Agotada de los maltratos y tras ser agredida nuevamente acuchilló a su pareja y lo mató.

HURLINGHAM- No era la primera vez que Romina entraba golpeada a una dependencia policial a denunciar a su pareja. Unos meses atrás, con su embarazo a cuestas había acudido a la Comisaría de la Mujer. Fue un primer paso, se animo, pidió una medida cautelar de restricción. Sin embargo al poco tiempo volvió a vivir con él. Quizás un pedido de disculpas, una promesa, la seguridad de tener un padre para ese chiquito que esperaba la impulsó a creer que los golpes y la agresión no iban a volver. Nunca se presentó en el Juzgado a instar una acción penal.

Pero estas historias no terminan fácil, son cíclicas, se repiten. El domingo pasado, nuevamente Roberto Mariano Noverazco (40) había tomado y comenzó la agresión que se tradujo en golpes de puño directos a su cara. Romina Vanesa López (24) no pudo más, tomó un cuchillo y se defendió. Le dio un puntazo letal, cerca de la garganta, que, a los pocos minutos le provocó la muerte.

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Luego tomó a su bebé de apenas un mes y corrió a la casa de su madre. Le contó a ella y a su hermana lo sucedido y caminó las cuadras que la separaban de la comisaría de Villa Tesei, para entrar y entregarse.

El infierno de Romina había empezado al poco tiempo que se fue a vivir con él y quedó embarazada. Ella tiene una nena, Luana, de una relación anterior  y que vivía al cuidado de la abuela. El lugar en el que vivía tenía lo mínimo, una habitación en donde se concentraba todo: el lugar para cocinar y dormir ahí en unos pocos metros cuadrados. Por eso, cuando la violencia se desataba no había dónde correr.

En abril del año pasado Romina, con 4 meses de embarazo,  se había presentado en la Comisaría de la Mujer a denunciar que su pareja, que consumía cocaína y bebidas alcohólicas la agredía todo el tiempo, todos los días, la denigraba, la golpeaba…

Llegó  con su ojo izquierdo morado, con golpes en la cara- el lugar a dónde él prefería pegarle- Paradójicamente ella en ese momento también se defendió con un cuchillo y Noverazco al  verse en inferioridad de condiciones le pidió perdón y la animó a dejar el arma.  Fue solo un ardid, a los segundos volvió a pegarle y a echarla de la casa.

Como una película, el domingo Romina, vivió una situación similar pero algo en su interior la animó a  decirse a  poner fin al infierno, fue instintivo, fue certero. Delante de su hijo soportó los primeros golpes pero cuando tuvo la oportunidad de defenderse, no dudo. Lo hizo. Romina dijo basta.

Intervine la Unidad Funcional de Instrucción de Temática de Violencia de Género de Morón.

 

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