El lugar del militante no siempre es el lugar de la comodidad

DIA DEL MILITANTE. Por Agustín Rossi. (Exclusivo para El Ciudadano GBA). El regreso de Perón a la patria, fue el sueño del militante cumplido. Sin el despliegue y el esfuerzo colectivo de todos los militantes de esa generación -desde los compañeros de la resistencia hasta la generación de los 70- es muy probable que Perón no hubiera vuelto nunca a la Argentina.
A 40 años de esa fecha, que luego fue consagrada como el Día del Militante, es importante entender lo que significa la militancia. Destacar que es una elección de vida. Es la decisión de elegir desde donde uno se para frente a la vida. Y desde ese lugar actuar con singularidades, como por ejemplo, conjugar todos los verbos en el plural, por que el militante tiene la idea de la construcción colectiva.
Esto significa que más allá de las aspiraciones y expectativas individuales, si no hay un proceso colectivo de construcción de la sociedad, esas expectativas siempre están condicionadas como para poder realizarse. El militante se siente protagonista de una historia que no empieza con uno y que no va a terminar cuando uno termine, sino que uno es parte de un engranaje. De alguna manera esto lo expresó Néstor Kirchner aquel 25 de mayo del 2003, cuando dijo «soy parte de una generación diezmada», y en otro momento de ese discurso aseguró «quiero ser parte de la generación de dirigentes que le devuelvan a los argentinos la movilidad social ascendente». Ese «ser parte» del que hablaba siempre Kirchner también es recobrar ese sentido colectivo.
Pero no siempre fue así. Hubo épocas, como en los 90, donde al militante le cambiaron hasta el nombre, lo rebautizaron con un nombre ligado al mercado: pasó a ser operador. Como un operador de bolsa. Por eso, a los que nos formamos en los coletazos de los 70, como en mi caso, que empecé a militar durante la dictadura y con la recuperación de la democracia, nos atrajo la resignificación del sentido de las palabras de Néstor Kirchner. En el 2002 era el único de todos los candidatos presidenciales que hablaba de los militantes y de la militancia. Y recobramos así el sentido de las palabras y el valor de las acciones.
Por eso no es casual, que el Frente para la Victoria sea la única estructura política con militantes y una de las formaciones políticas más extendida en la Argentina, pese a que gran parte de nuestra militancia juvenil creció en la adversidad, porque nosotros tuvimos una explosión de desarrollo juvenil a partir del debate de la 125. Se acercaron a nuestro espacio político en un momento de debilidad política y como si fuera poco, esa misma generación de jóvenes perdió a su líder, en esa adversidad redoblando la apuesta, multiplicó su accionar militante y ahora se enfrenta a nuevos desafíos.

Menos política entre nosotros, más política con los otros.
Por comodidad, por costumbre y por que es humanamente natural, los militantes hablamos entre nosotros en lugar de confrontar nuestras ideas con el conjunto de la sociedad y que sea la sociedad la que interpele esas ideas.
Obviamente es más fácil convencer a los convencidos que convencer a los escépticos, a los que nos miran con distancia. Ese es un problema que impide crecer y genera una situación de debilidad.
Si la mirada de los militantes es hacia adentro, cuando hacemos mucha política entre nosotros y menos política con los otros, se genera un escenario político adverso, que se traduce en un espacio político en el cual en lugar de construir poder, se disputa poder. Y lo positivo y necesario es recrear un espacio que construya poder, que amplíe las fronteras de nuestro espacio político. Los militantes tenemos que estar permanentemente pensando en sumar. El nosotros es la suma y la multiplicación, las otras dos operaciones aritméticas son negativas, dividen o restan.

Lo ideológicamente correcto
Hay momentos en donde uno tiene que preservar claramente el punto de acumulación política y es necesario evitar la tentación de ser políticamente correcto para tratar de ser siempre ideológicamente correcto.
Esa es una tentación que nos deja siempre en un lugar cómodo que es el lugar del sentido común pero que a veces nos puede desviar claramente del objetivo que estábamos buscando o que tenemos que defender.
La consigna de ser políticamente correcto es practicada permanente por la corporación mediática y los periodistas ligados a esa corporación. Hay una exigencia de ser políticamente correcto. Nuestros militantes deben evitar esa tentación, sabiendo que no siempre el lugar del militante es el lugar de la comodidad y que hay un objetivo superior, que es el de defender siempre las mismas ideas, valores y convicciones, aun cuando no siempre esas ideas, esos valores, cuentan con los mismos grados de adhesión en el conjunto de la sociedad.
El autor es Diputado Nacional. Presidente del Bloque del Frente para la Victoria.