Vuelve el Plan Nacional de Lectura con Natalia Porta López

El ministro de Educación Nicolás Trotta anunció el regreso de un plan que en el pasado llegó a 2.254.721 personas, y que publicó y distribuyó gratuitamente 40.000.000 de ejemplares de cuentos y poemas y más de 15.000.000 de libros en escuelas y espacios no convencionales de todo el país.

La retina tiene memoria y recuerda imágenes que duelen. ¿Quiénes pueden tirar libros a la basura? El gobierno de Mauricio Macri lo hizo. Como si no le hubiera alcanzado con la baja del presupuesto, el ajuste y el cierre de programas educativos, a fines de octubre, el Ministerio de Educación del gobierno saliente, derrotado en las urnas, tiró decenas de cajas con libros educativos realizados por el Estado, entre ellos ediciones del Plan Nacional de Lectura, desmantelado en 2016, y el programa Educación y Memoria. En el patio lateral del Palacio Pizzurno, muchas personas intentaron rescatar algunos de esos libros desechados. La mayoría terminó en el camión de residuos, una metáfora atroz sobre el vaciamiento y la desidia cultural de Cambiemos. El trabajo de reconstrucción –que será complejo- ya está empezando. El ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, anunció que Natalia Porta López será la nueva coordinadora del Plan Nacional de Lectura, durante la apertura del Congreso Pedagógico “La defensa de la Educación Pública en el siglo XXI” en Resistencia (Chaco).

“Como lo acaba de mencionar públicamente el Ministro Trotta ya lo puedo decir: me ofrecieron (juntos, él y Adriana Puiggrós) coordinar el Plan Nacional de Lectura. Acepté”, escribió Porta López, especialista de literatura infantil y autora de Mancala, la historia del amor filial entre un nene, su madre y su padrastro, que incluye temas de desarraigo, la muerte y el resurgir de un amor diferente, libro ilustrado por Daniel Rabanal y editado por Gerbera en 2018. En las redes sociales el anuncio fue celebrado por escritores, editores, docentes, bibliotecarios y gestores culturales, entre los que se destacan Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro, Gabriela Massuh, Franco Vaccarini, Cecilia Szperling, Enzo Maqueira y David Wapner, entre otros. “La lectura es condición de ciudadanía, no se puede vivir en democracia responsablemente sin entender lo que pasa, para eso hay que leer”, planteó la escritora y especialista en formar lectores desde la infancia, una tarea a la que se abocó como directora general de la Fundación Mempo Giardinelli y como coordinadora regional de las provincias del nordeste en el Plan Nacional de Lectura hasta diciembre de 2015.

El Plan Nacional de Lectura –perfectible, como muchas acciones indelegables del Estado- nunca debió dejar de funcionar. Fue creado en 2009 como un programa del Ministerio de Educación, con el objetivo de formar lectoras y lectores en todo el país, como lo establece la ley de Educación 26.206. El programa organizó hasta 2015 –el macrismo lo descartó, como hizo con los libros- talleres de lectura y literatura, trayecto de formación y perfeccionamiento para docentes, apoyo a proyectos institucionales de lectura para fortalecer la presencia de la lectura en las escuelas y promover el encuentro de docentes, estudiantes y la comunidad con el libro y la literatura. En la web del Ministerio de Educación se informa que desde su creación el Plan Nacional de Lectura llegó a 2.254.721 personas, y que ha publicado y distribuido gratuitamente 40.000.000 de ejemplares de cuentos y poemas y más de 15.000.000 de libros en todas las escuelas del país y en espacios no convencionales. Más de un centenar de autores (escritores, ilustradores y artistas) visitaron instituciones educativas para llevar historias, cuentos, lecturas y compartir sus propias experiencias como lectores.

El Plan Nacional de Lectura vuelve de la mano de Porta López (Rafaela, Santa Fe, 1973), que vive hace años en Resistencia, junto a su pareja, el escritor Mempo Giardinelli. ¿Qué políticas podrían fomentar la lectura? “En principio debería revertirse el vaciamiento del Plan Nacional de Lectura, que puede no haber sido perfecto, pero existía y consistía en líneas de trabajo concretas, como la formación de docentes y bibliotecarios mediadores, la organización de encuentros entre estudiantes y autores de todas las edades y en todo el territorio nacional, la edición de textos en tiradas de millones de ejemplares que el mercado no produce. Deberíamos volver a tener datos sobre lectura, es decir, encargar una encuesta nacional periódicamente y sería deseable que se retome la renovación de acervos bibliográficos integrales para las bibliotecas escolares. No se educa sólo con ‘libros de texto’. Es impresionante la lista de políticas públicas de lectura que han sido vaciadas o discontinuadas”, explicó la escritora y especialista en una entrevista.

 

 

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