Verbitsky: «Las consecuencias de la guerra contra las drogas son mucho más nocivas que las drogas»

CAPITAL FEDERAL- Lo aseguró el titular del Centro de Estudios Legales y Sociales, Horacio Verbitsky, y reclamó “pasar de la represión a formas de regulación y control” al disertar en un seminario internacional que se desarrolla en la Universidad Di Tella.

“Desde el CELS, como organismo de derechos humanos, queremos reflexionar y debatir porque no tenemos la menor duda de que las consecuencias de la guerra a las drogas son mucho más nocivas que las consecuencias de las drogas”, afirmó durante el seminario internacional “Drogas: de la prohibición a la regulación” que, organizado por el CELS y la Universidad Torcuato Di Tella se extenderá hasta hoy con la disertación de más de 15 expertos internacionales.

Para el Centro, el modelo que plantea la persecución de la producción, comercio y consumo de ciertas sustancias psicoactivas favorece la militarización de la sociedad, políticas de mano dura que afectan a los más vulnerables, la corrupción policial y la criminalización del consumo, sin afectar a las organizaciones que dominan el tráfico de sustancias prohibidas.

“Este paradigma es responsable del encarcelamiento masivo de personas cuya responsabilidad en el tráfico es nulo, del desplazamiento de centenares de miles de personas, la reaparición de la tortura sistemática o de la desaparición forzada de personas”, agregó al referirse al impacto en los sistemas de seguridad, justicia y régimen penitenciario.

De hecho, según el organismo, “casi un tercio de la población encarcelada lo está por delitos no violentos relacionados con las drogas”.

Pero el periodista fue aún más allá al asegurar que “la asociación droga-delito en la Argentina nunca ha sido demostrada empíricamente y un estudio a fondo la refutaría”.

Verbitsky, para quien la puesta en discusión del modelo de guerra a las drogas “es fundamental para la democracia», llamó la atención acerca de cómo el fracaso de este programa durante cinco décadas “no ha implicado un cambio profundo en el discurso estigmatizador, discriminador, punitivista y criminalizador que acompaña al paradigma fracasado”.

“Este paradigma ha sido una construcción cultural exitosa, con justificaciones morales profundamente hipócritas, pero que penetran con mucha profundidad consiguiendo, incluso, que se olvide algo que todo el mundo conoce y que tuvo consecuencias muy parecidas, que es la prohibición del consumo de alcohol hace poco menos de un siglo en Estados Unidos”, dijo.

El también escritor realizó un breve recorrido histórico del derrotero seguido por esta política que parte de “una demonización de la sustancia”, desde su formulación por parte del entonces presidente estadounidense Richard Nixon en 1971, hasta su absoluta vigencia actual en países de oriente y occidente, pasando por el uso que de ella la hicieron las dictaduras latinoamericanas durante los años ’70 y ’80 para “justificar otro tipo de políticas, como la ‘lucha antisubversiva’”.

“Tal como ocurre con algunas políticas económicas del neoliberalismo, cuando se percibe el escaso resultado no se pone en revisión el paradigma que la justifica, sino que se atribuye a insuficiencia de rigor, de perseverancia o de fuerza en su aplicación; y así se lo fortalece”, dijo.

En el caso argentino actual, Verbitsky reconoció que “no ha habido, por parte del Estado, una asunción acrítica del discurso punitivista”, lo que se evidencia en que “Argentina planteó la despenalización en instancias internacionales y recientemente hubo una decisión política de separar la función de la prevención, asistencia y cuidado del consumidor, de la función de la represión del tráfico”.

Por otra parte, advirtió que la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas que se celebrará el año próximo (UNGASS 2016) será “una oportunidad excepcional para la evaluación honesta de éxitos y fracasos” del régimen internacional de control de drogas, y consideró que “no sorprende que sea nuestra región la que levante la voz” para ello, porque “suele cargar con el trabajo sucio para impedir que las sustancias lleguen a Europa y Estados Unidos”.

Por su parte, el director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de UTDT Juan Gabriel Tokatlian afirmó que “hay un discurso ético posible sobre la regulación”.

«Los que estamos convencidos de que la prohibición es un error, un problema, una tragedia que debe ser superada por un paradigma alternativo, humano, sensato, gradual; debemos introducir muy intensamente que la regulación también tiene fundamentos éticos: la autonomía personal, la justicia, el bienestar, la protección del ciudadano», afirmó.