El  director de El Espejo de los otros habla sobre su megaproducción

BUENOS AIRES- El director Marcos Carnevale cuenta en «El espejo de los otros», que se encuentra en la carterlera cinematográfica desde la semana pasada  la historia de un restaurante, propiedad de dos hermanos, instalado en lo que fue un catedral gótica porteña, donde en su única mesa todas las noches hay una última cena.

Carnevale, hombre de TV -es director de contendos de Pol-Ka-, tuvo a su cargo los rodajes de los filmes «Elsa & Fred», «Anita» y «Corazón de León».

El elenco tiene como figuras a Graciela Borges, Pepe Cibrián, Leticia Brédice, Alfredo Casero, Mauricio Dayub, Julieta Díaz, Oscar Martínez, Luis Machín, Ana María Picchio, Favio Posca, Carola Reyna, Norma Aleandro, Marilina Ross, María Socas, Ana Fontán, Gipsy Bonafina y Natalia Cociuffo, que se mueven alrededor de esa única mesa, observados a lo lejos por la dueña del lugar.

-¿Creés que tus filmes hacen reflexionar acerca de que la vida es corta?

-Es un tema que ya abordo desde «Elsa & Fred», el paso del tiempo y el tiempo perdido, muy Proust. Apuesto a eso, a que tenemos que tener conciencia que el tiempo que tenemos para vivir tenés que vivirlo con la mayor verdad posible haciendo lo que querés hacer, no lo que debés hacer, que no importa lo que diga el otro. Y hay que amar cuando hay que hacerlo y no después porque a lo mejor no podes…

-Lo empezaste a pensar muy joven…

-Me agarró la crisis de los 40. Me di cuenta de que me iba a morir. Hasta ahí viví de una manera inconsciente. ¿Cuánto me queda? ¿Unos 40 más, si va todo bien? No es tanto.Y pienso si estoy haciendo todo lo que quiero o estoy actuando un personaje para otros. para que me acepten. Y esta historia tiene como el olorcito a fin de una era, por eso ocurre en una catedral que está destruida, con gente que ha vivido y esta en una era donde hay preceptos e instituciones que ya no funcionan, y que te están diciendo basta porque si no nos vamos a la muerte.

-¿Es un panorama sombrío?

-Hay una esperanza en la película, porque cuando te enveneno no te vas a morir hoy, te vas a morir otro día. Los personajes de Graciela (Borges) y Pepe (Cibrián) hablan a través mío. Ella, que por algo se llama Iris, ve todo como una voyeur, una mirada de Dios sobre el mundo, que enuncia y define el destino de lo que está ocurriendo. iris es mi mirada, mientra que Pepe es el que pone en conflicto mi mirada. Ninguno de todos los personajes es ajeno a la cotidianeidad. Todos en mayor o menor medida son empáticos y yo conozco lo que siente ese personaje.

-¿Crees que hay un reencuentro del cine mainstream con la observación minuciosa de la gente más o menos común?

-Está bueno. Desde hace mucho tiempo intento encontrar un espejo en el cine. Eso lo aprendí mucho en la televisión y la publicidad: cuando la gente empatiza con los personajes rompés el vidrio y se produce ese link entre la pantalla y el espectador. Ahí se engancha, empatizado con el tiempo, con el miedo. Si vos contás una historia ajena la mira con distancia.

-Y el hablar del tiempo perdido, ¿no será porque en este país estamos acostumbrados a perder o que nos roben el tiempo?

-Creo que en Occidente estamos muy pendientes de lo externo, del plano corto, nunca tiramos un plano que vivimos en un planeta pequeño que está dando vueltas en el infinito y creemos que esto es todo, y el dinero que está en el banco, la pilcha que te ponés, la marca que dice Hugo Boss, y vos te preguntás ‘¿tan corto es el plano?’. Y después te llega un papelito que dice que tenés una enfermedad terminal y ahí te das cuenta que no, y empezás a ver ovnis, pero ya es tarde.

-¿Qué tan fácil o difícil es hacer una película con sets digitales?

-Es complejo, sobre todo en Argentina, Y a mi me toca debutar con estas cosas, En «Corazón de León» achiqué a un personaje, una cuestión riesgosa porque si se veían los hilos de eso estábamos muertos. Con la misma gente, encabezados por Juan Pablo Pires hicimos esto, pero todavía estamos investigando un montón de cosas porque no tenemos la experiencia de Estados Unidos, por ejemplo.

-¿Cómo fue para los actores trabajar con escenografias virtuales?

-Para el actor no hubo desventaja, para mi si porque a veces me condicionaba ciertos planos y otras cosas no, pero hay cosas que nunca podría haber hecho sin el recurso digital. Tenía miedo de que no viendo la catedral sino un fondo verde, que no se metan en ese mundo, solo jugando con la abstracción teatral de los actores, una puesta muy teatral buscada, pensada a la manera del maestro (Peter) Greenaway. Es muy ventajoso porque te permite soñar de forma infinita, y hasta pude hacer rodar una luna por Callao.

-Una película con lenguaje verbal y muy duro para lo habitual…

-Una de las cosas que trabajé con los actores fue el ‘no le escapemos a la verdad’, aunque perdamos un poquito la elegancia cinematográfica, quiero que los personajes estén vivos. El elenco fue un lujo.

-¿Lo episódico, juega a favor o en contra?

-Estoy tratando de reinvindicarme con mi primera película «Noche de ronda», que en lugar de un restaurante era un bar, y un ladrón de historias veía una que se materializaba, y creo que de vez en cuando voy a volver a hacer esa película. Hay una película que se llama «Realmente amor», que transcurre en un aeropuerto, y es la mirada del director de los encuentros y las despedidas, ver que historia se esconde detrás de cada abrazo, de cada, risa, enojo y llantos, y es la humanidad. Un bucear en cachitos de humanidad de gente distinta.

-No es un género definido sino todo lo contrario…

-Es lo que ocurre en la vida, un multigénero algo que estoy acostumbrado, porque incluso en «Anita», que se metía con la discriminación y con esta cosa de la mirada del otro. somos viles jueces todo el tiempo, del petiso, el gordo, el flaco, el K, el no K, es terrible…

-¿En qué momento están el cine y la TV en argentina?

-La TV abierta esta en un periodo de transición no tan favorable, creo que está mutando hacia otra cosa, porque las plataformas se han multiplicado y la demanda del público está exigiendo otras cosas, que tiene otros códigos y pide otro tipo de formatos. el cine argentino al contrario, a diferencia del estadounidense que va en picada, se mueve por inercia, y si creo que el cine local esta en un crecimiento muy favorable. me siento muy afortunado de estar atravesando este momento con todos estos directores.

-¿Qué crees como fundamental?

-Que estamos recuperando el público, que nuestras películas hagan más taquilla que muchas de las extranjeras, como viene ocurriendo cada vez más seguido. Eso marca algo muy positivo. Cuando estrené «Elsa & Fred» un día me metí en un complejo para escuchar la reacción de la gente y escuché a un tipo que decía ‘¿Esta película la dirigió un argentino..? ¿Es yanqui, no?’ y resulta que no, era argentino.