Seguimos militando, unidos y organizados

DIA DEL MILITANTE. Por Juan Horacio Zabaleta. (Exclusivo para El Ciudadano GBA) Hace 40 años, un 17 de noviembre de 1972, el General Juan Domingo Perón regresaba a la patria, luego de 17 años de forzado exilio.
Habían pasado muchas cosas en el país, luego del golpe militar que lo derrocara y continuara, una vez más, la película tan nuestra de gobierno democrático con apoyo popular que en el intento de reformar el Estado y poner las herramientas del poder al servicio del pueblo, caía preso de fuerzas convergentes que creaban un clima de vacío primero y luego asestaban un golpe mortal a los sueños de toda la nación.
Los dos gobiernos de Perón habían dado al país un sentido de pertenencia que le había sido robado en la década infame y marchaba, junto con la compañera Evita, a un destino de desarrollo armónico y nacional, que promovía una economía con fuerte intervención estatal, corrigiendo los desajustes del capitalismo y adoptando, hasta en materia internacional, una tercera posición, que lo distinguía del resto de las naciones.
Con grandes líneas directrices que habían hecho posible que los trabajadores pudieran continuar agrupándose en sindicatos, con creación de un sistema de sustitución de importaciones que beneficiaba a la industria y creaba fuentes de trabajo, un sistema de salud que alcanzaba, desde la prevención y la construcción de grandes hospitales, a vastos sectores de la población y hasta con un sentido de la recreación que agrupaba a las familias y le daba sentido a una vida de comunidad.
Perón y sus gobiernos, Evita y sus descamisados, el Peronismo en movimiento y el país en desarrollo era el ideal de una Argentina con vigor, con fuerza, con alegría en el trabajo y con una discusión política novedosa y militante que hacia de cada lugar un espacio para el crecimiento de un movimiento político, social, cultural y económico, de enormes consecuencias presentes y futuras, que tuvo su obra cumbre con la reforma constitucional del 49, adoptando el constitucionalismo social y tomando a la mujer y al hombre argentino como el centro de las políticas y el destinatario final de la obra transformadora.
El golpe del 55 fue la respuesta artera de los grupos económicos y sociales, que vieron un país que iba a comenzar a interpelarlos desde las bases mismas, frustrando sus negocios y hasta sus deseos de una clase ilustrada, que no deseaba ver a los “cabecitas negras” ocupando el lugar reservado para los señores.
El día del militante comienza allí, con el golpe del 55 y con la lucha de tantos y tantas que, desde el miedo y la clandestinidad, volvieron a buscar su dignidad y la del pueblo, aún a costa de sus propias vidas.
Prohibidos, perseguidos, humillados, despojados de sus símbolos como parias en su patria, los militantes seguían resistiendo íntimamente, este nuevo avance de un país para pocos, que debió desterrar de su lenguaje la palabra peronismo, como si fuera posible prohibir la arrolladora voluntad del pueblo.
Ese pueblo tenía ya en Evita una figura que crecía en su alma colectiva y los iluminaba desde la inmortalidad y en Perón al conductor que, desde su forzado exilio, seguía representando la mejor Argentina que había sido construida y que representaba el país en desarrollo, camino hacia su destino de dignidad e independencia.
La democracia no retornó plena hasta la venida del General Perón, ya que su ausencia representaba gobiernos elegidos por el voto pero con el mayor movimiento político fuera del juego democrático.
Los militantes siguieron buscando su retorno aún a costa de ser perseguidos, encarcelados o muertos en el intento.
Su retorno a la Patria fue el deseo de millones y millones y un nuevo y renovado intento de recrear el gobierno de todos, con un sentido nacional que solo el peronismo podía brindar desde el poder.
Cuarenta años después la marcha por un país mejor continúa…
Seguimos militando unidos y organizados para cambiar las cosas y a nuestro gobierno democrático, plural, legítimo, popular y nacional, se le siguen oponiendo fuerzas enormes que desean cambiar la matriz de las decisiones y del camino elegido.
Néstor Kirchner rompió los paradigmas y eligió el camino más arduo para un gobernante, que es el de ejercer desde el poder del pueblo y no de las corporaciones, integrando junto con otros países un polo de desarrollo latinoamericano que plantara las bases de la discusión regional y que independizara al país de los organismos de crédito que lo asfixiaban y que planteara un desarrollo a la “Argentina”, en lo cultural, político, económico y social.
Y hasta su muerte fue una ofrenda a la consecuencia de sus ideas y con ellas, a la todos los argentinos de buena voluntad y en especial a aquellos que menos tienen.
En nombre de todas y de todos Cristina siguió haciendo, desde el dolor y el vacío por su compañero de toda la vida, un gobierno ejemplar y por cuyos hitos más importantes de gestión es respetada y es ya una bandera de lucha que nos obliga a todos a dar lo mejor que tenemos para llevar adelante la tarea que nos toca.
Este 17 de noviembre todos los militantes peronistas hacemos un alto en el camino y recordamos con orgullo a los que dejaron todo por un ideal y volvemos a sentirnos protagonistas de una Argentina que se parece mucho a la que siempre soñamos tener.

El autor es militante del Frente para la Victoria de la Provincia de Buenos Aires y Secretario Administrativo del Senado de la Nación.