“Tigre” Acosta: en la ESMA hubo “actos de amor y se privilegiaba la vida”

BUENOS AIRES- (Infojus Noticias) El ex capitán Jorge Eduardo Acosta, recordado por sus víctimas y sus subordinados como “El Tigre”, volvió a hacer  una defensa encendida de los crímenes cometidos en la ESMA durante la última dictadura militar. “Nosotros no somos represores, fuimos combatientes”, dijo en un discurso leído rápidamente, el jefe del centro clandestino más temible de la Marina, que  amplió su declaración indagatoria en el tercer juicio oral desde las 9.30 hasta las 14, que continuará el jueves próximo. “Esto es político”, repitió una y otra vez, durante toda su exposición, como un mantra.

“Esto es delito, más que política. Se están juzgando delitos castigados en el Código Penal, tipificados en la época de los hechos”, reflexionó una fuente judicial que hoy siguió el discurso en la sala, visiblemente indignada. Con comparaciones gráficas del Grupo de Tareas 3.3.2 con el general Roca y la Campaña del Desierto y al Ejército Islámico, y alusiones insólitas a la denuncia de Nisman y la causa por los fondos buitres, Acosta rubricó un extenso descargo –que los tres jueces del Tribunal Oral Federal 5 siguieron con elocuentes signos de hastío- que finalizará el jueves próximo y le dará paso a los alegatos.

El “Tigre” declaró estar convencido de que sus días en la cárcel por haber ordenado cientos de secuestros, torturas, asesinatos, violaciones y desapariciones, son el vuelto que un puñado de sobrevivientes de la “guerra civil revolucionaria terrorista trotskista” de la década del ‘70, encaramados en el gobierno desde el año 2003, le están cobrando a él y sus camaradas de la Marina. “El lema de memoria, verdad y justicia es un lema persecutorio. Y la memoria histórica es un oxímoron”, soltó, y agregó que si los estuvieran juzgando los tribunales militares los procesos hubieran sido un 20% más expeditivos. “Justicia militar es el oxímoron”, dijo otra fuente del juicio, que prefirió no dar su nombre para evitar nuevos planteos de los imputados. “Porque en la década del ’80 Alfonsín le dio pie a los tribunales militares, y no procesaron ni a uno solo”, completó.

En la particular visión de Acosta, la etapa de la “guerra civil de las organizaciones terroristas” le dio paso a la actual, de la “guerra revolucionaria gramshiana”, que implica la continuación de la batalla por otros medios, a través del adoctrinamiento ideológico y cultural a través de un aparato de propaganda que están librando “los guerrilleros que atentaron contra la paz en la década del ’70” y los “obligaron” a ellos a torturar y matar por la patria. Y además, el sometimiento del Poder Judicial a través de la “obediencia debida” a llevar adelante juicios que no respetan las garantías procesales.

En su diatriba, Acosta cargó contra el lenguaje jurídico que se incorpora al lenguaje público a medida que avanzan los juicios contra el terrorismo de Estado: “Lesa humanidad”, “genocidio”, “Terrorismo de Estado”. “Es el mismo método que utilizan escolásticamente para construir el relato: la retórica”, dijo el represor, y –sugestivamente- se asemejó a algunas acusaciones de dirigentes políticos opositores.

Cuando habló de una supuesta presión del Poder Ejecutivo sobre el Judicial, recaló sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. “Nisman los denunció: encubrían a los iraníes, y usaron a Esteche y D’Elía como chivos expiatorios”. Y, mezclando todo, presagió que también naufragaría la causa “de los fondos buitres y la deuda externa”.

Dos genocidios

Para graficar las buenas intenciones que animaban a la patota de la ESMA, el represor se remontó a la Campaña del Desierto. “El coronel Conrado Villegas, le propuso al general Roca que en lugar de enfrentarse cara a cara con los indios, prepararan equipos de exploración que sorprendieran a los malones por la noche para reprimir la actividad delictiva o guerrillera de los indígenas”, dijo Acosta. “Así, salvó muchas vidas”. Y cerró con una comparación antológica: “La Fuerza de Tareas 3.3.2, sorprendiendo a los guerrilleros, salvó muchas vidas del suicidio y la pastilla de cianuro. Fue como el coronel Villegas”.

En el pico de su lógica desquiciada, el hombre que solía decirles a los secuestrados, en los tiempos en que dominaba la ESMA, que hablaba con “Jesusito” para decidir si morían o sobrevivían, dijo hoy que en ese lugar los marinos habían cometido “actos de amor”, y que “se privilegiaba la vida”. La afirmación queda desacreditada con sólo observar las estadísticas del campo de concentración: hay muchos más desaparecidos que sobrevivientes.

Sobre el final, el ex capitán hizo un pedido concreto: recusó al fiscal Guillermo Friele porque supuestamente lo había injuriado durante una charla en una universidad. “Lo vi en el blog Semanario Político. El fiscal dijo que el juicio de la ESMA no era igual a ningún otro en la Argentina, que había 750 víctimas y sesenta y pico imputados, entre ellos Astiz y Acosta, que se estaba juzgando a lo peor de la Marina”, explicó Acosta, con un tono indignado. La noticia, detalló, le había sido facilitada por su hermana a través de su defensor oficial. “Es una calumnia e injuria que no podrá ser pasada por alto, más cuando su aseveración no tiene fundamento alguno”, dijo.

“Para evaluar los distintos legajos de concepto se debe contar con las normas para los calificadores. Normas que el fiscal desconoce por completo. Pese a desconocerlas, el señor fiscal ha hablado sobre mi persona como si fuera de mi familia. ¿Qué conoce el señor fiscal de la Armada?”, preguntó el Tigre, visiblemente ofendido. En realidad, la nota que hirió el orgullo del marino era de octubre de 2014, el blog se llama “Semanario Preguntas” –no “Semanario político”- y allí se recogía una charla de Friele ante un auditorio de estudiantes de la escuela de periodismo TEA.

Después, la saga de recursos que se han repetido a lo largo de todo el debate –y que han contribuido, en parte, a que el juicio ya lleve más de dos años- siguió con el defensor oficial de varios represores, Guillermo Fanego. El abogado insistió nuevamente en que la Secretaría de Derechos Humanos no puede ser querellante, porque es un instrumento de “control político” en el juicio, un pedido ya rechazado por el tribunal. Esta vez, Fanego recusó a uno de los miembros del Tribunal, Daniel Obligado, con el argumento de que está concursando un ascenso en el Consejo de la Magistratura. “En el Consejo de la Magistratura ya tuvo un control político, porque en el dictamen le hicieron preguntas referidas a los derechos humanos”, dijo el defensor.