Fio Silva: decoradora de ciudades

Por Florencia Pereyra Saafigueroa.

Fotos: Julieta Alfonso.

Fiorella Silva, es pintora muralista y la responsable de decenas de obras que vemos plasmadas en las paredes de Hurlingham. Nació en esta ciudad que elige como su preferido en el mundo para hacer lo que más le gusta. Con 23 años encontró aquello a lo que se quiere dedicar toda su vida: pintar murales.

-¿Cómo te iniciaste en el mundo del Arte?

-La realidad es que de chica nunca me imaginé pintando. Sí sentía afinidad y sensibilidad con el dibujo pero nunca lo desarrollé profesionalmente. Comencé a pintar a los 19 años a raíz de la depresión que me provocó el fallecimiento de mi novio. Me sentía constantemente triste y busqué hacer algo que me haga bien, y fue la pintura. Aprendí a pintar directamente en la calle, no hubo un trabajo previo de taller. Aún así, hoy también hago cuadros a veces para exposiciones pero es en segundo plano.

Al no haber tenido un estudio previo relacionado al arte. ¿Cómo fue el momento en que te encontraste pintando en espacio público?

-No fue tan fácil llegar a ese momento. En principio salí a caminar y pensé qué lugar podía pintar. Me costó adquirir los materiales para pintar en la calle porque ese tipo de pintura no es económica, pero poco a poco la fui comprando y pinté. Empecé con algo más chico, paredes bajas y escondidas. No me importaba si el mural no estaba a la vista, era más tímida. Salía, me gustaba una pared, pedía permiso y la pintaba. Y poco a poco fui creciendo como artista y aprendiendo en la calle. Por lo general voy sola, es un momento personal y lo disfruto así. Pero también he compartido murales con otras personas y me gusta también complementar los estilos e ideas con otros muralistas.

En la mayoría de tus trabajos se ve como característica principal los animales. ¿Tiene algún significado?

-Siento que en un animal puedo representar la fuerza y el movimiento, y me sale hacerlo así. No suelo tiene una fuente de inspiración clara. El mural surge siempre dependiendo de la pared, del día y del proyecto en sí también, porque si es una pared muy grande lleva más trabajo y ya voy con una idea o boceto armado. Pero otras veces es todo lo contrario, no se lo que voy a hacer ni qué pared voy a pintar. Hago lo que se me ocurre en el momento.

-¿Cuánto tiempo te lleva hacer un mural?

-Siempre trato de terminar los murales el mismo día en que los empiezo aunque, si la pared es muy grande capaz me lleva dos días. No me gusta extenderme más que eso porque después ya me aburro, quiero pintar otra pared, ya no me gusta lo que había pintado. Me pasó de hacer un mural y pasar al mes por el lugar y que no me guste más. Ya he renovado varios pero también intento entender que fue lo que me salió en el momento y listo. Por algo lo hice.

En Villa Tesei se pueden ver gran cantidad de tus murales y principalmente en el Centro Cultural Leopoldo Marechal, ¿Cómo surgió la oportunidad de pintar ahí?

-La verdad es que en principio no pedí permiso porque sabía que si lo hacía no me iban a dejar. Entonces decidí ir un domingo que el lugar estaba cerrado y pinté. Después me acerque otro día y les dije la verdad, que yo había pintado el mural y pregunté si me permitían pintar otra pared y me dijeron que sí, sin problema. Después ya tomé más confianza y me dejaron pintar bastante. En la calle la devolución de la gente es inmediata, mientras lo estás pintando lo están viendo y van opinando. Esta bueno, yo creo que entienden que es mejor el lugar así y que les gusta más una pared que trasmite algo que una pared vacía y más en un espacio cultural, me parece que tendría que pasar en todos los espacios culturales.

¿Cuál crees que es el panorama actual del arte urbano en Hurlingham?

-A Hurlingham en general y sobre todo Villa Tesei, la veo como un lugar muy gris, de muchas fábricas y con poca inversión en lo cultural. Hay un montón de chicos con ganas de pintar pero a veces faltan las herramientas y muchos no pueden acceder a ellas. Pero municipalmente nadie ayuda y no veo un gran interés en embellecer, desde ese aspecto, el lugar. Siento que se necesita eso. En otras municipalidades la realidad es diferente. Yo trabaje con la municipalidad de Morón, de Caseros, San Martín y hay programas de “embellecimiento urbano” por así decirlo, y se preocupan por eso, hay un interés. Estaría bueno que eso también se haga acá, porque genera espacios de encuentro entre el artista y el vecino.

Además de Hurlingham, ¿En qué otros lugares pintaste?

-En varios lugares. Caseros, La Boca, Palermo, Belgrano, entre varios otros de Buenos Aires. Después también tuve la oportunidad de hacer murales en Jujuy, Salta, Bolivia y Perú. También participé de muestras o festivales. Por ejemplo en Cochabamba pinte en una residencia de artistas, en Coroico me hospedó el secretario de turismo y pinte en esa ciudad y en Lima estuve en un festival pintando con otros muralistas.

¿Se puede vivir del arte?

-Soy afortunada al poder decir que sí. Yo vivo de pintar hace dos años, pero no me fue fácil llegar a esto. Hubo un largo camino, un proceso y cuando decidí vivir de esto fue difícil porque a veces no surgían trabajos. Pero en Tesei es en donde comencé y el lugar en donde aprendí y de a poco me fui soltando y arriesgando más en cada mural, en cuanto al tamaño y el contenido.

Nunca sentí en otro aspecto lo que siento cuando dibujo porque cuando pinto tiene todo sentido. Amo vivir de esto y quiero vivir de eso. Me siento libre y hasta que me muera voy a pintar.