Creditos a tasa cero para monotributistas: récord de inscriptos

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Alrededor del 70 por ciento de los créditos otorgados este año fueron para las categorías más bajas, A y B, a la que pertenecen dos de cada tres monotributistas.

Pintar el departamento, pagar las expensas atrasadas, comprar en el supermercado o cancelar la deuda de la tarjeta: los créditos a tasa cero que relanzó el gobierno dieron alivio al día a día de miles de monotributistas que sólo cobran si salen a trabajar. Con el ojo puesto en el consumo como pilar de la reactivación el gabinete económico los volvió á abrir a fines de agosto y, hasta este último viernes, a tan solo una semana de su relanzamiento, la AFIP había autorizado más de 130 mil préstamos.

«Tenía un espacio cultural independiente que cerró en agosto del 2020. Nos estaba costando muchísimo sostenerlo y con la pandemia tuvimos que cerrarlo. También soy músico, y no había fechas. Mi ingreso laboral cayó prácticamente al 100 por ciento», cuenta Lautaro sobre los primeros meses de la cuarentena en Argentina. En septiembre pidió un préstamo de 60 mil pesos a la AFIP, lo máximo que le daban por su categoría, que el organismo le iba a empezar a cobrar a los seis meses en 12 cuotas sin interés: «Lo usé para comprarme un micrófono para grabar en HD desde mi casa, y así poder seguir haciendo laburos de grabación durante la pandemia más intensa, y no perder esa oportunidad laboral por no tener estudios de grabación abiertos». Lautaro dice que el crédito fue un «recontra alivio», que no exagera, «me dio la oportunidad de entregar laburos en alta calidad desde mi casa, pude invertir en algo que me dura para toda la vida».

El año pasado fueron más de 564 mil los beneficiarios que inyectaron en la economía alrededor de 61.300 millones de pesos para pagar deudas, mudarse o invertir en herramientas para seguir trabajando. Es que quienes reciben el préstamo quedan inhabilitados para acceder a la compra de dólares para ahorrar o realizar giro de activos al exterior. Según calcula la AFIP, el universo de posibles beneficiarios este año alcanza el millón y medio de personas de un segmento de la sociedad cuyo ingreso se destina mayormente al consumo dándole combustible a la rueda de reactivación económica.

Lucas es director de publicidad: «La industria estuvo frenada como ocho meses y yo solo pude hacer un comercial remoto que se filmó en Mendoza, la primera provincia que habilitó los rodajes». Había pensado en pedirle plata a algún amigo, pero cuando vio la opción de un crédito a tasa cero ni lo dudó. Lo primero que hizo fue pagar la deuda que tenía acumulada de las expensas de su casa. Después, usó la plata para las compras en  supermercados. En septiembre le salió un trabajo así que prefirió no usar todo el crédito para no ahorcarse con las cuotas. El saldo que le quedaba a favor se le iba descontando de la propia tarjeta. Lucas no descarta volver a solicitarlo este año, porque dice que su rubro todavía no está del todo estable.

El programa apunta a cubrir el financiamiento de una de las figuras más débiles del mercado laboral. El universo del monotributo es heterogéneo. Hay más de 4 millones de hombres y mujeres de distintas edades. Son músicas, electricistas, psicólogos, fotógrafos, plomeros, mecánicos, gasistas. Y la lista se agranda: del total de los casi 290 mil puestos registrados que se habían destruido y se recompusieron para alcanzar los niveles pre pandemia en mayo, 135 mil se reincorporaron como monotributistas cuando las bajas en ese segmento habían sido poco más de 60 mil.

Silvio es electricista y sus ingresos se redujeron a la mitad los primeros meses de cuarentena. En septiembre empezaron a llamarlo de varias casas para trabajar pero se dio cuenta que no resistía otro cierre más y quería estar mejor equipado para cuando todo se reactive. Por eso, pidió 50 mil pesos para comprar herramientas que le permitirían brindar otros servicios como arreglar heladeras y aires acondicionados. Dice que no se hubiera sacado otro crédito, porque no lo hubiera podido pagar. Pero este ya está dando sus frutos: «Se viene la temporada alta de los aires acondicionados y los clientes más previsores ya empezaron a llamarme».

Enrique es ingeniero de sonido y tenía planificada una gira (y sus ingresos de varios meses) por Europa y Estados Unidos para fines de marzo del 2020. Cuando se suspendió no solo perdió ese ingreso sino también el de su estudio de grabación y otros trabajos en shows. Los primeros meses vivieron ajustados gracias al ingreso de su mujer, pero empezó a pensar en vender algún instrumento o endeudarse. Apenas tuvo la opción lo sacó «enteramente para subsistir». Ahora con un poco más de actividad volvió a pedir el crédito, esta vez para ir pagando el anterior y acomodar los números hasta esperar que el nivel de trabajo vuelva a acercarse al de la pre pandemia.

La figura del monotributo fue creada para emparchar un sistema tributario en una economía que pendía de un hilo en 1998 durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Los altos niveles de informalidad habilitaron la figura como un mecanismo de transición a la formalidad. Lo cierto es que en una primera instancia el Estado y luego el sector privado lo utilizaron para dejar de contratar empleados en relación de dependencia. Hoy, el monotributo, además de ser un mecanismo de subdeclaración de contribuyentes que encubre una relación de dependencia permite, también, complementar el ingreso para muchos trabajadores.

Paula tiene 26 años y es productora y realizadora audiovisual. El año pasado tenía que mudarse y la plata no le alcanzaba. Dice que es muy desconfiada de los créditos, que intenta incluso ni siquiera pagar en cuotas  pero investigó y le pareció confiable. Pidió  150.000 pesos para comprarse una heladera, muebles, pintar el departamento: «Lo usé completo en esto. La verdad fue un alivio poder utilizar el crédito para estos gastos que me permitieron mudarme y usar mi sueldo para entrar al alquiler que no es algo fácil, ya que es mucha plata junta», cuenta.

Los monotributistas fueron uno de los sectores más golpeados durante la pandemia. Son laburantes que supieron tener cierta estabilidad económica, pero que, dada su desprotección, sobre reaccionan negativamente ante las crisis. De los 4 millones que contabiliza la AFIP, más de la mitad tiene deudas con el organismo recaudador. Además de  los créditos, que sirven para saldar deudas con la propia AFIP, el organismo lanzó moratorias.

Alrededor del 70 por ciento de los créditos otorgados este año fueron para las categorías más bajas, A y B, a la que pertenecen dos de cada tres monotributistas. Estas clasificaciones permiten facturar hasta 31 mil y 46 mil pesos por mes, respectivamente. La Canasta Básica Total (CBT) que mide Indec y determina la línea de pobreza de una familia tipo se encuentra en 66.488 pesos mensuales. Esto significa que dos monotributistas A no llegarían a obtener ingresos por encima de la línea de pobreza de su hogar. Las cinco categorías más altas de este régimen concentran a menos del 10 por ciento del total.

El servicio vas a estar habilitado hasta el 31 de diciembre de 2021 y las gestiones ante las entidades bancarias elegidas para solicitar el crédito podrán finalizarse hasta el 20 de enero de 2022. Una vez terminado el trámite cada monotributista deberá contactar a la entidad bancaria seleccionada en un plazo no menor a las 24 horas. Algunos bancos tienen aceitados los mecanismos para otorgar los créditos en forma virtual y otros requieren que el monotributista se presente en una sucursal.

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