¡Hasta siempre maestro!

BUENOS AIRES- Actores, directores, escritores, cantantes, funcionarios y público en general rindieron homenaje a la figura del cineasta y cantante Leonardo Favio, que falleció ayer a los 74 años, mientras que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que «a los grandes no se los recuerda llorando, sino trabajando y militando por la Patria».
La jefa de Estado recordó de esta manera al cineasta fallecido, al iniciar su discurso en Tecnópolis, donde encabezó el acto de presentación del Plan Estratégico para la Formación de Ingenieros.
Ricardo Darín, declaró que: «Me crié cantando las canciones de él y luego descubrí su cine. Lo que más siento y lamento de esta pérdida es él como persona, su autenticidad y sinceridad, estoy shockeado con esta noticia».
El cineasta Marcelo Piñeyro dijo que Favio «es un director irrepetible, su obra es única», mientras que el cantante Leo García escribió en su Twitter: «Leonardo Favio: Siempre será un corazón».
El cantautor argentino Iván Noble dijo que «se acaba de ir uno de los Enormes. Tristeza. Leonardo Favio, buen viaje y gracias por todo».
La cantante peruana Eva Ayllon escribió en su cuenta: «lamentable el fallecimiento de Leonardo Favio en Argentina. Que descanse en paz!!!!!.
Muchos medios de América Latina en los títulos de sus diarios y de sus cuentas de Twitter, hacen especial hincapié en la carrera como músico de Favio, ya que el cineasta llegó a recorrer esos países con sus discos en tiempos que las diferentes dictaduras le impedían filmar.
El vicepresidente Amado Boudou dijo que Favio era «un artista indiscutido, un hombre que puso su arte y militancia al servicio del pueblo. Hasta siempre Leonardo Favio, gracias por tanto!».
La ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner, envió «un abrazo para la familia de Leonardo Favio, mi reconocimiento no sólo a su talento sino a este gran compañero militante, luchador de la vida».
El secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, consideró hoy que Leonardo Favio, «fue un artista del sentimiento, de lo popular, pero capaz de filmar un cine bellísimo y sublime».
Coscia consideró que el fallecido cineasta fue «un grande de la cultura popular, muchos logran acercarse a ese lugar desde un genero, pero él lo logró en dos géneros, en el canto popular y en el cine».
Por su parte, Graciela Borges, que fue dirigida por Favio en «El Dependiente», dijo: «me muero de dolor, y eso que estoy acostumbrada a la muerte. Creo que no quiero hacer más cine».
El popular cantante español Raphael escribió: «ha fallecido Leonardo Favio, enorme cantante, compositor y director de cine. Querido amigo! descansa en paz».
La popular cantante puertorriqueña Ednita Nazario escribió: «Nuestro abrazo y condolencias a los seguidores, amigos y familiares del gran Leonardo Favio. Ya comenzó su viaje a la Eternidad!
Mientras que la actriz argentina Esther Goris señaló: «El Paraíso bien pudiera ser ese lugar donde uno pudiera ver tus películas por la eternidad, querido, queridísimo Leonardo Favio».
Mientras que Valeria Lynch expresó su admiración: “Se fue un artista increíble Un director único Leonardo Favio. Mis condolencias a su familia QEPD”.
La actriz María Carámbula dijo: “Descansá en paz, maestro Leonardo Favio”. Y el director Sebastián De Caro aseguró: “Falleció uno de los más grandes directores de cine de la historia argentina. FAVIO muchas Gracias!”
Por su parte, el actor Guillermo Pfening puso en su Twitter, «que grande que fue Leonardo Favio! Un poeta por donde lo mires….un artista de verdad».
La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación manifestó su «profundo pesar por el fallecimiento del director de cine, músico y militante Leonardo Favio, considerado uno de los directores más importantes de la historia del cine nacional, durante toda su vida estuvo comprometido con la realidad de su pueblo».
«íHasta siempre querido compañero Leonardo Favio! La CTERA expresa su profundo dolor por el fallecimiento del talentoso cineasta Leonardo Favio, hombre de la cultura nacional y popular que supo reflejar con sus películas una pincelada inigualable de nuestra historia», manifestó a su vez la Confederación de Trabajadores de la Educación.
Pino Solanas expresó: «se fue un gran poeta del cine. El fallecimiento de Leonardo Favio representa una gran pérdida no solo del cine sino de la cultura nacional».
Por su parte el actor Alfredo Alcón expresó: «Todavía no me cayó la moneda de que Favio no está, pienso en el clima que creaba en las filmaciones y era de pasión. Era muy querido por todos los técnicos porque sentían que con él iban a volar. Todavía no me ha llegado la tristeza porque pienso cuando trabajaba con él, como nos reíamos. Era un artista y por eso había momentos en que uno no podía estar cómodo mirando una película de Favio, te sentías incómodo en la butaca, querías irte».
«Era un buscador del alma, un creador y cuando cantaba o hacía películas, todo lo hacía con pasión. Definirlo sería maniatarlo y él quería ser libre».
Julieta Ortega dijo que «murió el mejor director argentino, Leonardo Favio. El más personal de todos. Eso es un artista».
La actriz Laura Azcurra expresó : «un creador, un cantor, un gran director, un icono de nuestro cine se va de este plano. Seguí volando alto #LeonardoFavio! Gracias por tanto».
Los integrantes del grupo Estelares dijeron: «Hasta siempre maestro Favio, tanto dolor encuentra sentido en tu maravillosa obra. Un abrazo enorme a la familia y a todos los que los hemos y han querido».
Emocionado por el dolor Alejandro Awada aseguró: «No voy a escribir mucho porque estoy muy triste. Solo pondré una frase de él: «Ese es nuestro oficio: testimoniar el llanto, testimoniar la historia, ser memoria».
Favio fue un cineasta autodidacta impulsado por una necesidad vital y aprendió gran parte de lo que sabía en los sets, trabajando como actor a las órdenes de directores experimentados como Leopoldo Torre Nilsson, Fernando Ayala, Daniel Tinayre, Manuel Antín, José Martínez Suárez, René Mugica y Rubén Cavallotti, entre varios otros.
Las magníficas imágenes de sus películas concentran preocupaciones humanas y elecciones estéticas que expresan la mirada del mundo y el imaginario poético de este artista cuya escuela fue la calle y la marginalidad, y también sientan las bases de un estilo, la marca que distinguirá a través del tiempo a un autor de su talla.
Pese a que se ganaba la vida como actor, Favio había filmado en 1958 el mediometraje “El señor Fernández”, que dejó inconcluso, y en 1960, el corto “El amigo”, en el que narraba en tono de fábula fantástica el drama de un niño lustrabotas en un parque de diversiones que soñaba con poder disfrutar de su niñez de igual modo que los niños que van al parque con sus padres.
Esta incipiente incursión de Favio en la dirección -cuyo origen más hondo estaba en la voluntad de impresionar a María Vaner, de quien estaba enamorado, y en la necesidad de deslumbrar a Torre Nilsson, su mayor referente- fue el preludio de un proceso de crecimiento creativo que culminaría con la filmación de “Crónica de un niño solo”, en 1964, y daría inicio a una obra inmensa y admirable.
Ese primer largometraje fue la génesis de una forma genuina y personal de transmitir grandes preocupaciones, amores y emociones a través de pequeños recursos que ayudan a decir mucho con muy poco, como la elección del fuera de campo y el desencuadre, la profundidad de campo, el plano secuencia, la coreografía interna del cuadro y la minuciosidad pictórica del encuadre.
Todas esas elecciones confluyeron en su primera película en una puesta en escena singular, intuitiva, que desarrolla sus complejidades con elementos tan mínimos como eficaces, y que expresan la capacidad de Favio para hacerse fuerte desde sus limitaciones y para equilibrar la desproporción que existía entre ciertas ideas brillantes y el escaso dinero que disponía para alcanzarlas.
Ese fue el germen de un estilo rústico y a la vez refinado que desarrollaría luego en “El romance del Aniceto y la Francisca” y “El dependiente”, filmes con los que completó una trilogía en la que el blanco y negro, el origen humilde de sus personajes y el ascetismo de los espacios que transitan, en lo que desplegó siempre un alto grado de lirismo, emoción y espontaneidad.
La pérdida de la inocencia y la proscripción de la pureza son temas que el cineasta volvería a explorar -con otros personajes y en otros momentos y circunstancias- en sus películas posteriores.
“El romance del Aniceto y la Francisca”, “El dependiente”, “Juan Moreira”, “Nazareno Cruz y el lobo”, “Soñar soñar”, “Gatica, el Mono”, “Perón, sinfonía de un sentimiento”: en cada uno de esos filmes Favio advierte acerca de la persecución impiadosa a la que la sociedad somete a aquellos que se animan a luchar por conservarse puros e inocentes, ajenos a toda imposición interna o externa.
Un niño huérfano de afectos y esperanza. Un hombre que lo pierde todo -su novia, su gallo de riña, su vida- al entregarse como un ciego a una pasión fugaz. Un gaucho que lucha a sangre y fuego por ser libre y mantenerse digno. Un hombre lobo enamorado y perseguido por desviarse de las reglas sociales y obedecer únicamente a su corazón. O un boxeador que alcanza lo más alto de la popularidad para trastabillar y resbalar hacia lo más profundo de la ignominia.
Todos sus personajes son seres frágiles, inocentes y apasionados, que se animan a soñar e intentan cambiar o superar su condición social, aunque la mayoría de las veces de manera infructuosa.
También lo es el hombre angustiado que encarna Hernán Piquín en “Aniceto”, su última película, un ballet cinematográfico que se erige como una versión musical de su propio filme de 1966 «Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más», basado en el cuento «El cenizo», de su hermano Jorge Zuhair Jury.
Atorrante de atorrantes -tal como él mismo se definió alguna vez-, alumno aplicado de lúmpenes, pícaros y marginales, Favio desplegó un cine hecho a corazón abierto, respetuoso de los excluidos y de seres que habitan las calles como prostitutas, estafadores, “manyagatos” y ladrones de poca monta.
Intuitivo y curioso, de personalidad empírica y autodidacta, su obra priorizó siempre la emoción, la humanidad de sus personajes, la belleza, la poesía y todo aquello que le surgía desde adentro, de lo más hondo de su ser, sin filtros, estrategias o especulaciones. Para él, ser cineasta era “un trabajo que se parece al que hacía cuando era pibe: soñar”.
En su última aparición frente a público al recibir en 2009 los Cóndor de Plata por “Aniceto” predijo: “Nadie podrá decir de mí que fui un desagradecido”, y lo demostró agradeciendo el presente político y cultural de la Argentina, “…con el que soñaba desde chico”, dijo.