Los nombres de Malvinas

Familiares de los caídos en el conflicto bélico hablan del trabajo del Estado argentino y de especialistas para identificar a los 123 enterrados como NN.

Quiero que mi hijo tenga en su cruz el nombre con el que fue a las islas. Para eso le puse un nombre cuando nació. Tenía nombre y apellido», dice Raquel García (79) a Tiempo Argentino. Raquel es la madre de Daniel Alberto Ugalde, uno de los 123 soldados que murió en la Guerra de Malvinas y aún no fue identificado. Sus restos reposan en el cenotafio levantado en el archipiélago austral bajo una cruz que sentencia, como la de un centenar de compatriotas: «Soldado argentino solo conocido por Dios.» A casi 32 años de que perdiese la vida, Daniel y los restantes 122 combatientes podrían dejar de ser considerados NN. Ocurre que el Estado argentino avanza en el proyecto de identificación: como informó la presidenta el 2 de abril pasado, el Estado, a través de un equipo interdisciplinario supervisado por la Cruz Roja Internacional, ha recopilado 145 muestras de sangre de familiares de 63 soldados no reconocidos. Se trata del primer paso para reconstruir el perfil genético de los fallecidos. La etapa final del proceso consta de un trabajo forense en el cementerio de Darwin para cotejar los ADN. La mamá de Daniel Ugalde fue quien inició el proceso al ser la primera integrante del grupo de familiares en aportar su gota de sangre.

El 30 de agosto de 2013, Raquel se presentó junto a Diego –el menor de sus hijos– en el ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. La recibió un equipo interdisciplinario compuesto por personal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, de Desarrollo Social, por integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y por el escribano de la Nación. Se trata del grupo de trabajo que tiene la misión de recolectar las muestras de sangre.

Antes de la extracción, los familiares deben realizar una serie de pasos burocráticos: responder un formulario con preguntas referidas a la familia y a la víctima, que fue aprobado por la Cruz Roja, y firmar un «consentimiento informado», documentado por el escribano general de la Nación. Tras ratificar la voluntad del familiar de entregar su gota de sangre, el equipo del EAAF procede a la extracción (un pinchazo en un dedo). Las muestras de sangre se dividen en tres papeles secantes especiales, que permiten conservar el ejemplar por muchos años, y se introducen en un sobre. Luego son distribuidos entre el Archivo de la Memoria, el ministerio de Justicia y Derechos Humanos, y el EAAF. En caso de que el familiar no esté de acuerdo con el estudio, se documentan las razones y firma su negativa al procedimiento. Al cierre de esta edición, se habían visitado a familiares de 65 caídos enterrados como NN. Sólo dos familias se negaron al proceso.

«Quiero que identifiquen a mi hijo, quiero que tenga una cruz con su nombre», remarca Raquel, quien está vinculada a la fundación «No me Olvides», de Mar del Plata, una de las organizaciones de familiares de caídos y ex combatientes que impulsa la identificación. Según relata, su hijo Daniel tenía 20 años cuando fue a combatir a las islas, integraba la compañía de ingenieros de combate 601 y llevaba una medalla identificatoria que le dio el Ejército con el número 211. Esa cifra fue la que su hermano Diego reconoció en la cruz del cementerio de Darwin en enero de 1997. Pero algo se trastocó y cuando los familiares volvieron a las islas nunca más volvieron a encontrar la cruz con ese número.

Según lograron reconstruir los familiares, Daniel falleció el 14 de junio de 1982, el mismo día en que finalizó el conflicto bélico. «Se ve que lo identificaron a último momento con lo que tenía colgado al cuello», reconstruye Raquel. Y explica: «Pero luego cambiaron las cruces en el cementerio y no volvieron a poner el número en la cruz. No sé por qué», se lamenta quien viajó por primera y única vez a Malvinas en 2009 y no pudo encontrar la lápida de su hijo.

«Yo quería llegar a Malvinas, pisar la tierra que pisó mi hijo, otra cosa no me interesaba», narra Raquel. Ella no sabe de dónde sacó fuerzas para continuar tras la tragedia: «Yo, a raíz de lo de Daniel, perdí a mi marido, que nunca pudo sobrellevar su muerte. Pero tenía otros hijos, de 16 y 14 años, y un marido que se derrumbó. Si yo no sacaba fuerzas de algún lado, mi familia se iba al tacho de basura. Dios se ve que me ayudó», asegura. A ese mismo Dios, Raquel le pidió más tiempo de vida «para poder ver el nombre de mi hijo ahí (en el cementerio de Darwin, en Malvinas). Es lo que más deseo, que tenga el nombre que yo le puse. Para mi es urgente», advierte. Y avisa que Daniel, aún reconocido, seguirá descansando en el archipiélago austral: «Mi hijo para algo dio la vida, su lugar es quedarse allá.»

Luego del encuentro con Raquel, que inauguró el proceso de recolección de muestras de sangre, el equipo interdisciplinario viaja por diversas provincias buscando a todos los familiares de los caídos que aún no fueron identificados. Hasta el momento recolectaron muestras en Jujuy, Salta, Entre Ríos, Chaco y Buenos Aires, entre otras provincias. Restan varios sitios aún, como Corrientes.

El grupo interdisciplinario se reunió a fines del año pasado en la localidad chaqueña de Sáenz Peña con Norma Gómez (48), hermana de Eduardo Gómez (19), otro de los soldados que fueron enterrados como NN en el archipiélago. Norma, quien integra la Comisión Nacional de Ex Combatientes de Malvinas –que depende del Ministerio del Interior– en agosto de 2011, junto a otros familiares de caídos e integrantes del CECIM, firmó una acción de amparo ante el juzgado federal a cargo del magistrado Julián Ercolini para que «reconociendo el derecho a la identidad y a la verdad» el Poder Ejecutivo disponga las medidas necesarias para lograr la identificación de los soldados NN. Tres años después, Norma está feliz por los avances.

«Mi mamá (Etelvina Gómez) es la más interesada en todo esta cuestión», cuenta Norma a Tiempo. Cuando arribó el equipo interdisciplinario «nos preguntaron si estábamos de acuerdo con el procedimiento. No dudamos ni un segundo. Estamos muy esperanzados en que se logre la identificación», reconoce Gómez. Ocurre que el grupo de trabajo entrevistó y extrajo muestras sanguíneas a Etelvina y otro de los hermanos Gómez, Francisco, que murió de cáncer poco tiempo atrás.

«Nosotros nos enteramos que mi hermano no estaba identificado cuando fui a Malvinas con mi mamá, en 1991», explica. «Por eso estamos contentos con todo este proceso. Espero que se difunda más porque hay padres, por ejemplo en Napenay (Chaco), que todavía esperan que su hijo vuelva de las islas», revela la hermana de Eduardo. Y enseña las marcas que a ella también le dejó el conflicto bélico: «Durante la guerra tenía 16 años. Esa etapa se me borró de mi memoria. Recién tengo recuerdo de mis 20 años. Mi juventud no sé si la viví. No recuerdo mucho.»

En Chaco son alrededor de 20  familias las que buscan identificar a sus seres que perdieron la vida 32 años atrás. «Se trata de una de las provincias que más soldados sin identificar tiene», destaca Norma.

Sonia Ortega (68) es otra de las Madres de Malvinas. Su hijo, José Honorio, tenía 18 años cuando partió a la guerra con el Reino Unido. Nunca volvió. Se encontró con que estaba sepultado como NN en 1991, cuando viajó a las islas. «Nos enteramos en el aeropuerto. Cuando fuimos al cementerio realizamos un homenaje en cualquier tumba NN. Todos hicimos lo mismo haciendo de cuenta que allí estaba nuestro familiar”, relata a este diario. “La identificación es un deseo que tuve siempre, desde el primer día que estuve en Malvinas», dice.

Sonia, que vive en Río Gallegos, Santa Cruz, fue otra de las primeras familiares en aportar su gota de sangre: a fines del año pasado viajó junto a su marido José Bernardino Ortega (78) a la ciudad de Buenos Aires para realizarse la extracción en la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Nación. «Pasaron 30 años, esto surgió de repente. Primero era un sueño y ahora ya está hecho realidad», se ilusiona.

«Estamos a la espera de que todo salga bien. Sabemos que hubo contratiempos, que hay algunos (familiares y ex combatientes) que no están de acuerdo con este proceso (ver aparte). Es lamentable. Nuestros hijos y familiares tienen muy merecido su reconocimiento», sostiene.

Tras la conformación de los perfiles genéticos de los soldados NN, el paso siguiente en el proceso de identificación es lograr la exhumación de los restos que reposan en el cementerio de Darwin para realizar un cotejo de ADN. Para ello aún falta el visto bueno de la Cruz Roja y del Reino Unido. Esa tarea sería asignada al EAAF que tiene una vasta experiencia en la materia (ver recuadro). “La Cruz Roja prometió que nos ayudará a gestionar la identificación de los cuerpos», aseguró el canciller Héctor Timerman, el 3 de marzo pasado, tras reunirse en Suiza con el titular de aquella institución, Peter Maurer. El proceso de identificación se inició en 2012 cuando la primera mandataria, Cristina Fernández, le solicitó a la Cruz Roja Internacional que interceda «como autoridad reconocida» tanto por Argentina como por los ingleses. Desde entonces, nadie les quita a los familiares la esperanza de encontrar los restos de sus seres queridos para despedirlos en paz.  «

La deducción del adn, la clave del proceso

El reconocido Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) integra el grupo de trabajo interdisciplinario que visita a las familias de los 123 caídos en Malvinas cuyos restos descansan en el cementerio de Darwin sin identificar. El EAAF es el encargado de realizar las extracciones de sangre para deducir el perfil genético de cada uno de los soldados que hoy están sepultados como NN. Se espera que luego de prosperar la solicitud argentina, este equipo, internacionalmente reconocido por su rol en la identificación de personas desaparecidas que fueron víctimas de las dictaduras militares que en la década del ’70 azotaron a Latinoamérica, sea parte del proceso de exhumación de los cuerpos.

El proceso de deducción del ADN de los caídos consta en comparar las secuencias genéticas de sus familiares directos. Una vez compuesto el ADN de cada soldado no identificado, se debe cotejar con una pequeña muestra que se extraería de los restos que hay en las tumbas que están bajo la silga NN, en Malvinas. En términos técnicos, se compara una referencia con una incógnita.

Una persona cuya identidad se desconoce tiene una secuencia genética determinada y se compara con una referencia. Cuanto mejor sea le referencia más posibilidades hay de encontrar al familiar. Esto explica que haya 145 muestras de sangre para 63 soldados sin identificar. Por caso, en un caso hay diez muestras de familiares.

El ADN del padre y la madre es el ideal para reconocer a un hijo ya que toda persona está conformada genéticamente por su padre y madre. Pero ocurre que en muchas ocasiones, sobretodo por el tiempo transcurrido, el padre o la madre no están vivos. A veces ni siquiera hay un hermano. Por lo que allí la referencia es más compleja. Por ejemplo: si el padre ya no vive, la muestra de un hermano y de la madre sirven mucho porque se puede «restar» el perfil del hermano con el de la madre para tener más claro el ADN del padre. Se trata siempre de buscar la mejor referencia posible.

También hay referencias que son redundantes: si hay un hermano, el hijo de ese hermano está más alejado de la referencia ideal. Si no está el hermano, allí la muestra del sobrino puede ser útil, aunque más lejana. Cuanto más lejano es el vínculo, más ruido hay en la secuencia genética.

Ahora, si bien el trabajo tiene ciertas dificultades técnicas, Tiempo Argentino pudo saber que para el EAAF el de Malvinas es un trabajo factible ya que en la Argentina se están realizando procedimientos similares. No obstante, no hay un tiempo estimado para alcanzar los resultados.

La identificación y su oposición

La identificación que impulsa el gobierno no es apoyado por todos los ex combatientes. Hay un sector que lo cuestiona. Se trata del liderado por César González Trejo, apoderado de la Comisión Nacional de Familiares de Caídos en Malvinas. Trejo criticó el proceso para lograr la identificación de los soldados que están sepultados como NN y remarcó que la Comisión ya ha fijado su postura respecto a la exhumación de cadáveres, el paso final e indispensable para lograr reconocer la identidad de los que están en el cementerio de Darwin. «Hay una intencionalidad británica de desarmar el cementerio que puede aprovechar esta iniciativa y ya hay al menos un familiar que está reclamando el regreso de los restos de su marido, que preferimos no nombrar por respeto», señaló al diario La Nación. Trejo está muy vinculado a Héctor Cisneros, quien presidió durante 28 años la comisión de familiares hasta que se confirmó su participación durante la dictadura militar como personal de Inteligencia del Batallón 601 del Ejército.