Cayó preso uno de los criminales más crueles de los últimos tiempos

«Popó» Brandán Juárez, líder de los «Doce Apóstoles»,que en marzo de 1996, mató a ocho presos «enemigos» haciendo desaparecer sus cuerpos, volvió tras las rejas luego de ser detenido por policías de la comisaría de William Morris.

por G.A

 

Marcelo «Popó» Bran-dán Juárez,  interceptó un Chevrolet Cruze en el que viajaban dos comerciantes en las cercanías de la Av. Vergara y Paso Morales. Junto con su cómplice, que fue identificado como Gustavo Ferreyra se subieron al auto y los despojaron de todas sus pertenencias y dinero obligándolos a conducir hasta San Miguel. Sin embargo como no estaban conformes con el botín volvieron a las inmediaciones del asalto ya que al ser hostigado uno de los rehenes les confesó que en su negocio, una pañalera, tenía más dinero. Antes de ello se sumó al raid delictivo un segundo auto con un tercer delincuente al cual pasaron a uno de los comerciantes, en tanto Ferreyra y Brandán Juárez volvieron a William Morris.

Sin embargo, como  la policía ya había sido alertada del secuestro por un llamado de un vecino al 911, apenas se acercaron al lugar comenzó una persecusión y tiroteo que se extendió por Hurlingham y culminó en Bella Vista cuando, luego de dejar libre al comerciante, los delincuentes chocaron contra un árbol y fueron  detenidos. El segundo comerciante también había sido liberado ileso. No se supo de inmediato que el detenido era Brandán Juárez por lo cual hasta que se lo identificó permaneció en una celda en la comisaría de William Morris, y luego de que se supo su extrema peligrosidad fue derivado con un fuerte operativo de seguidad a la Unidad 30 de General Alvear,  donde continúa alojado.

El recuerdo de

Sierra Chica

Fue en la Semana Santa de 1996. Fueron ocho días lo que duró el calvario para la jueza, los secretarios judiciales y los tres pastores evangélicos y guar-diacárceles que habían sido tomados como rehenes en el motín de Sierra Chica. 

Pero peor la pasaron los ocho reclusos que fueron asesinados por los Doce Apóstoles. Para que no quedaran huellas de los sangrientos crímenes los cadáveres fueron seccio-nados en los piletones de las duchas del pabellón 12 y las víctimas fueron cocinadas y comidas en estofados y empanadas, en tanto los huesos fueron incinerados en el horno de la panadería de la prisión. No quedó ningún resto.

Por si esto fuera poco para demostrar su ferocidad también jugaron al fútbol en el patio de la prisión con la cabeza de uno de los reclusos asesinados a quien habían matado como un animal. Se trataba de Agapito Lencina y encontró la muerte cuando un interno le disparó en la cabeza, otro lo acuchilló para luego ser asaltado por otros cinco que lo apuñalaron entre todos.

En el 2000 se los enjuició  dentro del penal de Melchor Romero. Fue algo inédito  justificado en el peligro de fuga de los acusados  en el caso de que se los tuviera que trasladar a un Juzgado.  El sistema incluyó un circuito cerrado de televisión que permitía que se comuniquen los presos por un lado y en una sala contigua los jueces y abogados. La mayoría de los acusados se rieron al escuchar la condena de reclusión perpetua. Tenían razón en reírse.  La reclusión fue declara inconstitucional. Así Brandán, el apostol de Fuerte Apache, accedió al beneficio del 2 x 1, y hace cuatro meses la Justicia lo había dejado en libertad.

La perpetuidad para Brandán Juárez duró solo 14 años.