste a alguna conclusión?

MA: Creo que mi película deja muchos hilos sueltos, plantea la idea de llevar al espectador de la mano en una búsqueda y también lo que significa soportar convivir con muchas cosas que quedan sueltas, no obstante lo que no queda suelto, tanto en lo real como el cinematográfico es quién fue Juan, cómo se empieza a recomponer, no solamente aquellos silencios de una familia y un sector social, sino cómo se fue invisibilizando la existencia de mi papá.

T: ¿Cómo enfrentaste el desafío?

MA: El relato tiene dos lineas, una la del silencio y el ocultamiento, la otra la biográfíca. Me parece que esto no me pertenece solamente a mi, sino un poco a todos. Todavía faltan muchas palabras por ponerle, deben haber centenares de familias que todavía tienen que contar cosas que no se han dicho y volver a poner sobre la mesa debates que todavía están pospuestos.

T: Hay una marcada diferencia entre un personaje como fue tu padre en su momento y el de muchas posteriores víctimas de la dictadura, en principio porque esto ocurrió en democracia… Algo que parecería una contradicción dentro del partido gobernante por lo visto muy dividido…

MA: En septiembre de ese año, aquella famosa «primavera camporista» que comenzó en mayo ya se había terminado, y en los sucesos de Ezeiza quedó expuesta aquella división, cuando los bandos de la derecha y la izquierda peronistas se enfrentan. Claramente hay dos posicionamientos, y el llamado revolucionario tenía la posibilidad de encontrarse ideológicamente con el de mi papá, lo que lo expuso a enemigos de ese peronismo de derecha, expresado en un sector del sindicalismo.

T: La investigación te permitió exponer alguna prueba de esto que decis…

MA: También en ese sentido la película plantea un periodo de tiempo diferente para poder discutir y debatir. Una solicitada que encontré, publicada un día después de su muerte en Clarín por la derecha peronista, me impactó mucho y por eso la usé. No es una película que se plantee la reconstrucción de archivo o una historicidad de nada, sino que tiene el objetivo bien centrado en trabajar en lo subjetivo, en una historia íntima. Todo lo que no sea entrevistas o reconstrucciones ficcionales, apuntan a eso, pero es evidente que también existe ese momento político que atraviesa todo.

T: En la primera mitad el tema político es solo referencial, en la segunda toma cuerpo…

MA: Uno de los objetivos que tuve era no plantear el tema político de movida, pintar a mi papá como un militante, porque lo que a mí me motoriza en la búsqueda es la pérdida de un papá, poder llegar a cualquier persona del mundo que pierde un padre en su niñez, que lo añora toda la vida, del que no recuerda nada, del cual no se habló en la familia. En la primera parte me pareció interesante plantear la intriga de porqué el silencio, algo que se cierra en el final con la niñera que me cuidaba cuando era chica, que ayuda a desentrañar un poco lo que ocurrió.

T: ¿Trataste de que lo político no contamine lo emotivo?

MA: Me interesaba convocar al espectador desde esa pérdida, desde ese dolor y cómo ese dolor motoriza a buscar recuerdos y en medio de ese viaje nos encontramos con quién era ese sujeto.

T: Tuviste testimonios reveladores…

MA: Uno de los testimonios que no pude finalmente tener para la película fue el del foguista, que me dijo que nunca hubo un tren que atropellara a mi papá, y que no podía acordarse de ese caso porque en esa época aparecían muchos cadáveres al lado de las vías «¿Qué íbamos a hacer?», remataba. Me resultó tremendamente fuerte. Hubo un modo previo al del «terrorismo de Estado» puro y duro, incluso pienso que «Trelew» fue un punto de inflexión en ese sentido, En Trelew también hubo una versión oficial, y nunca lo había pensado con tanta claridad como ahora.

T: Hay momentos ficcionados, incluso en Súper 8…

MA: La ficción me hacía falta porque necesitaba reconstruir ese vínculo imaginado entre mi padre y yo de mi niñez, que es el momento que compartimos, y creo que logramos imágenes muy hermosas, gracias a la fotografía de y a la música de Bernardo Baraj, que ya había trabajado conmigo en «Trelew».

 

 

 

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