El discurso de Cristina y la relación con la CGT

Cristina Fernández y Hugo Moyano

Análisis de columnistas opositores en los diarios del domingo

 

Pepe Eliaschev en el diario El Día, de La Plata:

 

«(…) A veinte semanas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Cristina paladea una amarga medicina, porque sabe que, como proclamó el zigzagueante gobernador de Salta, José Miguel Urtubey, el jefe camionero es un piantavotos. El enojo de la Presidenta es en consecuencia función directa de su negada vocación reeleccionista.

 

Nada nuevo en el peronismo, se dirá. Efectivamente, las tensiones intrínsecas en el dispositivo justicialista son poco menos que eternas, marcando una suerte de balanceo casi ritual, acercarse y alejarse, exigir y conceder, o pedir y ser rechazado.

 

Hoy, a 140 días de la primera vuelta electoral, hay unas papas que queman en el reducto presidencial y, por ello, las necesidades son otras. Pero hace pocas semanas, el 31 de marzo, la mesa fue tendida en la Casa Rosada para un hecho inusual y único, exclusivo privilegio de Moyano. Ese día, la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Carga (Fadeeac) firmó el acuerdo salarial 2011 con Hugo Moyano en la propia sede del poder político argentino. (…)

 

El kirchnerismo siempre amó abiertamente las resoluciones de los conflictos en el enrarecido aire de las cúpulas. En ellas ha nacido; la militancia que hoy se multiplica en oficinas públicas y provinciales y reporta al oficialismo es un fenómeno esencialmente construido de arriba hacia abajo, como enseña Beatriz Sarlo en sus ensayos más recientes. Eso es concreto; alérgico al desorden que no manipula, el Gobierno ahora exhibe frialdad y enojo con Moyano, una persona de modales gruesos, pero que siempre fue lo mismo. No nació de un repollo, ni se «radicalizó» hace pocas semanas.

 

Moyano es el de siempre, el que se alineó con Adolfo Rodríguez Saá entre 2001 y 2003, y el que arrojó océanos de nafta al incendio social argentino entre 1999 y 2001. Es también el que en los años oscuros y sangrientos de la década del ’70 militaba en los grupos más belicosos de la ultra derecha nacional-peronista de Mar del Plata. (…)».

 

Hugo E. Grimaldi, columnista de la agencia Diarios y Noticias:

 

«(…) El tono de cómo dijo lo que dijo en relación a Moyano sirve también para especular sobre si el riesgo de haber salido con todo contra su poder fue calculado y sobre todo cuánto de imagen positiva pudo haber ganado entre los habitantes de las grandes ciudades, casi todos ellos representantes del centro político, oponiéndose con tanta frontalidad a la persona que, según todas los sondeos de opinión, más irrita a los argentinos.

 

Las encuestas marcan con gran claridad que las clases medias urbanas hoy están que trinan contra todos los problemas que criticó Cristina y en la Casa Rosada están convencidos que esa metodología está siendo alentada por la CGT para ganar extorsivamente espacios de poder. (…)

 

(…) la oposición de la Presidenta a Moyano tiene que ver con la vieja disputa setentista contra la burocracia sindical, hoy atenuada en sus métodos, aunque desde el poder se le apunta además a la insaciabilidad del camionero, quien puja con la Casa Rosada desde una estructura pletórica de dinero a la que los Kirchner no dejaron de contribuir, canjeada por el disimulo ante el flagelo inflacionario, en nombre de aumentos de salarios que corren desde atrás a los precios.

 

Justamente, este último punto enlaza con las fisuras que tiene abierto el casco del modelo, ya que la productividad no es para nada garantía de esos incrementos, mientras que la inflación corroe el bolsillo sobre todo de quiénes no están formalizados en la economía ni entran en la órbita gremial.

 

Los expertos entienden que, aún a esta altura, el desborde inflacionario podría arreglarse con un mínimo costo en el empleo a partir de un service, pero el Gobierno prefiere mirar para otro lado hasta octubre, sin preocuparse siquiera por cierta espiralización inflacionaria que podría sobrevenir a partir de julio, tras el cobro del medio aguinaldo. Lo que ha hecho el Gobierno, tal como sucede siempre que hay algo que no atina a manejar, es no admitir sus errores y busca echarle la culpa del aumento de los precios, a terceros. El Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández responsabilizó de la inflación a la «conspiración de las consultoras contra el pueblo»; en cambio, Cristina apuntó a los sindicatos: «Si hay algunos que creen que puede ser mejor otro modelo, que creen que han tenido o tienen tanto poder para torcer voluntades, para que el modelo sea desprestigiado, quiero decirles que conmigo no van a contar».

 

El punto central es que hasta ahora la inflación no se termina de instalar como un grave problema a solucionar ya que la opinión pública, sin reparar en los costos sociales, parece estar obnubilada por la ilusión monetaria que le generan sueldos en alza y el dinero inyectado desde el Estado. Los más avisados porque saben que este escenario no permite invertir, pero sí es bueno para especular; los mayores porque tienen la experiencia de que alguien lo vendrá arreglar, pese a todo y los más jóvenes, los más proclives a votar al kirchnerismo, porque aún no conocen los procesos inflacionarios ni sus secuelas. Los más pobres, lamentablemente, sólo aspiran a que el Estado les ajuste los planes sociales.»

 

 

Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:

 

«Conclusión cantada: Después de denunciar dramáticamente a sus enemigos internos de andar buscando «derrumbar» el modelo puesto en marcha en 2003, que fue eso, a fin de cuentas, lo que ella dijo en su discurso del jueves en José C. Paz, Cristina Fernández emergió más firme que nunca como la candidata presidencial del gobierno. Sólo un cataclismo político, o un derrumbe de la economía, que hoy nadie avizora, o, tal vez, el agravamiento de su agotamiento físico y mental que ella misma denunció y que Aníbal Fernández se encargó después de corroborar, podría torcer ese destino de las cosas.

 

(…) Debe convenirse, en todo caso, si se escucha a voceros gubernamentales que ayudan a entender toda la trama, que Cristina midió muy bien sus pasos. Y calculó cada una de las palabras de ese discurso con sabor a ultimátum. Veamos.

 

1) Ella, literalmente, juntó bronca a medida que se desayunaba cada día de las últimas semanas con un conflicto gremial nuevo. Venía de decirle a Oscar Parrilli y Carlos Zannini, durante una charla matutina en Olivos, que estaba «un poco harta» de ese andar sindical, mientras por lo bajo, en las últimas tres reuniones que mantuvo en reserva con el líder cegetista, la charla siempre terminaba en lo mismo: el reclamo de cargos en las listas de octubre y planteos concretos sobre los pergaminos que tenían los dirigentes y su lucha en defensa del modelo para poner a los vices de Scioli y de la propia Cristina. En la última reunión, que terminó mal y que fue la gota que rebalsó el vaso de la mandataria antes de su duro mensaje, Moyano puso sobre la mesa concretamente, y una vez más, los apellidos de Héctor Recalde y Carlos Mancini, legislador provincial y secretario general del gremio del CEAMSE, que se encarga, en territorio bonaerense, del reciclado de la basura que descargan los camiones de Covelia, la empresa vinculada a los negocios familiares del titular de la central obrera.

 

2) El siguiente paso fue elegir con cuidado el escenario para descerrajar la munición gruesa que venía acumulando: el municipio de José C.Paz, donde el intendente Mario Ishii suele mostrar chapa de ser barón entre barones del bravo Conurbano: es de un kirchnerismo recalcitrante. Nada como ese palco y esa muchedumbre que hasta derrama lágrimas cuando ella las derrama, para despotricar contra algunos traidores internos, que le soban la espalda con una mano y esconden el cuchillo en la otra.

 

3) El discurso, finalmente, fue para los Moyano. «Que cada uno se ponga el sayo que le quepa», había disparado aquella noche de jueves un funcionario del entorno, lejos de las acomodaticias frases del día siguiente de Aníbal y de Carlos Tomada. Revela ese confidente que a Cristina le había revoloteado en la cabeza, durante toda la previa y antes de subirse al palco que le preparó Ishii, el nombre de Pablo Moyano y su deseo de cobrarle públicamente aquella factura que más la enfureció, que fue la amenaza del secretario adjunto de los camioneros de parar el país si no le daban el plus salarial para compensar el magro 24% de aumento que apenas un par de semanas antes habían aceptado delante de la propia Cristina, en la Casa Rosada. Se tragó ese sapo, pero igual quedó flotando en el ambiente que sus denuncias contra quienes piensan en sus propios intereses y no en los del conjunto y «terminan por provocar el derrumbe» del modelo que tanto les costó construir desde 2003 a la fecha, iban directo a la cabeza del hijo mayor del líder de la CGT. Y para Hugo también.

 

(…) Para sus fieles, Cristina confirmó, con su fuerte gesto de José C. Paz, que es más candidata que nunca y que su suerte está atada a ese destino, aunque le pesen el físico y la salud. Y mandó un claro mensaje hacia quienes creen que pueden tirarle del saco para sacarle prebendas con el pretendido beneficio de un apoyo que, en el caso de Moyano, reconoce ahora que puede convertirse en un pelotazo en contra, frente a la mirada de espanto del grueso de la sociedad ante los desbordes sindicales.

 

Y avisó, en todo caso a través de un mensaje cifrado, que ella es la única candidata del espacio y que no hay muletos. Como lo dijo aquel confidente del principio: «Jamás pensamos, ni por asomo, en un candidato alternativo». Lo más relevante, tal vez, haya sido que, por primera vez, salió de su propia boca el reconocimiento de que sus enemigos también están adentro, caminan a su lado…»

 

 

Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:

 

«(…) Moyano habla de candidatura vicepresidencial, de la de vicegobernador en Buenos Aires y de una cesión al sindicalismo del 33% de las listas de legisladores. Tanta ambición se solucionaría con un solo lugar y un solo nombre: el de Moyano como primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

 

El líder cegetista necesita de un lugar distinguido en el Congreso no para imponer sus ideas, sino para alcanzar la inmunidad parlamentaria. Scioli no quiere eso y es más que probable que Cristina Kirchner lo quiera menos que Scioli.

 

Sergio Massa se entreveró con el sindicalismo en el peor momento de la relación de éste con Cristina. Cayó en una trampa, producto de cierta frivolidad política por parte del popular intendente de Tigre. Se metió en una operación sindical para presionar a Scioli por las listas de legisladores, explicaron funcionarios nacionales. Moyano le contó luego a Scioli que él no formaba parte de esa conspiración, pero el gobernador sabe que las palabras de Moyano son a veces muy distintas de sus actos.

 

Sea como sea, la Presidenta dio una orden terminante: El gobierno nacional debe respaldar a Scioli, le dijo incluso a Aníbal Fernández, que ya estaba cayendo en la misma trampa que lo encerró a Massa. No es sólo una cuestión de solidaridad personal, que en política es siempre relativa. Se trata de la conveniencia presidencial: Scioli deberá enfrentar la elección provincial el mismo día en que lo haría Cristina Kirchner por la renovación de su mandato. ¿Para qué, entonces, debilitar a quien podría ayudarla a juntar votos en el principal distrito electoral del país?

 

El conflicto con la Presidenta se agravó, entonces, cuando un sector sindical se coló para promover al futuro gobernador de Buenos Aires. Esa es una decisión que pertenece a la política y no a los sindicatos. Es una reacción propia de Cristina Kirchner y de cualquier otro presidente.

 

La Presidenta tenía razones sindicales de sobra para hartarse de Moyano, pero también influyeron esas maquinaciones puramente políticas. En rigor, Cristina sólo intuye, sin conocerlo a fondo, el clima real de intranquilidad que existe en amplios sectores sociales por la indisciplina laboral, que afecta a diario a los servicios públicos y que todavía provoca escasez de naftas.

 

Ahora bien, ¿vale la pena derrocarlo a Moyano prematuramente? El kirchnerismo puro cree que sí.

 

¿Alguien pensó en el día después?, pregunta el peronismo más clásico.

 

¿Por qué Gerardo Martínez sería mejor que Moyano si compiten entre ellos hasta por quién es más violento?, insisten estos últimos. La última decisión será de la Presidenta. (…)»

 

Julio Blanck en el diario Clarín:

 

«El dato viene de alguien que conoce al minuto lo que ocurre en Tribunales: un abogado vinculado a Hugo Moyano anduvo preguntando a partir de qué momento los candidatos disfrutan de la protección de los fueros parlamentarios.

 

La averiguación le otorga más consistencia a la hipótesis según la cual Moyano terminará anotándose como primer candidato a diputado en la Provincia. Esa candidatura puede ser el lugar natural para quien además de conducir la CGT preside el peronismo boanerense. Pero no ocultaría la eventual búsqueda de fueros para guarecerse de investigaciones judiciales en marcha.

 

A contrapelo de la costumbre, aquí los términos podrían invertirse y la política quedar rezagada detrás del avance de los expedientes. En ambientes políticos y aun sindicales se da como probable que durante el mes de junio el juez Norberto Oyarbide mueva algunas causas que involucran a las jerarquías gremiales.

 

Moyano podría ser uno de los alcanzados por medidas que disponga el hábil magistrado, experto en el arte de correr de un platillo a otro de la balanza judicial para depositar en ellas cargas políticas equivalentes. Y los fueros, si es que de verdad Moyano los persigue, recién estarían disponibles a mediados de agosto.

 

Fuentes de la Justicia explican que según los artículos 60 y 61 del Código Electoral, puede considerarse que los fueros están vigentes desde el momento en que se oficializan las candidaturas.

 

Esto no sucederá antes del 14 de agosto, fecha de las internas abiertas y obligatorias que consagrarán a los candidatos para octubre. Este dato, desalentador para sus fines, se llevó aquel abogado que husmeó en los tribunales.

 

Ya en vida de Néstor Kirchner, Moyano rumiaba su bronca porque sospechaba que detrás de cada movimiento de Oyarbide operaba la mano kirchnerista para acorralarlo, limar su poder y, en extremo, meterlo preso. Moyano podía exagerar con sus recelos, pero esas sospechas nunca parecieron disparates.

 

Hay una lógica de poder que Moyano y los Kirchner comparten: cuando se construye un sistema totalmente vertical y se busca la máxima concentración del poder, pueden tolerarse las alianzas transitorias pero nunca se aceptan socios para compartir esa cumbre conquistada.

 

Néstor supo llevar con flexibilidad la alianza fundamental que había forjado con Moyano. Las tensiones nunca llegaron a la explosión y los dos se beneficiaron siendo aliados.

 

Ahora hay dos problemas: Cristina es menos flexible que Kirchner; podría decirse –aun a riesgo de simplificar demasiado– que es más ideológica y menos política. Y Moyano quiere ser socio de lo que viene, por eso busca hacerse fundador de la reelección de Cristina y a la vez reclama un vicepresidente y un gobernador bonaerense. La combinación entre menor flexibilidad y mayor ambición solamente puede dar como resultado una fórmula explosiva.

 

Para colmo, los modos de expresar esa discordia básica que encarnan hoy Cristina y Moyano, enardecen y aumentan la propia discordia. (…)

 

El viernes por la mañana, el día después del durísimo discurso de Cristina, hubo reunión en la CGT. La cúpula sindical hizo catarsis: se escucharon palabras muy gruesas contra la Presidenta , hubo bravatas y promesas de guerra santa y muy pocos dirigentes del núcleo duro del moyanismo aconsejaron analizar todo con más ponderación y menos calentura.

 

Moyano tuvo la última palabra, como corresponde al jefe. Ordenó una semana de silencio de radio.

 

“No vamos a decir nada, ni en contra ni a favor de la Presidenta” , explicó un vocero sindical. (…)».

 

 

Carlos Salvador La Rosa, en Los Andes, de Mendoza:

 

«(…) Parecía otro discurso más de Cristina en esta nueva etapa del kirchnerismo cuando lo que se busca es elevar a niveles mitológicos la imagen marmórea de Néstor, el ex presidente y esposo al que ella menciona como “él”, para ella ponerse a su humilde lado. Pero a José C. Paz la Presidente asistió para algo más que cumplir el rito -en seis meses repetido tantas veces como si hubiera pasado un siglo- de la veneración del muerto. Por eso aspiró fuerte y pronunció una frase excesiva: Junto a mi compañero –dijo–, hemos hecho más que nadie en la historia para terminar con la explotación de los trabajadores. (…)

 

El jueves Cristina no echó a Moyano, ni siquiera es posible saber si algún día los echará como hizo Perón con los montoneros, pero lo que es innegable es que el principal objetivo político de la Presidenta desde la muerte de su esposo es sacarse de encima a Moyano, o algo parecido. Todo lo demás es adjetivo, esto es lo único sustantivo.

 

Pero no es que Cristina esté haciendo algo distinto a lo que hubiera hecho Néstor, sino que está cumpliendo al pie de la letra lo esencial de su legado. Él, tarde o temprano, hubiera hecho lo mismo, pero más tarde que temprano porque Moyano no le estaba discutiendo todavía la conducción del movimiento. Sin embargo, desde que murió Néstor, el sindicalista tomó la decisión de discutírselo a Cristina. Por eso Cristina tiene que intentar sacárselo de encima más temprano que tarde, antes que se la saquen de encima a ella. (…)

 

Con su muerte, Néstor se marmorizó, se hizo mito, mientras que toda la oposición externa al kirchnerismo se momificó, se fue con él, se evaporó, dejó de ser parte de la realidad política. Por lo tanto, la lucha por el poder devino absoluta y acabadamente interna, solamente peronista.

 

Hoy se están dando los primeros aprontes de la singular guerra que ocupará enteramente el próximo gobierno de ser éste justicialista, como hoy casi todo lo indica. Una guerra donde pugnarán las tres vertientes del justicialismo: la sindical o laborista, la conservadora u ortodoxa y la populista que encarna el kirchnerismo. Por ahora, el cuerpo del justicialismo está en manos del sector conservador que domina Buenos Aires y casi todas las provincias, las venas están en manos del sindicalismo y la cabeza en manos del kirchnerismo. Difícilmente habrá armonía, porque los tres sectores aspiran a la hegemonía, no a la convivencia, salvo transitoriamente. No será una lucha ideológica, sino lisa y llanamente por el poder total.

Al quedarse sin Néstor, Cristina se quedó sin el país de las maravillas donde ella podía lidiar los combates de los cielos mientras él libraba las batallas de la tierra. Desaparecieron también los milagros a través de los cuales podía existir un solo poder en dos cuerpos diferentes, sin contradicción ni disputa alguna.

 

Ahora Cristina entró, en soledad, al país del espejo, donde todo ha sido trastocado y los valores establecidos, invertidos.

 

Donde ella sufre en carne propia lo que ambos (ella y él, cuando él aún vivía) intentaron hacer con el país todo. (…)».

 

EL DISCURSO DE CRISTINA

Y LA RELACIÓN  CON LA CGT

Algunos comentarios de los columnistas afines

al gobierno en los diarios del domingo

 

Horacio Verbitsky en Página/12

 

El periodista más cercano al gobierno señala que el discurso de Cristina Fernández tuvo como destinatario a:

 

«- la Unión del Personal Superior y Profesional de Empresas Aerocomerciales (UPSA, personal jerárquico, cuyo secretario general es Rubén Fernández), que paralizó a la línea de bandera en reclamo del encuadramiento de siete empleados en sus filas (…)»

 

la Asociación Docente de Santa Cruz, cuya conducción reúne en distintas proporciones y partes de la provincia a las listas del MST en Proyecto Sur, el Partido “Obrero”, el ARI y la UCR. El gobierno nacional entiende que el reclamo del 50% de aumento, allí donde los docentes perciben los salarios más altos del país, y el bloqueo de plantas petroleras durante ya dos semanas, tiene una intencionalidad política, en la provincia de los dos presidentes Kirchner. (…)

 

la Federación de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio (Foesgra), alineada en la agrupación gremial duhaldista “CGT Azul y Blanca”, que impidió el acceso de camiones a las refinerías de Esso, Shell, Petrobrás y Refinol, lo cual además de las rutas terrestres desabasteció a las aéreas. El ministro de Trabajo Carlos Tomada reveló que la esposa del máximo dirigente de la Federación, Alberto Roberti, es Mónica López, vicepresidente del bloque de diputados bonaerenses de Unión Pro y precandidata a la vicegobernación con Francisco De Narváez. (…)»

«(…) Sin embargo, todas las miradas se dirigieron a Hugo Moyano, porque la presidente también se declaró “cansada de los que dicen ayudar y vivan el nombre de Cristina y al otro día hacen exactamente todo lo contrario”. Ésa era una referencia al hijo mayor del secretario general de la CGT, Pablo Moyano, quien tres días después de que Cristina pidiera racionalidad, bloqueó las plantas de combustibles de YPF, Petrobras, Shell, Dapsa y Esso, en la provincia de Buenos Aires.

 

Su exigencia también era sofisticada: equiparar el plus salarial que reciben los transportistas de combustibles, del 15%, con el de quienes transportan productos químicos u otros considerados peligrosos, que es del 20% sobre el convenio. Durante una semana el abastecimiento en las estaciones de servicio fue irregular, lo cual se sumó a los conflictos de petroleros y docentes patagónicos.

 

Pero cuando Cristina dijo que no se dejaría correr, se refería también a una historia más antigua, por lo menos desde el acto en Ríver de octubre, en el que Moyano dijo que un trabajador podía ser Presidente y ella le respondió que eso ya había ocurrido, que ella trabajó desde su adolescencia, hasta el de la avenida 9 de julio el 30 de abril, cuando Moyano postuló la reelección presidencial y reclamó cargos en las listas.

 

Sin embargo, tanto desde el gobierno como desde la CGT se insiste en que la alianza estratégica no se romperá por estos forcejeos: ni Moyano ni Cristina tienen alternativas mejores, pero los sindicatos no podrán ignorar el mensaje.

 

Tal vez ambas partes aprendan a decirse en privado lo que hasta ahora se transmiten en público para regocijo de quienes no quieren a ninguno de ellos.

 

Moyano también teme el apoyo oficial a quienes quieren reemplazarlo en la CGT por el albañil Gerardo Martínez pero el gobierno sugiere que ni Cristina ni sus colaboradores agitan ese fantasma.

 

Martínez ya condujo la CGT en la década maldita, desde la que contribuyó al desguace del Estado. Su regreso a la conducción junto con el recambio presidencial de 2007 era un plan del ex jefe de gabinete Alberto Fernández, pero Martínez no se animó a enfrentar a Moyano, quien recibió el apoyo de Kirchner y de la presidente.

 

El año pasado su candidatura reapareció, pero no en los planes del gobierno sino en los del operador político de Techint, Luis Betnaza, quien a su vez aspiraba a conducir la UIA.

 

En una serie de reuniones realizadas en la sede de la UOCRA también se planteó una compleja ingeniería electoral que debería haber conducido a la conformación de las fórmulas presidenciales Daniel Scioli-Juan Manuel Urtubey y Ernesto Sanz-Gabriela Michetti y a la firma de un pacto político y económico, dirigido a frenar el nivel de los salarios.

 

Por último, el gobierno nacional tiene un informe descalificatorio sobre la actuación de Martínez durante la dictadura militar

 

 

Martín Granovsky, ex presidente de la agencia estatal de noticias Telam desde Página/12:

 

«(…) Los invocados por Cristina fueron, sin duda, en primer lugar, los dirigentes sindicales porque son parte del movimiento oficialista. Al día siguiente lo admitió con toda crudeza Omar Plaini, canillita, diputado nacional y miembro del secretariado de la Confederación General del Trabajo.

 

“Es evidente que cuando uno pone en el centro de la discusión la distribución de la riqueza hay tironeos”, dijo Plaini. El dirigente sindical recogió el guante y lo extendió al propio Poder Ejecutivo: “Tomamos la palabra de la Presidenta. Yo creo que nadie se debe molestar por eso, ni unos ni otros. Todos somos responsables: el Gobierno, los empresarios y los trabajadores. La Presidenta habló de la sensatez y de encontrar puntos en común y nosotros eso lo compartimos”.

 

El Estado necesita de una CGT racional en un momento marcado, afortunadamente, por una fuerte puja distributiva. Aldo Ferrer, interlocutor habitual de la Presidenta y actual embajador en Francia, suele explicar que parte de la inflación argentina, que según él es un problema pero no una crisis apocalíptica, se resolvería con un marco de mayor diálogo social en el plano de las instituciones representativas de los intereses sectoriales.

 

El kirchnerismo, con Cristina a la cabeza, precisa que la inflación no se dispare y al mismo tiempo preservar la sociedad política que tiene con la mayor estructura organizada existente fuera del propio Estado, nacional, provincial o municipal. La existencia misma de la alianza no está en juego, porque combina ideas y conveniencias mutuas, lo cual le da solidez. Pero las sociedades crujen y se reacomodan.

 

La Presidenta mide primera en intención de voto en todas las encuestas. Enrique Zuleta, por caso, informó a Página/12 que la tiene hoy en un 42 por ciento contra el 37 de una medición reciente. Hay un agregado importante: el nivel de rechazo de Cristina bajó en los últimos dos años. Esa baja le permitió horadar el techo de crecimiento. Es imposible seducir a gente que odia. En cambio, es posible llamar la atención de los indiferentes y luego convencerlos o, al menos, acercarlos. (…)

 

En términos de sociedad política, Cristina está aprovechando este momento de alto reconocimiento popular para procurar un aumento de capital propio dentro de la alianza con los dirigentes de la CGT. Por eso el crujido.

 

El discurso del jueves representó esa búsqueda y a la vez una advertencia: si el nivel de tironeos supera el límite socialmente tolerable, el patrimonio político completo de la sociedad política valdrá menos. Su representatividad será menor y el efecto se pagará en votos. Lo pagarán todos. (…)».

 

 

Eduardo Anguita, director del semanario Miradas Al Sur:

 

«(…) Un jueves cargado. Ese día, antes de ir a José C. Paz, Cristina debía estar muy bien informada de que la Unión del Personal Superior y Profesional de Empresas Aerocomerciales (un gremio minúsculo) había paralizado 12 horas los vuelos de Ezeiza y Aeroparque en reclamo de la recategorización del personal jerárquico.

 

También que la Federación Argentina del Petróleo, el Gas y el Biocombustible había paralizado las refinerías de todo el país y que los medios opositores aterrorizaban televidentes con que no habría nafta en las estaciones de servicio. Ni hablar del conflicto docente de Santa Cruz, que lleva un mes, o de los petroleros de esa provincia, que por disputas intergremiales paralizan la actividad. Hasta aquí, conflictos que no involucran a la conducción de la CGT.

 

Sin embargo, una semana atrás, la Federación de Camioneros había bloqueado las refinerías. El motivo no involucra al conjunto de choferes, sino al reclamo de un plus –adicional– para los que transportan combustibles.

 

Y como todo esto se da en un contexto de crecimiento económico, no represión a la protesta social y época electoral, no estuvo ajeno a esto que los diarios del jueves tenían a Omar Viviani, del gremio de taxistas, contando que la CGT apoyaría a Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires.

 

No se trata de imaginar a Cristina asustada por unos pocos –y diferentes– conflictos sindicales. Se trata de entender tres cosas que parecen básicas.

 

La primera es que profundizar el modelo requiere de racionalidad, rumbo y conducción.

 

La segunda es que profundizar el modelo no equivale a quién ocupa un cargo en la lista de concejales o diputados.

 

Y la tercera –la más importante– es que para que Cristina Kirchner siga al frente del cambio tiene como requisito que no se la tironee.

Pidió que los sindicatos fueran solidarios con todos los argentinos. “Siempre me van a tener del lado de los trabajadores –dijo–. Este es un Gobierno que quiere que siga mejorando el poder adquisitivo de los trabajadores. No podemos ser rehenes de aquellos que por ser de una determinada actividad pueden perjudicar a toda la sociedad.” (…)».