Juzgan en Mar del Plata a hombre que asesinó a su amigo, lo descuartizó y lo arrojó en un bosque

MAR DEL PLATA- Un ex comerciante está siendo juzgado por haber matado a balazos a un amigo en un local céntrico de esa ciudad balnearia en 2012, luego descuartizarlo con una motosierra y finalmente arrojarlo en el bosque Peralta Ramos, previa lectura de un manual de criminalística.

El imputado es Juan Ignacio Novoa (31), acusado del homicidio de Walter Farías (27), con quien vivía temporalmente y según las pruebas fue asesinado en un negocio de venta de alfombras y pisos flotantes.

El debate está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Mar del Plata, integrado por Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas, que ayer terminó de escuchar los alegatos de las partes y el viernes próximo a las 13 dará a conocer el veredicto.

En los alegatos, el fiscal Juan Pablo Lódola pidió que Novoa sea condenado a 13 años de prisión por ser autor de «homicidio agravado por el uso de arma de fuego» y consideró como atenuantes su edad y que actualmente está realizando un tratamiento para rehabilitarse de las drogas.

En el juicio hay otro imputado, Adrián Galliuzo (33), a quien se acusa de haber ayudado a Novoa a descartarse del cuerpo y para quien el fiscal solicitó dos años de cárcel por «encubrimiento agravado».

Por su parte, la abogada de la familia de la víctima, Celia De Caro, pidió una pena de 33 años para Novoa y de seis para Galliuzo y coincidió en líneas generales con el pedido del fiscal.

La defensora oficial de Novoa, Carla Auat, solicitó a los jueces que le apliquen el mínimo de la pena para el delito de homicidio debido a que, al momento del hecho, su imputabilidad estaba «disminuida» por su adicción a las drogas, lo cual luego fue rechazado de plano por el fiscal.

En tanto, el abogado de Galliuzo, Sergio Fernández, reclamó la absolución de su cliente al considerar que éste se enteró del homicidio cuando ya se encontraban trasladando el cuerpo y al tener una amistad estrecha con Novoa no le quedó opción que ayudarlo.

De Caro dijo que en el juicio, que comenzó la semana pasada, quedó establecido que «para la época del crimen Farías vivía transitoriamente en la casa de Novoa, había una amistad entre ellos y se vinculaban por su adicción a las drogas, tanto cocaína como crack».

Entre el 13 y el 14 de enero de 2012, mantuvieron una discusión en el local «Union Carpet», propiedad de la familia de Novoa y ubicado en Alvarado 2569, en el centro de la ciudad balnearia.

Se cree que Farías estaba sentado frente a una computadora cuando fue asesinado de tres disparos en el rostro y uno en el abdomen.

Según la abogada, Novoa mantuvo el cuerpo en el local tres días y mientras tanto «se dedicó a buscar información en Internet sobre químicos para limpiar la sangre, dónde comprar una motosierra y se bajó un manual de criminalística» con la intención de no dejar huellas.

Para la letrada, Novoa descuartizó el cuerpo en el local y luego de intentar con varios amigos, le pidió ayuda a Galluzio para descartarse del cadáver, para lo cual solicitó los servicios de un fletero con la excusa de realizar una limpieza en su local.

Los hombres subieron a la camioneta bolsas con maderas, alfombras viejas y aparentemente el cuerpo descuartizado estaba camuflado en una mesa de televisión tapada con guata, pese a lo cual se sentía un olor nauseabundo, según declaró el fletero.

El hombre contó que llevó a los dos amigos hasta un terreno baldío en el bosque Peralta Ramos y que pese que dio aviso al 911 de que algo extraño estaba sucediendo, la Policía nunca concurrió al lugar.

Por eso, al día siguiente se presentó en los tribunales marplatenses con un abogado y relató lo ocurrido.

Mientras que los familiares y amigos de Walter ya lo estaban buscando, un vecino vio las bolsas dejadas por los amigos cerca de un arroyo y las quemó como hacía habitualmente con la basura.

Finalmente, el 20 de enero un «ciruja» advirtió la presencia de restos humanos en el lugar y la Policía Científica logró rescatar el cráneo y una mano, entre otras piezas.

La víctima logró ser identificada por sus piezas dentarias y por las huellas dactilares que se pudieron obtener de una mano a la que no la había alcanzado el fuego porque estaba en una lata de pintura.

De Caro dijo que rápidamente se vinculó a Novoa con el crimen «porque su negocio era el último lugar donde Walter había estado y cuando la Policía hizo las pruebas de luminol enseguida encontraron las manchas de sangre a pesar de que había limpiado y pintado».

Además, según se pudo acreditar en el juicio, Novoa le había pedido ayuda a varios amigos para irse de Mar del Plata y a uno de ellos le terminó confesando el crimen.

«La expectativa es que sea condenado, la familia quiere que pase un tiempo largo en la cárcel», dijo la abogada de la familia, que considera que en el juicio se reunió abundante prueba para incriminarlo.