Scioli, el kirchnerista

Por RODY RODRIGUEZ.

Desde hace tiempo, desde distintos sectores, intentan captar a Daniel Scioli para que se sume a las filas de la oposición. Lo viene haciendo insistentemente Clarín, lo hace Mauricio Macri pidiéndole que abandone al kirchenismo, se lo pide el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota y hasta el propio Francisco de Narváez.

 

Scioli, poco afecto a las declaraciones fuertes, prefiere el silencio y con él, mitigar el clima de enfrentamiento con la Casa Rosada, que en su punto más tórrido puso en riesgo el pago de los aguinaldos de los trabajadores bonaerenses.
Lo que no hace Scioli, pero podría hacerlo mejor que nadie, es decir que no puede irse del kirchnerismo porque él es el kirchnerismo.

Tiene argumentos de peso para sostener esa afirmación, si es que lo desea o lo siente.

Scioli puede decir que él es el kirchnerismo porqué apostó a Néstor Kirchner cuando sólo el 6 % de la ciudadanía conocía al santacruceño y aceptó ser su compañero de fórmula en el 2003, luego de que una larga lista de dirigentes se negaran a hacerlo.

Scioli puede dar fe de su pertenencia K por haber acompañado como vicepresidente de la Nación a Kirchner cuando muchos de los que hoy son ultrakirchneristas estaban en la vereda de enfrente.

Puede hablar de su lealtad, cuando habiendo trabajado en la construcción de un sólido espacio político en la Capital, aceptó el desafío propuesto por el entonces presidente de la Nación, y cruzó la General Paz para convertirse en exitoso candidato a gobernador, junto al que luego se convirtió en su gran amigo, Alberto Balestrini, como candidato a vice.

Scioli repite hasta al hartazgo que es leal. Pero no explica esa lealtad, no le da contenido. Esa lealtad, entonces, puede resultar comparable a la de una mascota.

Sin embargo Scioli puede decir que es leal, no por la lealtad entendida como sumisión, si no por convicción y dar como mayor ejemplo el 2009, en plena crisis con el campo, cuando su figura era la elegida por todo el arco opositor para terminar de “voltear” al gobierno de Cristina Kirchner. Era el traidor que necesitaban De Narváez, Héctor Magnetto, Eduardo Duhalde, la Sociedad Rural. El gobernador no solo no traicionó si no que además acompañó a Néstor Kirchner en las listas de diputados, en la recordada (y derrotada) nómina de testimoniales.

 

Scioli dio señales claras de pertenencia cuando encaramado en lo más alto de la consideración popular para reelegir como gobernador, aceptó sin reparos al compañero de fórmula y a casi todos los candidatos a legisladores que decidió la presidenta.

Son mucho más lo ejemplos en lo que Daniel Scioli puede decir “no me puedo ir del kirchnerismo, por que yo soy el kirchnerismo”, sin embargo, evita las estridencias, las declaraciones fuertes, o como dice un comentarista de futbol amante de la política “por ahora prefiere seguir jugando en La Ñata y no en cancha grande”.