LLega a los cines la multipremiada obra «El Invierno»

BUENOS AIRES- El filme, ópera prima del argentino Emiliano Torres y que viene de ser galardonada en dos de los grandes festivales europeos, llega a hoy a los cines

El filme “El invierno”, ópera prima del argentino Emiliano Torres y que viene de ganar el Premio Especial del Jurado y el Premio a la Mejor Fotografía del Festival de Cine de San Sebastián y el de Mejor Actor y del Sindicato Francés de la Crítica Cinematográfica en Biarritz, se estrena comercialmente hoy.

El filme, rodado bajo extremas condiciones geográficas en El Chaltén, El Calafate y Río Gallegos, cuenta la relación entre un viejo capataz de estancia y un joven que viene a remplazarlo, para hablar del desarraigo, la ambición y la soledad y está protagonizada por el dramaturgo y actor chileno Alejandro Sieveking y el joven misionero Cristian Salguero, con la participación de Adrián Fondari y Pablo Cedrón.

Coproducida con Francia, “El invierno” es la primera realización de Torres, que acredita una extensa trayectoria en la industria cinematográfica de más de 20 años como guionista (“Esperando al mesías”, con Daniel Burman; “Whisky, Romeo, Zulú”, con Enrique Piñeyro) y asistente de dirección (“Garage Olimpo”, “Géminis”, “Corazón de León”, entre muchos).

Télam: ¿Cómo fue pegar el salto de asistente de dirección a realizador?

Emiliano Torres: Después de ser asistente tanto tiempo, llega un punto en que dirigir deviene casi una consecuencia natural. La asistencia de dirección me sirvió para obtener soltura y evaluar riesgos. La complejidad empieza cuando el terreno y las condiciones climáticas condicionan un rodaje. Ahí es cuando haber sido asistente te permite ir un poco más allá.

T: ¿Y acá sucedió algo de eso?

ET: Hay situaciones climáticas o geográficas que convierten a las películas en aventuras, y esta película tiene mucho de eso. Es algo que me interesa mucho porque me planteo el cine desde los lugares y el desafío que implican. Es algo que me permite entender mejor el proceso y cómo se puede llevar adelante un rodaje. Uno empieza a conocer sus límites y sabe hasta dónde puede llegar.

T: ¿Ese es uno de los puntos de partida del filme?

ET: De algún modo sí, la vastedad del horizonte patagónico, la dureza del clima y la realidad de los trabajadores rurales que resisten en ese territorio árido y hostil. A pesar de esto, más que describir la condición del mundo, la película se interroga acerca de la condición humana. Se trata de una historia de sobrevivientes en un rincón del planeta donde el tiempo se ha detenido y en donde el invierno pareciera no acabar nunca.

T: ¿En este marco geográfico y climático cuáles fueron los parámetros que propusiste desde la dirección?

ET: la película está filmada con luz natural y sin recursos estilísticos innecesarios y, sobre todo, sin ponerme delante de mis personajes, sino dejando que ellos mismos me condujeran. Básicamente, trato de no imponer un estilo ni una forma. Me nutro mucho de los accidentes y lo que va pasando. Algunas de las mejores imágenes de ‘El invierno’ son obra del azar. Por eso creo que hay que saber adaptarse. A veces los accidentes son pequeñas bendiciones y creo que a veces eso hace a las películas más interesantes. Enfrentarme a lo que la naturaleza propone es una de las cosas que más me estimulan.

T: Anteriormente fuiste guionista en varias películas, cómo funcionó en esta que dirigiste vos?

ET: Fue algo paradójico porque escribo mucho, de manera detallada y obsesiva, y el guión de esta película ganó muchos premios. Sin embargo, en el rodaje decidí dejar el guión en el hotel. Creo que hay un momento de reflexión y estudio y otro, el rodaje, que es un momento de acción.

T: ¿Y cómo surgió la decisión de filmar esta historia en este lugar?

ET: Para la génesis de esta película hay que remontarse 10 años atrás, cuando viajaba por el Sur trabajando en un documental. Quedé bloqueado por una tormenta de nieve y terminé en la casa de un capataz de estancia, muy silencioso, que sólo hablaba de caballos y de perros. Creo que de alguna manera descubrí que quería escribir algo sobre ese lugar y ese personaje. Me di cuenta que hay un destino común a casi todos los capataces: o el suicidio o el retiro en las montañas como ermitaños, es la consecuencia de muchos años de soledad extrema y aislamiento.

T: En la película hay también un tipo de denuncia sobre esta situación en la que viven los personajes.

ET: La película es muy simple en su línea narrativa, pero esconde muchas historias e interpretaciones posibles. Hay una mirada muy realista que tiene que ver con el aislamiento y la situación de los trabajadores rurales. Pero también otras interpretaciones posibles que tienen que ver con la soledad y el desarraigo. Una soledad que se impone a veces por necesidad y a veces por elección.

T: ¿Cómo fue la elección de los protagonistas?

ET: Los elegí porque comparten un imaginario con los personajes pero busqué liberarlos de la presión del relato; necesitaba dos rostros, dos miradas que me aportaran realismo. Salguero es de Misiones y conoce bien las penurias de los peones rurales y sabe lo que es ganarse la vida de ese modo. En cambio, Sieveking es un dramaturgo que escribía las obras teatrales de Víctor Jara, un personaje de una historia de vida infinita, muy activo e inteligente a sus 85 años.

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