Fue inaugurado el Congreso Internacional contra la Tortura

     

    BUENOS AIRES- El Congreso Internacional contra la Tortura, organizado por los 200 años de la Asamblea del año XIII que abolió la esclavitud, comenzó ayer con el análisis de la situación de la Argentina en cuanto a los mecanismos de acción y prevención para la erradicación definitiva de la tortura y otros tratos o penas crueles en ámbitos de encierro.

    La apertura del Congreso, que se realizó en la Biblioteca Nacional y cerrará hoy, estuvo a cargo de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, que acompañada por la Defensora General de la Nación, Stella Maris Martínez, y el representante de Naciones Unidas, Juan Méndez, trasmitió la experiencia de la Asociación, y remarcó que aún en democracia «persisten discursos intolerantes».

    «Esta es una lucha cultural antes que nada por comprender que la dictadura nos dañó a todos porque sus prácticas eran contra la dignidad humana. Por suerte hoy se acepta, pero la batalla cultural no concluyó», afirmó.

    Carlotto calificó de «peligroso camino hacia la violencia institucional» a los «discursos de mano dura ante el delito» y aseguró que «en la Justicia encontramos muchas resistencias y sufrimos grandes retrocesos».

    «Con Néstor Kirchner la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia se convirtió en política de Estado y los juicios son un triunfo de la lucha contra la tortura», dijo Carlotto y lamentó que «aún quedan impunes funcionarios insensibles en un sistema de justicia ineficaz para investigar los delitos de torturas».

    En ese marco, se mostró optimista frente a los «vientos de cambio para que la justicia esté al servicio de la sociedad y no de las corporaciones», en alusión a la reforma judicial aprobada en por el Congreso.

    Por su parte, la defensora pública Stella Maris Martínez, subrayó que en nuestro país «la tortura sigue existiendo en todos los ámbitos de encierro como cárceles, comisarías, centros de alojamiento de enfermos mentales, geriátricos e instituciones de la niñez» y que frente a ello «casi no existen condenas» porque en las fuerzas de seguridad «subyace el concepto de que la tortura sireve para obtener información».

    Tras trazar la diferencia entre torturas y tratos o penas crueles, instó a los fiscales y jueces a «darse cuenta que no siempre los acusados mienten y las fuerzas de seguridad dicen la verdad y que un apremio o vejación es un delito tanto como un hurto».

    A su turno, el relator especial de Naciones Unidas sobre Tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes, destacó la incorporación de la Argentina a «la mayoría de las convenciones y tratados internacionales contra la tortura que la convierten en ejemplo en la región sobre investigación y castigo de torturas y malos tratos en la época más oscura de su historia».

    Destacó «progresos innegables» que fueron en muchos casos producto de la lucha de organizaciones de derechos humanos y definió la situación en la Argentina dentro de «un marco satisfactorio, con progresos innegables».

    Sin embargo, marcó su «preocupación» por las «malas condiciones carcelarias y malos tratos en comisarías y otros ámbitos de encierro» y planteó la necesidad de «renovar el compromiso para garantizar respeto a la prohibición de la tortura y erradicar ese flagelo en la práctica».