La memoria viviente del peronismo

DIA DEL MILITANTE. Por Mario Oporto. (Exclusivo para El Ciudadano GBA). El 17 de noviembre, como es conocido en la efemérides peronista, es el Día de la Militancia en conmemoración del regreso de Perón en 1972. Llegó en al famoso avión de Alitalia, bajo la lluvia, y saludó con los brazos en alto, como ha sido su costumbre. De ese día nos ha quedado su imagen sonriente bajo el paraguas de José Ignacio Rucci, el gesto pensativo de Juan Mauel Abal Medina (padre del actual Jefe de Gabinete) y la mirada vigilante de José López Rega desde un aparente segundo plano.
De ese regreso qué no se dijo. Se habló de que Perón le ganó la pulseada a Lanusse, quien unos meses antes había dicho que no le daba el cuero para volver; y todavía hoy se sigue discutiendo sobre la heterogénea lista de pasajeros de aquel vuelo, una mezcla de dirigentes políticos, héroes deportivos, representantes de la farándula y otros personajes.
Ese día, la militancia, esa comunidad que había crecido durante el exilio de Perón en España, se presentaron por primera vez en las calles de manera masiva. Para la época fue un shock sociológico. ¿De dónde salían? Eran la memoria viviente del peronismo. A la distancia, podemos decir que la militancia peronista nace de una necesidad: la necesidad de hacer sobrevivir al peronismo manteniendo vivas sus ideas.
La militancia es un producto histórico que se da a partir de 1955. Es el fruto clandestino de la resistencia, que se inspira en ausencia de Perón pero más cerca que nunca de su lenguaje. El liderazgo del General no era un asunto de obediencia sino un fenómeno razonado. Es la primera generación de lo que podemos llamar el “peronismo argumental”. La época, el final de una secuencia de dictaduras y democracias proscriptivas, pedía no sólo una fuerza en la calle -que la hubo- sino, también, un discurso. Ese discurso estaba hecho de un resumen del peronismo histórico (de todo eso que el peronismo había hecho por los trabajadores y los desposeídos) y de un pensamiento ideológico que incluía no sólo las banderas partidarias sino también una integración continental que había sido abandonada.
Esa época, que va de fines de los años 50′ a mediados de los ’70 del siglo XX, quizás haya tenido su antecedente en FORJA. Salvando tanto las distancias de volúmen como de producción intelectual, se tratan de generaciones que se enlazan. La tercera gran generación de militantes populares es la actual. Nunca, desde los años ’70 del siglo pasado, se vio una participación tan intensa de la juventud. Se dice que es por la muerte de Néstor Kirchner. Yo diría que más bien es por la vida de Kirchner, en la que miles de jóvenes vieron un coraje para construir y sostener un poder popular que durante varias generaciones no tuvo lugar en la Argentina.
Por decirlo de algún modo, los militantes son esas personas que de pronto “aparecen”. No para hacerse ver, sino para recordarnos que las ideas de la política se sostienen en los escenarios públicos y llevan siempre una dirección definida y antiegoísta. Primer principio del militante popular: no pensar en sí mismo. El objeto de la militancia es siempre un país en el que las banderas personales nunca ocupan el primer lugar.

El autor es Diputado Nacional por el Frente para la Victoria