Cristina llevó adelante la profundización del modelo iniciado por Kirchner

BUENOS AIRES- Cristina Fernández de Kirchner llevó adelante durante sus mandatos como presidenta de la Nación la profundización del modelo político económico instaurado por su antecesor, Néstor Kirchner, y amplió no solo la presencia del Estado en la economía, sino también la inclusión social de los ciudadanos.
A través de las mejoras registradas en los ingresos de trabajadores y jubilados, se potenció el sostenimiento del mercado interno como motor de crecimiento de la economía.
Durante su primer mandato se aprobaron dos leyes fundamentales para consolidar la inclusión social.
La primera fue la Asignación Universal por Hijo (AUH), más tarde extendida también a Embarazo, que le garantizó al grupo familiar un ingreso mínimo, lo cual redujo drásticamente los niveles de pobreza e indigencia, que llevaron a la Argentina a ser el país con las tasas más bajas del continente.
La AUH creció en un 155 por ciento en sus cuatro años de vigencia.
La otra fue la Ley de Movilidad Jubilatoria, que estableció dos aumentos anuales para los jubilados, siempre por encima de la inflación y hasta del salario mínimo, lo cual acercó a apenas 7 puntos porcentuales al pasivo de la escala más bajo al tan aclamado 82 por ciento móvil.
En esto fue fundamental la iniciativa de recuperar para el Estado el manejo de los aportes previsionales que iban a parar a las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), cuya performance venía en caída como consecuencia de la crisis financiera mundial.
Así terminó con un régimen de más de una década que habiendo recibido millonarias sumas de aportes de los trabajadores, en muchos casos no cubría siquiera la jubilación mínima que debía percibir una persona, en cuyo caso debía asistirlo el Estado.
Con la recuperación del manejo previsional de parte del Estado, creó el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) que pasó a administrar los aportes previsionales y a invertirlos en instrumentos financieros y también productivos.
De los 80.082 millones de pesos iniciales de diciembre de 2008, año en que las AFJP perdieron casi 10.000 millones, el FGS pasó a los 292.172 millones en la actualidad, con lo cual casi cuadruplicó sus recursos.
Cristina aumentó la intervención del Estado en la economía, y en ese marco llevó adelante la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, a partir de la cual la autoridad monetaria pasó a tener mayor poder de decisión sobre los movimientos del sistema financiero.
Apuntaló la industria nacional, sosteniendo el tipo de cambio alto e incorporando un mayor control al ingreso de importaciones, que pudieran afectar la producción local, de la mano de las licencias no automáticas primero, y de las declaraciones juradas anticipadas de importación, después.
Esto se dio en el marco de una fuerte amenaza, producto de la crisis financiera y social en los países desarrollados, de que pudiera producirse una avalancha de productos de otros mercados que ante la imposibilidad de entrar en Europa o Estados Unidos optaran por Latinoamérica.
Sin embargo, la crisis no tuvo un impacto severo sobre la economía, y si bien se sintió especialmente en 2009 y 2012, la economía pudo sostener sus niveles de crecimiento y generación de empleo, llegando a registrarse las menores cifras de desempleo a nivel histórico, por debajo de 7 por ciento.
Cristina avanzó en el proceso de desendeudamiento, al posibilitar por un lado afrontar el pago de vencimientos con reservas monetarias de libre disponibilidad del Banco Central.
Y por el otro, al abrir un nuevo canje del remanente de la deuda pública en default que había quedado del anterior, con las mismas condiciones, que llevó a 93 el porcentaje de adhesión, que había sido de 76 en el realizado por Néstor Kirchner.
Durante las gestiones de Cristina, el salario mínimo más que se triplicó, al crecer 236 por ciento hasta fines de 2013; y la jubilación de la escala más baja se multiplicó por más de cuatro, aumentando en 312,8 por ciento.
Los «superávit gemelos», tanto en el balance fiscal como en el de comercio exterior, iniciados por Kirchner, se mantuvieron a lo largo de estos años, aun cuando surgió la mayor y más prolongada crisis financiera en los países centrales.
Las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) siguieron siendo las más altas de la historia argentina, con un promedio de 5,54 por ciento entre 2008 y 2012.
Cristina asumió con 20 por ciento de pobreza, y actualmente se encuentra en el 4,7.
Siguió la política de recuperación de los recursos estratégicos que en los `90 habían sido dejado en manos privadas.
Si Kirchner nacionalizó algunos activos privatizados en la década anterior, Cristina recuperó verdaderos símbolos del sentimiento nacional, como Aerolíneas Argentinas e YPF, más ramales de los ferrocarriles de pasajeros y también de carga, y hasta la transmisión de los partidos de fútbol de los campeonatos de la AFA.
En el marco del proceso de desendeudamiento, debió enfrentar a denominados fondos buitre, tenedores de un porcentaje mínimo de papeles que no ingresaron a ninguno de los dos canjes, y que llegaron con sus reclamos hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos que todavía debe expedirse al respecto.
En el medio, la Argentina recogió un sinnúmero de adhesiones de gobiernos y organismos internacionales, que advirtieron sobre el daño que le haría a las finanzas mundiales un fallo a favor de los buitres.