Debaten si es posible ordenar el arte de pintar paredes

LA PLATA- Los murales hablan, dicen, denuncian y anuncian, interpelan y encaran, insultan, llaman la atención y movilizan “con y sin permiso” porque el arte nace de la pérdida del miedo, coinciden artistas que debaten sobre registros y ordenamiento de la actividad.

Además de hablar a través de sus obras, los muralistas opinan sobre iniciativas de gobiernos que buscan ordenar y distribuir paredes en los distritos donde ellos viven y se expresan.

El debate surgió a partir de una convocatoria municipal para muralistas a inscribirse en un registro en el marco del programa “Pintó cuidar los nuestro” que según sus impulsores «está destinado a preservar el patrimonio y cuidar la limpieza de los espacios públicos en La Plata».

“Tenemos identificados alrededor de 40 paredones que hoy están en desuso, donde crearemos los soportes para que los artistas puedan comunicar y demostrar sus obras”, dijeron los encargados de la convocatoria.

Consultado por Télam, Guillermo Lanzillotti, psicólogo y divulgador del arte callejero dijo “que una buena razón del arte en las paredes del barrio es la pérdida del miedo a la autoridad”; y añadió que “esa libertad es muy difícil de reglamentar, como es difícil de reglamentar la sexualidad”.

Para Lanzillotti, que reunió un archivo de 60.000 fotografías de murales de ciudades argentinas y barrios de las periferias urbanas, “el orden y el arte no se llevan muy bien; a la hora de elegir prefiero que liberen las paredes pero que no propongan ningún registro”, dijo en referencia al Ministerio de Espacios Públicos platense.

“No sería nada extraño encontrar favoritismos. Además, no creo en el arte inocente, el arte siempre está direccionado; el arte es expresión y cada artista no se desprende de su ideología al pintar un mural, sino fíjense en la línea de la tradición mexicana; lo que es muy distinto a dejar que los políticos dirijan lo que van a ser los artistas”, advirtió.

El ejemplo de lo que les ocurrió a Fredy Fireti y a Omar Gasparini en los 70 «es extremo pero sirve para graficar. A ellos, los milicos les taparon un mural porque tenía mucho rojo”.

“Parece que a los políticos les sale más barato pintar los muros del Hospital Gutiérrez que comprar insumos; se apropian de los artistas como quiso hacer el PRO con Milo Lockett. Si los políticos hacen eso, no veo tan mal que artistas como Luxor en la Plata o Ice en Caballito se apropien de las paredes. Estoy de acuerdo con liberar espacios, pero para nada con reglamentarlos”, dijo el capturador de imágenes.

Natalia Lamortte, coordinadora en 2011 del equipo de artistas callejeros que pintó casi todos los grandes paredones del partido bonaerense de San Fernando, definió al mural como “identidad pura”, al artista como “un verdadero promotor de la cultura” de una comunidad que «debe valorarlo y ser inclusiva», mientras aprendemos todos a convivir, todo un desafío».

“Hay que comprender que el arte tiene la capacidad de representar procesos sociales y culturales más allá del tiempo y del espacio y, al incorporarlos al patrimonio tangible de la ciudad, nos permite trascender como individuos y ciudadanos” dijo la artista que destacó la experiencia de organizar las paredes desde la Dirección de Cultura de ese partido como «muy valiosa».

No obstante, para Lamortte, “haber pasado por esa experiencia le permite hoy afirmar que es necesaria la sanción de leyes que protejan los muros; pero las personas que formulen esas normas tienen que tener una mirada inclusiva, que no limite la expresión del artista, sino que por el contrario, la promueva”.

El arte callejero se expresa también a través de grafitis, y esténciles y entre los más conocidos nombres que circulan se destacan Marcelo Castaño, Erica Chun Li, Mat-C, Acra, Salk, Ice, Buos, Iztu, Luxor, Cabaio, Stenciland, Run Don´t Walk, y Banksy,

“El intento por reglamentar el arte callejero no es nuevo, ya que hay municipios del conurbano bonaerense que ya lo han hecho antes y con buenos resultados”, dijo a Télam Esteban Sánchez, muralista que utiliza para sus composiciones predominantemente el aerosol y actualmente es requerido para pintar entre otras paredes fachadas de locales «donde los murales ya son parte de las marquesinas de centros comerciales».

El artista callejero hizo una diferencia entre los murales -por el tiempo que necesitan desde que nace la idea hasta que se plasma en la pared y la inmediatez del grafiti-.

«Siempre que se use para habilitar más espacios para nosotros, los que hacemos murales, dijo Sánchez, puede ser positivo; para los grafiteros en cambio -cuyo criterio artístico se basa en lo vandálico y trasgresor- el intento de ordenarlo reglamentar no les afectará en lo más mínimo porque la prohibición es la condición para que existan”.

En Rosario, un grupo llamado SUDA logró reunir este año 60 artistas de 9 países: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Colombia, México, España, Italia y Holanda a quienes les proporcionaron andamios y materiales para pintar tres enormes muros.

Las movidas colectivas e itinerantes también crecen y para «muchas tribus el arte de pintar paredes ha sido la oportunidad de visibilización provocando el surgimiento de una expresión artística genuina más allá de banderas políticas o ideológicas», añadió Lamortte.

En forma individual, o colectiva, por cuenta propia, por encargo de particulares o contratados por locales comerciales, con fines altruistas o convocados por organizaciones de la comunidad los artistas callejeros se expresan cada vez con mayor presencia.

La iniciativa platense motivó el debate al plantear que es una medida “para que sus artistas puedan expresar y mostrar sus obras” aunque en otro punto de la convocatoria destaca que con esta nueva alternativa se busca también lograr «evitar los daños (pintadas) en lugares o monumentos”.

«El fin de la conciencia moral hace callar el deseo; fue la falta de normativa la que ha hecho imparable el fenómeno del arte urbano», opinó Lanzillotti.