Quieren hacer el perfil del homicida de Junín para relacionarlo con otros asesinatos

JUNÍN- Los investigadores de los crímenes de dos mujeres, cometidos el mes pasado y en 2012, buscan elaborar un perfil criminológico del único detenido por ambos hechos para compararlo con al menos otros 14 casos de mujeres atacadas en los últimos 15 años.

La fiscal juninense Vanina Lisazo dispuso que en los próximos días el imputado Rubén Rodolfo Recalde (53) sea sometido a una serie de peritajes psicológicos y psiquiátricos en la Unidad Penal 29 de Melchor Romero.

Es que la fiscal Lisazo, a cargo de la causa por el crimen de Paola Tomé (38), investiga si Recalde pudo haber cometido otros ataques a mujeres, desde 1999 hasta este año, en Junín y con una mecánica similar.

Según las fuentes, las sospechas se centran en al menos 14 causas en las que las víctimas fueron atacadas por un hombre con fines de robo y de abuso sexual, aunque no todos los casos llegaron a ser consumados.

Inicialmente, los pesquisas analizaron un número mayor de causas y luego las filtraron de acuerdo a los hechos cometidos en los períodos en los que Recalde estuvo libre o con alguna salida transitoria ya que este mecánico cuenta con antecedentes penales y condenas desde 1980.

También se encuentra bajo análisis de la fiscal el caso de una estudiante de 24 años que en 1999 fue golpeada y ahorcada.

Uno de los puntos que ahora procura determinar Lisazo es si en la investigación de ese homicidio se pudo obtener ADN del asesino en las muestras levantadas y analizadas por los peritos forenses, aunque en aquella época la metodología de los pesquisas eran distinta a la actual.

Es que hasta el momento el ADN de Recalde fue encontrado en las escenas de los crímenes de Tomé y de Sandra Colo (43), lo que el jueves pasado derivó en su detención e imputación por ambos homicidios.

Tras ser apresado, Recalde se negó ayer a declarar en su indagatoria ante la fiscal Lisazo y quedó alojado en la Unidad Penal 49 de Junín.

La decisión de detener a este mecánico surgió de la declaración de una mujer que sufrió un ataque similar al que padecieron Colo y Tomé, aunque en su caso logró zafar de la situación.

Esta fue justamente una de las causas analizadas en un principio por la fiscal en busca de patrones comunes entre hechos similares.

Por ese caso, Recalde había sido condenado en 2009 a tres años y medio de cárcel, por lo que se encontraba en libertad desde dos meses antes del asesinato de Colo.

Una vez apresado, las autoridades tomaron una muestra de su ADN y, en tan sólo dos horas, el Laboratorio de Genética Forense de la Policía Científica bonaerense confirmó con un 99% de seguridad que el de Recalde se trata del mismo perfil genético encontrado en las escenas de los crímenes de Colo y Tomé.

En la causa, además, hay otras pruebas que implican a Recalde en los crímenes, como un video en el que un hombre con la misma fisonomía que la del sospechoso fue captado caminando -el mismo día del crimen- por la cuadra del local de venta de ropa infantil «Rowena», donde fue asesinada Tomé, ubicado en General Paz 45, en pleno centro de Junín.

Otra de las evidencias que comprometen aún más a Recalde es una huella de zapatilla sobre sangre hallada por los expertos en rastros con una técnica y reactivos especiales en el baño del local de venta de ropa de niños donde asesinaron a Tomé.

El crimen de Tomé fue descubierto el viernes 17 de enero, cuando la hermana de la víctima la encontró muerta dentro de su negocio, «Rowena», donde había ido a trabajar.

De acuerdo a los peritos, el homicidio fue cometido el día anterior, cuando la comerciante fue golpeada y estrangulada con un pañuelo negro que se encontró alrededor de su cuello.

Mientras que Colo fue encontrada el jueves 16 de agosto de 2012 golpeada y estrangulada en el pelotero donde trabajaba, ubicado en Alem 388, de Junín.

En coincidencia con el reciente crimen de la comerciante, Colo también murió por «asfixia mecánica por estrangulación a lazo» y presentaba politraumatismos por golpes.

La técnica de estrangulamiento es la misma en ambos casos, ya que el asesino utilizó un palo -en un hecho fue de una escoba y en otro de un secador-, para hacer un torniquete sobre el cuello.