La canchita

 

El no es como mi sobrino Maxi, que parece que hubiera nacido para patear la pelota. Seguramente no se dedicará a eso ni estará entre los primeros que eligen los capitanes cuando van armando cada equipo. Consciente de que no era su fuerte me dijo ya con casi doce años y luego de varias propuestas variadas para que comenzara algún deporte: “Está bien mamá, quiero ir a fútbol”.

Como no me simpatizan las actividades demasiado competitivas elegí un club de barrio, mejor dicho, una escuelita de esas donde juegan todos: los habilidosos y los pataduras; aproveché también que un amiguito del colegio iba ahí y no se iba a sentir extraño el primer día. Pensé que correr, hacer ejercicio aeróbico y tener una disciplina regular le iba a hacer bien a su temperamento y de paso, al jugar un poco mejor, adquiriría seguridad y  levantaría la autoestima  tan pisoteada cada vez que iba a algún cumpleaños deportivo y se sentía menos que todos.

Segura de que los efectos del juego iban a impactar no solo en su físico sino en su ánimo y en su carácter me emocionó, pero no me tomó de sorpresa, cuando el primer día salió feliz y me contó que habían ganado2 a1… y que los dos goles los había hecho él!  Luego vinieron otros partidos y entrenamientos donde se enojó con el profesor porque lo metió en el equipo de los más chiquitos, se indignó con algún compañero comilón y tuvo que aguantar alguna queja y/o puteada de algún compañero por una mala jugada y mejor no hablar de esa vez en la que hizo un gol… pero en contra.

Pero el último partido me llenó de satisfacción y ternura cuando  más feliz que Tévez después del segundo gol a México, me dijo: “Mami ganamos2 a0 y los dos pases con los que mis amigos hicieron gol los hice yo” Por supuesto, después de eso vino la descripción detallada de las jugadas que mi intelecto con tan poco ejercicio futbolístico no lograba descifrar y mi ensayado gesto de entendimiento para no decepcionarlo. Me di cuenta que sin duda, con la práctica del deporte iba a aprender mucho, sobre todo esto de enfrentarse a victorias y derrotas que seguramente abundarán en su vida. Pero además que sus virtudes innatas esas de las cuales yo estaba tan orgullosa también iban a ser reforzadas. Porque Facu es generoso, colaborador, buen compañero y compinche en la vida y eso, eso también se ve en la cancha.