Un día como hoy murió Víctor Sueiro

Ya era un personaje muy popular en su país cuando, en junio de 1990, tuvo la visión del ‘túnel con la luz al final’ después de un paro cardíaco y ‘volvió’ para contar el cuento, experiencia que ratificó su fe católica y de la cual se sirvió para reorientar su vida. Al tiempo, Víctor Sueiro se convertía en el periodista que había logrado hacer calar más hondo entre el público argentino sus ideas sobre temas tales como la vida en el más allá, los misterios de la Iglesia y supuestas curaciones milagrosas por mediación de la Virgen María, ángeles y sacerdotes carismáticos. Pocos contaban con un regreso triunfal de Sueiro y sus misterios en pleno siglo XXI.
Efectivamente, a comienzos de 2003, después de 13 años sin un espacio de propio en televisión, Sueiro regresó con Misterios y Milagros (Canal 13), que mantuvo a más de un millón y medio de argentinos -a razón de una vez por semana- prendidos a la tele. Famoso por su condición de ‘hombre que volvió de la muerte’, algunos lo bautizaron como ‘el detective de Dios’. El periodista Jorge Férnandez Díaz, en tono amistoso, una vez dijo de él que era el ‘gerente de marketing de Dios’, el propio Sueiro contó el chiste en público y éste comenzó a circular, al punto de aparecer como gran titular en una revista de actualidad. Lo cierto es que Sueiro nunca se pretendió ‘gurú’ y más bien enfatizó lo contrario: suele declararse tan enemigo de los escépticos como de sectas y falsos profetas. Pese a lo cual, amigos cercanos, como la hija de Lolita Torres, llegaron a atribuirle dones sobrenaturales. «Cuando le apoyaba las manos sobre las piernas a mi mamá a ella se le aceleraba el corazón», dijo en el programa Secretos Verdaderos . Pero Sueiro es un líbero: así como siempre se indignó ante quien osara criticarlo, nunca cedió a tentaciones que desnaturalizaran su oficio, el mismo que le permitió producir más de una decena de títulos que, sumados, vendieron casi un millón de ejemplares.
SUEIRO, EL PROTEGIDO
Víctor Sueiro nació en Buenos Aires el 9 de febrero de 1943 y se inició en el periodismo gráfico a los 17 años. Desde entonces, trabajó en los medios más conocidos, incursionando en diarios, revistas y televisión. Era muy chico cuando enfrentó situaciones que lo pusieron al borde de la muerte. Enfermó de difteria (salvándose gracias a que sus padres pudieron importar penicilina de Europa); cayó en un pozo de tres metros de profundidad y lo sacaron vivo (apenas recibió siete puntos de sutura en la cabeza…) y, ya adulto, salió ileso de un accidente donde su auto dio cuatro vueltas en el aire sobre el asfalto. Esos fueron -interpretó después- algunos de sus varios ‘renacimientos milagrosos’. Anticipándose a El protegido -el personaje creado por el director M. Night Shyamalan- en La Gran Esperanza (1991), Sueiro cuenta que siempre salió indemne de percances que a otros le hubieran costado la vida. A los 19 años, cuando colaboraba con la sección policiales del diario El mundo y cursaba 2° año de abogacía, presenció un incidente en la Facultad de Derecho, ocasión en la que recibió dos disparos de bala. No sólo fueron otros quienes le hicieron notar la sangre e incluso los orificios de entrada y salida sino que -alardea- ‘en todos estos años jamás sentí dolor alguno». ¿Por qué se me permitieron tantas salvadas?». Y se responde: «Ocho veces no es una cifra exagerada para un fulano común y silvestre». Finalmente, concluye interpretando que la experiencia le sirvió para cumplir con una misión: «Tal vez me fue permitido sentir todo aquello para volver a contarlo de esta manera, en el idioma de todos los días»
Fue en Gente, revista cuya redacción compartió con Samuel «Chiche» Gelblung, donde empezó a codearse con el mundo de los ‘ricos y famosos’. Sus entrevistas con celebridades, a las que tuteaba y con quienes establecía un diálogo franco, eran redactadas en primera persona. Eso lo hacía diferente, incursionando en un estilo de comunicación cercano al gusto popular. Debutó en televisión en el programa El juicio del gato, conducido por Lucho Avilés. Y su cara, que había comenzado a colarse en algunos noticieros, se empezó a hacer conocida. Tanto su simpatía como sus anteojos ‘culo de botella’ fueron su signo de identidad. Por entonces ya era un hombre de fe. Pero sus creencias eran parte de su vida privada. Su religión, Católica Apostólico Romana, poco tenía que ver con su imagen pública. El tema de sus notas eran los personajes del mundo del espectáculo, cultivando un periodismo entretenido, ligero y familiar. En 1974, por ejemplo, hizo Siesta, un programa ómnibus; luego participó en Teleshow y, más tarde, acompañó a la actriz Tita Merello en Siempre Tita. En 1980, guionó películas de Palito Ortega y otras cómicas, con Alberto Olmedo y Jorge Porcel.
En medio de la dictadura militar (1976-1983), un gerente de ATC lo convocó para hacer un programa que iba a formar parte de una campaña que pretendía instalar políticamente al almirante Emilio Eduardo Massera. Rechazó la oferta y así comenzó a tener dificultades para conseguir trabajo. Tras la asunción del gobierno de Raúl Alfonsín no le fue mejor, aunque desde 1985 hasta 1987 condujo por Canal 13 Juguemos en familia, un ciclo de preguntas y respuestas. De ideas conservadoras, pero sin militancia, Sueiro adjudicó a su falta de lealtades partidarias sus baches laborales, que eventualmente lo llevaron a abominar de la política. Esas mismas rachas luego iban a repercutir en su salud
CRUZANDO LA LÍNEA MORTAL
El 20 de junio de 1990, se produjo el accidente cardiovascular que -desde entonces- Sueiro llama «mi muerte clínica». Hacía dos años que sufría dolores cardíacos. Y durante el apagón del que emergió evocando su ‘Gran Experiencia’ describió el túnel oscuro, una luz al fondo cuya intensidad va en aumento, y la sensación de ‘una paz total’. Esta experiencia fue para Sueiro tan conmovedora como real: se sintió ‘flotar’ y oyó a una voz muy dulce que le decía: ‘Hola Tito’. Sólo una persona, dice, lo llamaba de este modo: «No sé por qué extraña razón sentí que era mi abuelita».
Sus dos primeros libros -Más allá de la vida (Ed. Planeta, 1990) y La Gran Esperanza-, donde se ocupó de las llamadas Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), fueron un batacazo. Ambos títulos son una suerte de recopilación comentada (desde el punto de vista de un católico creyente que vivió la experiencia) de los primeros casos del género informados en la Argentina. Aunque el tema ya había sido tratado por los doctores Raymond Moody y Elizabeth Kübbler Ross, entre otros autores dedicados a la divulgación popular de temas tanatológicos, Sueiro fue quien instaló el tema en la Argentina: según el programa Secretos Verdaderos, sólo en las primeras ediciones de ambos libros agotó 150.000 ejemplares.
Para algunos, aquel éxito descansó tanto en su popularidad previa como conductor televisivo como por su condición de ‘protagonista’, exponiendo su propia experiencia de ‘vuelta de la muerte’ como un acontecimiento que transformó positivamente su visión del mundo. Tal experiencia lo llevó recorrer un camino espiritual donde su forma de entender el catolicismo pudiera coexistir con el menor conflicto posible con experiencias a veces más relacionadas con lo sobrenatural que con la religión. También hubo quienes atribuyeron el boom a la idiosincracia argentina, generalmente ávida de obras testimoniales ofrecidas por referentes mediáticos. También, hay que tener en cuenta que el lanzamiento de sus títulos coincidió con dos taquilleros estrenos cinematográficos emblemáticos que abordaron la cuestión: Ghost, la sombra del amor (1990) y Línea Mortal (1991), cuyas tramas remiten sin metáforas al estereotipo de ‘viaje al más allá’ expuesto por Sueiro.
En cualquier caso, Sueiro interpretó y volcó sus vivencias en un lenguaje simple y coloquial, siguiendo un patrón conforme a las expectativas del argentino medio, fuertemente enraizadas en el catolicismo dominante y, a la vez, con la pátina de innovación provista por la cultura New Age. Si bien algunos le reprocharon la intesidad con que toma posición (en su obra evoca las hipótesis científicas sobre las ECM sólo para desacreditarlas), el mismo Sueiro, en diferentes entrevistas, como la que dio a la La Maga en 1993, le restó a sus obras pretensiones científicas Ya en su primer libro, al comentar su impresión sobre el relato de una informante, escribió: «(…) yo viví la Gran Experiencia, lo cual me pone mucho más allá (y Más Allá) de ser un simple escriba que hace esfuerzos por ser objetivo, como hice siempre»
Tal vez deban buscarse las raíces de su éxito en el carácter más vivencial que descriptivo de sus obras, donde el acento está puesto en conmover, y en lo posible, convertir, a sus lectores. En La Gran Experiencia fue explícito: «Pretendo apuntalar lo mío, defenderlo con mis armas, señalar todo lo bello que encierra y que a veces no recordamos. Los misterios de la religión que hacen a la Fe aún más profunda al aceptarlos. La vida eterna es un dogma de Fe inquebrantable para un cristiano. Todo lo que fortalezca este dogma es maravilloso» (Pp. 200-201).
TIEMPO DE REVANCHA
Desde 1990, Sueiro escribió a razón de un libro por año. Todos fueron best-sellers. Curas sanadores y otros asombros, Poderes, Año 2000, las profecías, Predicciones del fin del mundo, El ángel, un amigo del alma, La Virgen, milagros y secretos, la novela Líbranos del mal y su reciente Milagros, más que nunca. Según la revista Veintitrés, sólo con los títulos publicados por Editorial Planeta (ya que en 1999 Sueiro se mudó a Atlántida), llegó a vender un total de 720.300 ejemplares que le reportaron ingresos por más de un millón y medio de dólares
Autor de la columna «Crónicas locas» en la revista Conocer y Saber (luego Conozca Más, 1989-1997), la revista Gente (que publicó una difundida serie de suplementos sobre su especialidad celestial) incluyó a Sueiro entre los ‘personajes del año’ en sus tapas de 1993 y 1996. En 2003 -después de mantenerse alejado de la televisión por 13 años- se tomó una dulce revancha: lanzó un nuevo programa que se convirtió en un formidable éxito de audiencia. Misterios y Milagros, la homilía laica con más ráting que conoció la televisión argentina de los últimos años, espera repetir el éxito a fines de 2003, temporada en la que Canal 13 piensa retomar el ciclo.
«Siempre fui un cabrón», se definió alguna vez. (Después de la experiencia) «perdí el sentido de las relaciones públicas». Así pretendía justificar sus ataques a críticos y escépticos, actitud que mantuvo a lo largo de la nueva etapa de su carrera Desde su programa, insistió con el concepto según el cual «las cosas más importantes (el amor, la esperanza, el coraje…) son las que no se ven». Convencido de que «un tipo que no le tiene miedo a la muerte es un tipo peligroso», confió que le teme más a la vejez. «El enemigo es el tiempo, no la muerte, que puede ser hasta piadosa. Quiero morir joven», comentó. «Este es el valle de lágrimas. Estoy seguro de eso».

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