Jueces argentinos con el Papa Francisco

ROMA. “Yo rezo por ustedes, ya que su trabajo es muy difícil e importante» les dijo el Papa Francisco al grupo de jueces argentinos que, encabezados por Presidente de la Cámara Federal de Casación Penal Alejandro W. Slokar, lo visitaron en el Vaticano.

En su audiencia de los miércoles, luego de la homilía, con invocación del Evangelio según San Lucas sobre la parábola del pastor y la oveja descarriada, el Papa Francisco entre sonrisas y gestos afectuosos dialogó durante veinticinco minutos con el núcleo de jueces argentinos encabezados por Alejandro Slokar.

Ante una multitud que ocupaba la totalidad de la Plaza San Pedro, cubierta por casi 25.000 personas, el Papa bendijo a todos los presentes en el año del Jubileo de la Misericordia.

Luego, practicó su audiencia con los jueces de la comitiva encabezada por Slokar, un grupo representativo de la justicia penal argentina, integrado también por la jueza Angela Ledesma, el Presidente de la Cámara Nacional de  Casación en lo Criminal y Correccional Horacio Dias, el Presidente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Rodolfo Pociello Argerich, el juez de Tribunal Oral en lo Criminal Pablo Vega y juez de Ejecución Penal María Jimena Monsalve; acompañados por el Presidente del Consejo de la Magistratura Miguel Piedecasas y el Consejero Juan Bautista Mahiques.

Recibieron un afectuoso saludo papal e hicieron llegar a Francisco un crucifijo de madera enviado por las mujeres detenidas en la cárcel de Ezeiza, así como también las cartas escritas por ellas dirigidas a Francisco.

El intercambio con los magistrados, ubicados en el Sagrado Sinistra, se centró en las preocupaciones compartidas por los presos y su reinserción social, destinatarios de muchos de los mensajes de Su Santidad en este Año de la Misericordia. EI contenido de la homilía versó justamente sobre la oveja descarriada, y la actitud del pastor, justificando que deje al rebaño para salvar solo a una.

Dedicó un tiempo a cada de los magistrados, conversando acerca de las exigencias de sus tareas cotidianas y el desafío de valorizar la dignidad humana, tanto de los privados de la libertad como de las víctimas, entregó a cada uno de ellos un rosario bendecido y a su propuesta, los jueces se tomaron una foto grupal con el Papa, frente a la plaza repleta, en la que también, en un extremo, se habían apostado un grupo de presos de la ciudad italiana de Lecce, identificados bajo el programa “Setenta veces siete”, los que fueron recordados en las palabras por el Papa Francisco.

La comitiva, heterogénea y plural, llegó el pasado domingo, costeándose sus propios pasajes y estadías, y regresan a partir de mañana.

Tras el encuentro, el juez Slokar subrayó las palabras de Francisco, quien desde siempre sostiene que las cárceles son un síntoma de lo que refiere como “cultura del descarte”, y dijo que “ello interpela a la madurez de la sociedad, y a la labor estatal, la seguridad sólo es  posible si media reinserción”. También sostuvo que “es moralmente inaceptable que mujeres embarazadas o niños menores vivan el encierro carcelario. Son ellas las que decidieron llevar mensajes por carta a Francisco junto con un crucifijo de madera”.

EI mismo grupo de magistrados, junto con juristas italianos y  españoles, llevaron adelante la presentación de la obra del Papa Francisco “Por una justicia realmente humana”, editado para difundir el mensaje que dirigió a las cinco importantes asociaciones mundiales que representan el derecho penal, en el que S.S. dijo que «Las deplorables condiciones de detención que se verifican en diversas partes del planeta, constituyen a menudo un auténtico rasgo inhumano y degradante, muchas veces producto de las deficiencias del sistema penal, otras veces de la carencia de infraestructuras y de planificación, mientras que en no pocos casos, no son más que el resultado del ejercicio arbitrario y despiadado del poder sobre las personas privadas de libertad”.

No olvidemos que Francisco habla recurrentemente en sus  mensajes sobre la situación de los presos. Así lo hizo en el documento que abrió el Año de la Misericordia,Misericordae Vultus, al exhortar a los cristianos a visitar a los presos, como obra de misericordia. También en ese mensaje habló reiteradamente de aquéllos privados de la  dignidad, y de la necesidad de escuchar su grito de auxilio.

 

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