Nieto 121: «Conocer la verdad sobre mi identidad es algo que no cambiaría por nada»

 

CAPITAL FEDERAL- (Página 12) Maximiliano Ruiz, el último nieto recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, expresó que la recuperación de su identidad significa «una sensación de ampliación de vida que da mucha felicidad». «Después del primer impacto, empecé a ver que no había más que bien en lo que me estaba pasando. Siento una felicidad y una gratitud enorme», declaró en diálogo con la agencia Télam, en la primera entrevista que concede a un medio periodístico.

Maximiliano, de 40 años, tiene dos hijos con su pareja María: Mauricio, de 6 años, y Carmela, de 5, a quienes ya les contaron la noticia sobre la identidad de Maximiliano. «Lo hablamos transmitiéndoles la felicidad que sentimos: les dijimos que teníamos una noticia muy feliz para contarles, que yo no había nacido de la panza de la abuela Mónica, que mi mamá había fallecido y que sus abuelos me habían cuidado pero no me habían contado para que no me pusiera triste», relató el nieto 121.

Los padres de Maximiliano eran Ana María Lanzillotto y Domingo «Gringo» Menna, militantes del PRT. Tenían un hijo, Ramiro, que tenía dos años cuando fueron secuestrados, el 19 de julio de 1976. En ese momento, Ana María estaba embarazada de ocho meses. El «Gringo» Menna fue asesinado y Ana María aún permanece desaparecida.

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«En una semana supe quién era, hablé con mis padres (de crianza), conocí a parte de mi familia biológica y pude entender la felicidad de ellos en un encuentro donde nos recibieron a María y a mí con mucho amor y un cuidado muy especial”, narró Maximiliano. Y continuó: “Allí conocí a mi hermano, con quien nos dimos un abrazo muy fuerte y con quien tuve una conexión inmediata».

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El primer encuentro se produjo el 6 de octubre pasado. Hasta entonces, Maximiliano Ruiz, médico de familia egresado de la UBA y que ejerce en simultáneo la homeopatía, estaba abocado plenamente a su profesión, a la docencia en la Universidad Maimónides y a su función de colaborador en la fundación Logosófica, dedicada al conocimiento del hombre a través de la experimentación.

«Me siento identificado con el compromiso de mis padres por el bien de los demás y, a medida que conozco la historia de los dos, y veo cómo fue su vida, me doy cuenta de que yo también, como ellos, trabajo por la suerte de los demás como médico de familia. Equivocados o no, tenían un compromiso con una idea que entendían que estaba bien», manifiesta Maximiliano al analizar la militancia de sus padres.

A fines de mayo, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) se contactó con el joven para comunicarle que producto de una investigación existían dudas sobre su identidad. «El impacto de la llamada me paralizó por un rato porque jamás tuve dudas sobre mi identidad ya que mis padres nunca me habían dicho nada. Se me mezclaron ideas, historias, me di cuenta que no tenía fotografías de mi mamá (de crianza) cuando estaba embarazada y, después de un rato, reaccioné y lo primero que hice fue hablar con ella», repasa.

«Se le pusieron los ojos rojos. Me contó que no podía quedar embarazada y que le pasan el dato de una clínica de Wilde donde se anotaban matrimonios para recibir bebés abandonados», cuenta Maximiliano. El bebé fue anotado el 24 de agosto de 1976 como hijo propio del matrimonio que lo crió. Ese día había sido entregado en una clínica de Wilde por una partera que se encargaba de ubicar hijos de mujeres secuestradas por la dictadura cívico-militar.

El nuevo nieto recuperado afirmó que siente «enorme gratitud» por el «cuidado y la calidez» con que Abuelas de Plaza de Mayo lo contuvo, de la misma manera que reconoce «el respeto» que le brindó la Conadi con cada paso dado en busca de la verdad.

«Una parte de mí empezó a moverse con mucha fuerza pero sin dolor: habiendo nacido en la situación en que nací (en cautiverio), Dios me permitió que naciera, tuve una familia que decidió cuidarme y una familia que me buscó 40 años», explica. «Quiero que, con mi testimonio, sepan lo bien que te tratan en Abuelas, en Conadi y que sepan el trabajo que hacen. Por ahí se anima alguien. Es una manera de ayudar a que den ese pasito», finaliza el nieto 121.

 

 

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