El corcho y su función en el vino

Que tal queridos lectores, hoy quiero aprovechar uno de los tantos correos que me envían, a mi correo electrónico [email protected] y me consultan por los tipos de corchos y que efectos tienen, o si inciden o no en la guarda del vino. Vamos a ir por partes, el corcho moderno que conocemos en la actualidad, fue inventado por el célebre monje Dom Perignon, quien estaba harto que todo su vino se escurriera al no tener una tapa que resistiera a la presión de sus primitivos espumosos, y se le ocurrió tapar sus botellas con un pedazo de la corteza de árbol y así comienza esta historia de los corchos. Primero les cuento que el corcho es nada más y nada menos que la corteza impermeable de un árbol llamado alcornoque, que se extrae aproximadamente cada 9 años en forma manual y en una única pieza cilíndrica. El auténtico corcho (no los tapones de plástico ni las imitaciones de corcho, que son destinados a los vinos más jóvenes) tiene que poseer dos cualidades: flexibilidad e impermeabilidad, son dos rasgos que le permiten adaptarse a la perfección al cuello de la botella y al mismo tiempo la obtura o cierra por completo. Ni una sola de las calidades organoléptica del vino debe escaparse de la botella antes de ser abierta. Y dentro de los corchos hay algunas categorías interesantes que hacen al cuidado del producto por muchos años, siempre y cuando se cuente con las condiciones adecuadas de guarda; el corcho longevo, como les decía, aguanta todos los años que se le echen encima y tampoco sufre frente a los cambios de temperatura. Pero tiene un problema: no es eterno, ya que tres factores externos pueden echar a perder ese maravilloso y caro vino gran reserva que compraron para algún día beberlo; 1) un exceso de sequedad en el ambiente, 2) cuando la botella permanece de pie, en vez de estar acostada y 3) cuando es atacado por ciertas bacterias. En los dos primeros casos es fácil de resolver, ya que teniendo la cava o el lugar de la guarda con un buen clima húmedo y poner la botella en reposo de modo horizontal, solucionamos eso; pero para el tercer caso, es algo complicado, ya que las bacterias producen hongos y en el mayor de los casos, terminan venciendo y echando a perder el vino, dándole un sabor a corcho en el vino, lo que comúnmente decimos «el vino esta encorchado». Los tipos de corcho se establecen como estándar con un diámetro de 24mm y se comprimen hasta 18,5 mm antes de colocarse.

Los que se utilizan generalmente son: corchos largos: son aquellos destinados por los grandes bodegueros y las vinícolas más prestigiadas, para proteger vinos que vayan a envejecer por décadas; corchos cortos: se emplean para vinos jóvenes o con una vida útil mucho más corta; de aglomerado: se realizan con pedazos de alcornoque amalgamados, para vinos normales o algunos espumosos, generalmente tienden a ser más económicos; vinos espumantes o champagne: poseen una parte larga de corcho aglomerado bajo la cual se encolan dos capas de corcho uniforme, es la única parte que entra en contacto con el líquido, su forma de hongo se debe que solo se comprime la base y puede resistir la presión de los vinos espumosos.

Aquí le ponemos el tapón a este artículo, espero haya sido de su agrado, y nos vemos la próxima semana, salud y que viva el vino!

Que Dios reparta suertes para todos…

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