Un día como hoy asesinan a Carlos Fuentealba

5 de abril 2007

En el marco de una protesta del gremio docente reclamando mayor presupuesto educativo -el día anterior de su deceso-, la policía neuquina hirió con una granada de gas disparada en la nuca al profesor Carlos Fuentealba, hecho que le produjo la muerte.

Había nacido en Junín de los Andes, en 1966.

Si bien su asesino material, Poblete está preso, su autor intelectual, Sobisch sigue libre.

Fuentealba no era simplemente un maestro solidario que murió en manos de un policía “al que se le fue la mano” Carlos era un luchador por el socialismo, por lo tanto, por definición un ser solidario, pero también un ser que dedicó gran parte de su vida a cambiar el mundo, a terminar con esa barbarie capitalista que terminó de arrancarlo de entre los mortales. Hoy, aquel hombre que fue asesinado por el poder, es un muerto incómodo, es un muerto que necesitan “reinventar”.

Es el caso de la burocracia sindical de la Lista Celeste de Suteba y CTERA, contra quienes Fuentealba luchaba en su gremio de base ATEN. Esta burocracia intentó con distintos artilugios apropiarse de su imagen, pero no puede apoderarse de su verdadera esencia, porque mientras haya un burócrata que intente engañar a la clase obrera, mientras haya un burgués explotándola, Fuentealba siempre estará en la conciencia de los luchadores. Los revolucionarios tenemos también la tarea de luchar contra ese intento de transformar a nuestros compañeros de lucha en “iconos inofensivos”. En ese sentido queremos compartir con ustedes esta nota que habla de un Fuentealba integro, sin los recortes interesados del poder.

Sus primeras experiencias en la UOCRA Neuquén

La UOCRA Neuquén fue recuperada de manos de la burocracia sindical en la segunda mitad de los años 80. Allí trabajaba Carlos y allí realizó su primera y más trascendente experiencia política y de lucha, la que como él mismo señalaba, habría de marcarlo por toda la vida.

La experiencia de la UOCRA expresó una práctica sindical revolucionaria en un momento en que el sindicato agrupaba a 12.000 trabajadores en grandes obras hidroeléctricas como Piedra del Águila. Eso es lo que explica que Carlos haya hecho allí sus primeras armas de lucha y que allí haya conocido a Alcides Christiansen quien fuera el indiscutido dirigente de la experiencia de la UOCRA Neuquén de aquellos años y, por añadidura, entrañable compañero de militancia y de lucha del propio Carlos.

Fue en esta experiencia en la que Carlos aprendería las prácticas que sostendría hasta el día de su asesinato, y es que en un colectivo de trabajadores no hay otra manera de resolver los asuntos que mediante la asamblea de los trabajadores, mediante la votación de delegados mandatados por esas asambleas para que cumplan lo resuelto colectivamente, y la votación de una conducción del gremio que se subordine a ellos y obtenga voluntariamente de ellos su sustento material. Ésa fue la experiencia de la UOCRA Neuquén, que logró desbordar las características de un sindicato tradicional.

Por otra parte hay que tener en cuenta que cuando los trabajadores comienzan a debatir, cuando asumen la responsabilidad de decidir por ellos mismos, cuando empiezan a discutir los diversos asuntos, se comienzan a politizar. Es que esas cuestiones, por su propia lógica, desbordan la problemática circunscripta a los lugares de trabajo para referirse a las leyes, a los funcionarios, al gobierno; es decir, a los problemas de la política y el poder. Aquí Carlos empezó a “politizarse” y comenzó a militar en el Viejo MAS de la década del 80

Ante las distorsiones en obra, es necesario entender a Fuentealba, interpretar su figura, el propio carácter “polifacético” de Carlos (trabajador, docente y socialista revolucionario), el cual puede ser interpelado en su integridad o “diseccionado” en facetas distintas, contrapuestas e incluso negadas de su experiencia. Esto ha dado lugar a una batalla con la burocracia de la CTERA, que en los últimos años pretendió apropiarse de la figura de Carlos. Para la dirección de la CTERA, Carlos era un simple maestro sin más determinaciones. Siempre se negó a recuperar su figura como la de un trabajador más en general, que había pasado por la experiencia del sindicato de la construcción. Menos que menos podían reivindicar a Carlos como lo que verdaderamente era: un docente profundamente antiburocrático que siempre estuvo en la vereda de enfrente de su conducción.

Esta es la versión “edulcorada” que se echó a correr sobre Carlos; pero las cosas fueron exactamente al revés. Si Carlos tuvo el grado de compromiso que exhibió el día en que fue asesinado, esto se debió a algo más de fondo que su condición de maestro o genérico “militante de la vida”: fue producto de su compromiso con la transformación de la sociedad y el aprendizaje que tuvo de los métodos de lucha de la clase obrera.

Ese aprendizaje de la democracia obrera es lo que jalonó la vida de Carlos y lo llevó a estar en la ruta el fatídico 4 de abril del 2007, cuando estaba en contra de llevar a cabo el corte de ruta en Arroyito, acción que consideraba minoritaria (una “ultrada”, en la jerga militante). Carlos estaba en contra, pero esa moción –la de no ir a cortar– se perdió en la asamblea, y respetando la democracia de los trabajadores, Carlos se movilizó a la ruta con el resto de sus compañeros y compañeras.

Cuando hablamos de democracia obrera no nos referimos a un simple ideal, o algo a lo que simplemente aspiramos como superación de la falsa democracia de los ricos o los habituales métodos burocráticos, desde arriba, de los dirigentes sindicales tradicionales. Se habla de otra cosa, o de algo más que lo anterior: de una tendencia de la realidad que se pone en obra cuando la clase obrera sale a luchar. Por definición, la clase obrera es un sujeto colectivo, integrado por el conjunto de los compañeros de un determinado gremio o lugar de trabajo. Casi siempre que los trabajadores salen a luchar en serio, desbordan a los dirigentes tradicionales y se plantean cómo resolver los asuntos, cómo tomarlos en sus manos. La democracia obrera no es solamente el vehículo para la decisión colectiva de los asuntos por parte de los trabajadores; también es un poderoso instrumento para la politización de los compañeros.

La burocracia de ayer y de hoy

 

Este 4 de abril se cumplen 10 años del asesinato de Fuentealba a pocos días de que los docentes de todo el país protagonizamos algunas de las movilizaciones más grandes nuestra historia llenando la Plaza de Mayo. Fue la respuesta de los trabajadores de la educación al brutal ajuste que quieren imponernos el gobierno de Macri y Vidal.

Pero lamentablemente sigue dirigiendo a la docencia la misma burocracia sindical que dejó aislada la lucha docente de Neuquén cuando fue asesinado Fuentealba. Y que en lugar de pisar el acelerador de la lucha para ir a fondo contra el ajuste de Macri, tiene una estrategia de paros en cuotas que impide que la fuerza expresada en Plaza de Mayo rebalse de luchas todo el país. Por eso es necesario construir una nueva dirección sindical, clasista, combativa, democrática. Por eso y por una sociedad socialista, luchó Fuentealba.

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