La nueva película de Gabriel Lichtmann «Cómo ganar enemigos» llega  a los cines esta semana

BUENOS AIRES- El film narra las desventuras de un joven abogado, diligente, amable y optimista, que sufre un gran desengaño al descubrir que alguien cercano a él le tendió una trampa y mandó a una joven para seducirlo y robarle sus ahorros.

Protagonizada por Martín Slipak, y con Javier Drolás, Inés Palombo, Gabriela Izcovich y Fabián Arenillas, la segunda película Gabriel Lichtmann, autor de «Judíos en el espacio», sigue los pasos de Lucas Abadi, quien tras haber sido engañado, empieza a sospechar que fue víctima de un plan de sus amigos y compañeros de trabajo, porque cree que quienes mejor lo conocen pueden convertirse en sus peores enemigos.

«Quería jugar con el policial, me gustaba esa idea, y la comedia es lo que te permite hacerlo, porque te da la posibilidad de ser un poco irrespetuoso y jugar con todos los géneros. La comedia te permite mirar el mundo un poco con los ojos de un chico. Que no es lo mismo que la parodia, que es reírse de algo o alguien y eso es algo que no me interesaba», recordó Lichtmann en relación al origen del filme.

La intención del cineasta de evitar el cinismo queda clara en la manera de ser y actuar de su protagonista, un héroe positivo, que si bien es víctima de una mentira y pierde todo el dinero con el que pensaba comprar su primer departamento, en lugar de buscar venganza, intenta descubrir -mediante su inteligencia y su poder de deducción- quién o quiénes fueron los que le tendieron una trampa.

«Me gustan los directores que pueden ver más la nobleza y la belleza en sus personajes. Estoy un poco podrido de los personajes cínicos. Lucas es ético, un poco moralista, pero también transgrede algunas reglas morales aunque sea con buenos fines. Es un hombre bueno, con una ética. ¿Dónde quedó el cine que te hacía ver que el ser humano podía ser mejor?», se preguntó Lichtmann.

En una entrevista con Télam, el cineasta sostuvo que la suya «es una película sobre hipocresía, moral y ética. Es importante que la película se perciba como una comedia moral, donde se juegan cosas muy profundas pero dichas de manera que uno puede reflexionar sobre ellas sin solemnidad. Pienso que existe la posibilidad de mostrar las cosas buenas y denunciar las malas de otra manera», añadió.

«Lucas elige lo que tiene que elegir, hacer una buena acción. Sin bajar líneas, ni convertirse en un maestro ciruela. Creo que por eso elegí la comedia. No creo que un héroe deba ser cínico ni cagarse en todos. Creo que tomar buenas decisiones es algo mucho más difícil. No todo el mundo puede tomar la decisión de hacer bien las cosas», subrayó.

Aunque la promocione como un «thriller neurótico», Lichtmann sabe que «la película no es estrictamente ni un policial ni un thriller, porque en general el thriller psicológico habla de algo que es mucho más mental, pero esta curiosa definición tiene algo más cercano a la comedia. El neurótico no es un paranoico grave, sino que es un tipo atormentado por cosas que no parecen tan importantes».

En ese sentido, Lichtmann aludió a una frase del estadounidense Woody Allen, uno de los cineastas que más admira, en la que que el autor de «Robó, huyó y lo pescaron» dice que «el drama es en primer plano y la comedia en plano general», porque -según entiende- «el primer plano te da sensación de paranoia y asfixia, pero si ves eso en perspectiva, desde lejos, se convierte en una situación absurda y hasta graciosa».

«Por eso la mirada de la película no está centrada en la tragedia que sufre Lucas sino en algo más amplio que permite que respire un poco y no sea tan opresiva. Así te deja seguirla con una cierta liviandad que incluso está en su puesta en escena bastante clásica», señaló el director, quien reconoce en su filme referencias a Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Ernest Lubitsch y el argentino Fabián Bielinsky.

En relación al género policial y a la alusión que su filme hace al libro «Un amigo americano», de Patricia Highsmith, el cineasta dijo que eligió «un género con reglas muy claras para poder tener una red de contención que me permitiera avanzar en una historia. Le debo mi vocación artística a mi madre y a la bibliotecaria de mi escuela primaria, dos fanáticas del policial, gracias a quienes accedí a Arthur Conan Doyle y Agatha Christie».

Lichtmann recordó que al comienzo «quería hacer algo totalmente distinto, algo que me representara como espectador. Me puse a escribir algo muy oscuro. Pero algo no cerraba. El personaje era igual de inteligente, estaba entre la juventud y el mundo adulto, pero era mucho más cínico y oscuro. Después me encontré con que el guión tenía ciertos problemas que no sabía resolver».

«Un día, mi mujer (la montajista y guionista Viviana Vexlir) dio en el blanco y empezamos a trabajar juntos la historia. Hubo un cambio radical que le dio un tono menos oscuro y más cercano a la comedia. Ella me ayudó a recuperar el espíritu lúdico y poder ver la película desde un lugar más libre y menos solemne. Tenemos mucho amor por la comedia», agregó.