Pineda: «Se hace creer a las mujeres que las imposiciones desaparecieron y que eligen libremente»

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En su reciente ensayo «Bellas para morir», la socióloga venezolana Esther Pineda retoma con una mirada feminista las concepciones sobre ideales de belleza asociados a las mujeres desde las primeras Venus del paleolítico hasta hoy para rastrear estereotipos en los que prevalecen criterios sexistas, racistas, gerontofóbicos y gordofóbicos y alerta entre otras cosas sobre la necesidad de que los medios de comunicación transiten «hacia representaciones menos violentas y cosificantes de las mujeres».

Publicado en la Argentina por editorial Prometeo, «Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer» entrelaza distintas narraciones y cánones que van desde lo más profundo de la civilización humana hasta el presente, con una mirada crítica y feminista sobre la discriminación, la desigualdad, la racialización, el estigma y el rol de los mandatos que imponen a las mujeres «modelos imposibles» para ser aceptadas socialmente.

La ensayista explicita cómo operan la discriminación, la gordofobia y el culto por la delgadez, a la vez que analiza los efectos de la misoginia y la violencia estética promovida por el canon femenino. Y describe una historia de fracasos y destrucción del cuerpo femenino signada por el amoldamiento a un patrón fijo que empuja a acciones como blanquear el color oscuro de la piel o alisar el pelo afro ante la «inconformidad» construida desde las industrias de los medios y el entretenimiento, que a su vez es reproducida socialmente.

En la puesta en tensión de los conceptos que desgrana, la autora cuestiona los patrones de belleza impuestos y propone una nueva narrativa como resistencia a los mensajes alienantes del mercado y la construcción de una feminidad no mediada por roles de género, estereotipos y violencia.

Pineda (Caracas, 1985) está especializada en estudios de la mujer y tiene un doctorado y postdoctorado en Ciencias Sociales, es autora de «Machismo y vindicación», «La mujer en el pensamiento sociofilosófico» (2017), «Cultura femicida. El riesgo de ser mujer en América Latina» (2019) y el libro de poesías «Resentida» (2020), donde aborda el racismo, la discriminación y la violencia contra la mujer, entre otros.

Tiene como antecedente a este libro uno homónimo de 2014 que reúne las primeras aproximaciones a esta problemática que comenzó a trabajar en 2011 en columnas de opinión.

-Télam: En ese paneo por la historia humana de la representación de ideales de belleza, de culturas tan diversas como tiempos históricos, hay una mirada que puede ser reduccionista y no del todo exacta ¿Cómo entender esas diferencias en una misma narrativa?

-Esther Pineda: En el libro realizo un proceso de investigación sobre lo que han sido los cánones de belleza a lo largo de la historia en las sociedades occidentales, desde una perspectiva historicista, pero también sociológica y antropológica.

Este recorrido permite entender cuatro grandes fenómenos: que la belleza pasó de ser considerada un atributo masculino en la antigüedad a una condición inherente de la feminidad a partir del Renacimiento, momento en el que comenzó a imponerse y a exigirse a las mujeres. Segundo: que la belleza predominante en occidente ha sido aquella heredada de Europa y posteriormente proveniente de los imaginarios estadounidenses. En tercer lugar, que si bien los cánones de belleza identificados han sufrido cambios en diferentes etapas de la historia por motivos religiosos, morales, políticos, económicos o culturales, algo ha sido constante, y es que para que una mujer sea considerada bella debe ser joven, blanca y delgada. Por último, que si bien los cánones de belleza siempre han existido, estos se masificaron en el siglo XX a través de la industria cultural, lo que incrementó su impacto en la vida de las mujeres.

-T: ¿El sistema heteronormativo y patriarcal que impone estigmas y condiciones sigue siendo tan gravitante sobre la construcción de la subjetividad o el peso de las luchas feministas que han instalado estas cuestiones en la agenda social está teniendo algún tipo de incidencia para aligerar el peso de esos imperativos?

-EP: El patriarcado sigue influyendo y condicionando la subjetividad de las mujeres y en algunos períodos en los que se evidencian cambios y avances en su situación estos condicionamientos se profundizan; pero cambian las narrativas y las representaciones con las que se mantiene la desigualdad, logrando incluso más efectividad haciéndole creer a las mujeres que las imposiciones han desaparecido y que son ellas quienes eligen libremente.

Por su parte, el feminismo le ha dado a las mujeres herramientas para entender cada vez más su situación social, para cuestionar y enfrentar los mandatos del patriarcado. Sin embargo, en lo que tiene que ver con el tema estético es donde el feminismo tiene más debilidades, porque este ha sido un tema por lo general abandonado y desatendido, sobre el que muy poco se ha problematizado y que estuvo presente por muy poco tiempo entre las preocupaciones de las feministas en la década de los 60. Mientras que en adelante apenas ha sido abordado individualmente por feministas como Naomi Wolf y Germaine Greer en los 90 y por Mona Chollet a principio en la década pasada.

-T: ¿Cómo se podría entender en América Latina esta necesidad de parecerse al blanco para los afrodescendientes y los descendientes de pueblos originarios?

-EP: Las sociedades latinoamericanas producto de la experiencia colonial tienden a reconocerse como blancas y europeas, negando su herencia indígena y africana, por ello han adoptado con facilidad los cánones de belleza europeos y norteamericanos, en los cuales se excluye la diversidad étnico-racial. Esto ha favorecido que los rasgos, color y apariencia de la población latinoamericana que no se apegue a los estereotipos de belleza sean calificados como feos, inarmónicos, defectuosos, poco atractivos, pero también que estos fenotipos se hayan convertido en objeto de burla y discriminación.

-T: En una entrevista hablás de que en Latinoamérica se ha producido mucho contenido feminista en los últimos años, pero que esta visibilización no alcanza tanta difusión como la que tiene en Estados Unidos y Europa ¿Por qué?

-EP: La herencia colonial ha naturalizado una forma particular de relacionarnos, persiste desde Europa y los Estados Unidos una mirada directiva y tutelar en la que algunas intelectuales creen que son ellas y sus experiencias quienes nos vienen a enseñar cómo hacer feminismo, y producto de esa misma experiencia de colonización, existe en los latinoamericanos la idea de que nos vienen a salvar, nos vienen a civilizar, pero principalmente, que todo lo que se produce fuera de nuestra región es mejor. Esto ha contribuido a que exista más receptividad hacia el pensamiento feminista europeo y norteamericano, y que se prioricen discusiones feministas que resultan ajenas a nuestra experiencia regional que es muy específica y sobre todo urgente porque por los grados de letalidad en que se expresa el patriarcado en América Latina. A ello se suma que el contenido feminista europeo y norteamericano cuenta con mayor difusión y promoción comercial y mediática que lo producido por las latinoamericanas.

-T: ¿Qué posibilidades hay de que la mujer pueda salir de esta lógica de categorías -homogeneización y obsolescencia- cuando como decís en el libro hay también una industria cosmética y farmacéutica que aprovecha esos estereotipos de belleza? Para disolver el peso de esas estructuras ¿alcanza con diluir esos paradigmas o habría que repensar también en desmontar la configuración de esquemas económicos como en el modelo extractivista que refuerza el patriarcado y donde las mujeres son muy violentadas?

-EP: El fenómeno es multifactorial y las soluciones también, es imperativo hacer reflexionar a las mujeres sobre esta problemática, discutirlo en los espacios en los que hacemos vida, proporcionar e intercambiar herramientas para mejorar la relación con el cuerpo y la imagen propia, la forma en que nos expresamos sobre los cuerpos de los demás, pero esto no basta; también es necesario que los medios de comunicación transiten hacia representaciones menos violentas y cosificantes de las mujeres, que las industrias desarrollen modelos de comercialización que no explote el sufrimiento de las mujeres, que el Esta do garantice el derecho de las mujeres a la salud mental y física, pero también que se erradiquen las presiones por responder a estereotipos de belleza en el entorno familiar, educativo, laboral, y en el contexto de las relaciones de amistad y de pareja.

(Fuente Agencia Télam)

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