Eduardo Sacheri se aleja del fútbol en «Ser feliz era esto»

BUENOS AIRES- La novela que desde su lanzamiento encabeza las listas de libros más vendidos del país, pero con tiempo de descuento para que se defina la Copa del Mundo, dice que espera «con cautela» el partido de mañana, aunque le «encantaría que Argentina bailara a los alemanes».

En pleno rodaje de «Papeles en el viento», la película que por estos días dirige Juan Taratuto, y con su nuevo éxito rumbo a reimpresión -los 15 mil ejemplares que Alfaguara publicó en junio amenazan con agotarse- Sacheri hace algunas reflexiones futboleras antes de abordar su nueva incursión literaria, donde narra el encuentro de un padre con una hija.

«Mañana me encantaría bailar a los alemanes, pero los que más o menos conocemos sobre esto tenemos un entusiasmo contenido porque sabemos que es un partido dificilísimo», sostiene con voz pausada y grave al teléfono este escritor que, en torno a lo futbolístico y las pasiones lectoras que despierta, puede ser considerado heredero de Fontanarrosa.

«Argentina tuvo una evolución gradual, con un equipo más consolidado y solidario que apareció a lo largo de todos los partidos y eso sí que nos sorprendió a todos», repasó el autor de «La vida que pensamos», la antología que el año pasado incluyó inéditos y clásicos como «Esperándolo a Tito» y que por estos días está próxima a desembarcar en España.

Pero su última novela no habla de fútbol, Sacheri se mete en la piel de una chica de 14 años y desde ahí construye el relato y la relación de Lucas -un exitoso escritor que no sabía que era padre- y Sofía, la niña que llega de Villa Gesell hasta su casa en Morón a contarle que es su hija y que su madre acaba de morirse.

«Tenía ganas de enfrentar el desafío de pensar la historia desde una adolescente porque quería abandonar mis zonas seguras como escritor, por eso traté de ponerme en la voz de una mujer joven», explica quien encontró mucho de esa voz en sus propios hijos y en la de los alumnos que tiene como profesor de historia en las escuelas secundarias bonaerenses donde dicta clases.

A su entender, se trata de «una historia pequeñita, con pocos personajes, que va hacia dónde va Sofía, porque lo que sabemos o ignoramos es lo que ella sabe o ignora», dice sobre esta novela que también está atravesada por reflexiones de lo que crianza y maternidad significan culturalmente, a partir del personaje de Lucas y de figuras femeninas alejadas de estereotipos familiares.

Fabiana, por ejemplo, es una profesional exitosa que se contrapone al perfil apagado y poco ambicioso de Lucas, su marido, y encuentra más goce fuera que dentro de casa; mientras que Sacheri va poblando estas páginas de madres con poca noción de cuidado o  mujeres sin experiencia capaces de ocupar roles de casi maternales.

«Son cosas que pasan y está bueno verlas -sostiene el escritor-, me parece que la `paternidad de crianza` es uno de los grandes hallazgos que tenemos los varones de las últimas dos décadas».

«Por cuestiones culturales del machismo o de la organización patriarcal de la sociedad, esto era algo que antes nos perdíamos, metidos en la idea de que los hijos eran una cuestión femenina», agrega.

El desafío fue «moverse fuera de ciertos estereotipos, como mujeres que contienen y varones que miran de lejos, puede ser un varón que se involucre y una madre que tome terribles decisiones sin pensar en sus hijos, tiene que ver con realidades con las que te topás todo el tiempo como paternidades súbitas o familias ensambladas».

Porque para Sacheri, «una de las mejores cosas que te pueden pasar como hombre es criar hijos, porque eso permite brindarte a otra persona, volver de mil modos diferentes a la niñez, enternecerte y flexibilizarte de modos que de ninguna otra manera podrías», lo cual refleja «Ser feliz era esto», una historia que contrapone la ejecución de roles a la portación de estatus.