Lautaro Aragón analiza la dimensión local de las elecciones

Ya en pleno año electoral, el dirigente socialista de Hurlingham, Lautaro Aragón, plantea en este artículo la trascendencia que le da la ciudadanía a las cuestiones locales en las elecciones. Señala que a medida que los Estados provinciales y nacionales se achican, crece el Estado municipal. ¿Cómo reacciona el electorado ante esta nueva relación? Aragón también apunta al tema de la tan mentada autonomía de los municipios. 

LA DIMENSIÓN LOCAL DE LAS ELECCIONES

Por Lautaro Aragón.

Los años impares son años en los que las comunidades toman decisiones colectivas acerca de quiénes serán los responsables de administrar los destinos comunes de aquellos que habitan un territorio. A su vez, se desarrollan diversas estrategias para conquistar el voto de la mayor cantidad de ciudadanos en función de hacerse con semejante responsabilidad. Esta conquista, cada vez menos la desarrollan partidos políticos consolidados, con un programa de gobierno y un marco ideológico fuertemente marcado tal como lo supimos conocer en algún momento de la historia, la crisis de los partidos políticos que le dicen.

No es la idea abordar esa crisis. Me pregunto cómo es que las comunidades que jurídicamente se organizan en municipios afrontan ese proceso electoral en el que deben elegir quién gobernará y se hará cargo de lo público por los próximos cuatro años. Uno tendería a pensar que a medida que el estado municipal absorbe cada vez más tareas, funciones y responsabilidades incrementa la importancia que la ciudadanía le otorga a quién gobierna su municipio, o bien quién pretende hacerlo.

Esto se podría observar en la elección de intendente y concejales, pero por el contrario cada vez con más fuerza vemos que las plataformas electorales de los candidatos a intendente son sus candidatos a presidente. Es decir, lejos de contar con un programa de gobierno, por lo general la centralidad de la propuesta municipal trata de sumar votos a una candidatura presidencial, ya sea para terminar con quien ejerce la primera magistratura, o bien continuar con el rumbo del gobierno nacional en ejercicio.

Esta situación no hace más que alimentar la relación inversamente proporcional entre la cantidad de tareas y responsabilidades que ejercen los estados municipales y la valoración que el electorado otorga a los candidatos locales. Salvo algunas excepciones, por lo general en las elecciones ejecutivas se registran bajos niveles de corte de boleta. Me pregunto qué pasaría si en lugar de cortar la boleta, hubiera que unirla.

Por exposición en los medios masivos de comunicación, por el sistema de representación presidencialista, por una historia caudillesca o bien por la centralidad que la sociedad le otorga a la figura presidencial, terminan acaparando los debates electorales las propuestas, en caso de que las hayan, relacionadas al destino del país y poca importancia se le da al estamento más próximo y cercano del estado que son los municipios.

Ahora bien, un sistema político que probó la efectividad del método de votación en función de constituir grandes bloques de poder, tratando de alinear los distintos niveles de gobierno pintando territorios del mismo color cual fichas del TEG, difícilmente se propondrá cambiarlo. Salvo excepciones como la provincia de Santa Fe, Córdoba, Salta o recientemente Neuquén, el poder político sostiene un método de elección que le otorga mayores posibilidades de conservar su poder y en el peor de los casos disminuirlo lo menos posible.

La oportunidad, mal planteada y debatida en función de la estrategia electoral oficialista, que buscaba implantar la boleta única en papel en la Provincia de Buenos Aires echó por tierra la posibilidad de acercarnos a unas elecciones en donde los debates locales pudieran recuperar, si alguna vez lo tuvieron, la importancia y la centralidad que se merecen. Este método de elección implica una elección particularizada, individualizada de quien elige e invierte la carga de la elección, ya no es el candidato a presidente el que elige el candidato a intendente en la sabana, sino el ciudadano quien tiene la posibilidad de elegir más veces, sobre todo cuando pertenecer a un mismo partido o conformar un mismo frente ya no garantiza una forma particular de gobierno.

En otro orden de cosas, esta situación deja de manifiesto la falta de autonomía municipal. Tema por lo general abordado en relación al orden presupuestario, pero que tiene su arista en lo institucional. La capacidad de los municipios de fijar fechas y formas de votación, es sin duda una deuda pendiente en relación a aumentar los niveles de autonomía municipal. Un municipio que tiene cada vez más responsabilidades, debería tener mayores herramientas para incrementar su autonomía. De este modo, la importancia y la centralidad de la agenda pública podrían estar más relacionada con temas y desafíos del ámbito local.

¿Cuál es entonces el desafío que tenemos por delante?, sin duda es impulsar los debates que ponen en cuestión el futuro de nuestra ciudad. Cada vez más el Estado municipal interviene en cuestiones del día a día, ya sea en cuestiones de seguridad, en el servicio de recolección de residuos, en el menú de los comedores escolares o en la calidad de la atención del servicio de salud por nombrar algunos clásicos. Pero también es quien organiza cómo nos movemos, qué tan fácil o qué tan disfrutable se nos hace la vida cotidiana, dónde podemos divertirnos y qué tan saludable es el hábitat en el que crecen los más pequeños.

Por eso, a medida que se achica el estado nacional y provincial, se agranda el estado municipal, incorporando nuevas demandas, nuevas responsabilidades y afrontando nuevos desafíos. Ya no podemos pensar en un “Estado ABL”, debemos pensar en un estado Municipal abierto, con mayores grados de transparencia, que invite a la ciudadanía a ser parte de decisiones y configurar un nuevo escenario de cogobierno con los ciudadanos y ciudadanas.

En definitiva, este 2019 tendremos la posibilidad de impulsar este tipo de debates, que pongan al Estado municipal como protagonista, y tratar de modificar las centralidades al momento de elegir a quién gobernará Hurlingham, con una mirada puesta en lo local, articulando con las demás instancias de gobierno, pero sin perder la centralidad en los desafíos y oportunidades propios de nuestro distrito.

 

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