Hay quienes todavía quieren que la Universidad sea para pocos

Por RODY RODRÍGUEZ

Semanas después de haberse sancionado en el Senado de la Nación la creación de la Universidad de Hurlingham, volvieron a escucharse críticas hacia la idea de proyectar nuevas casas de altos estudios y sobre todo si estas se instalan en el conurbano.

Para el diario Clarín, por ejemplo, estas nuevas universidades se transformaron “en un filón económico que relega la excelencia académica para sostener estructuras políticas de los municipios”. La nota, publicada el domingo pasado, y que se titula “Impulsan más universidades K y crece el debate por el descontrol”, subraya que en los últimos tres años “se habilitaron cinco casas de estudios superiores en distritos gobernados por intendentes kirchneristas” y atribuye la elaboración del proyecto de la creación de la de Hurlingham a cuestiones de campaña. Clarín informa que “los senadores votaron el proyecto de Universidad Nacional de Hurlingham y ‘Juanchi’ Zabaleta -secretario Administrativo del cuerpo, quien maneja la caja del Senado- llevó esa iniciativa como estandarte de su candidatura a concejal de ese distrito”.

El comentario desmerece el esfuerzo de un grupo de vecinos que desde hace años lucha por concretar este proyecto. Vale recordar que en mayo del 2001, ya el Concejo Deliberante había aprobado la declaración de interés social y municipal la creación de la Universidad Nacional de Hurlingham, que tenía como sede fundacional al Instituto Mariano Moreno y como miembros de la Comisión Organizadora a entre otros, Norberto Larroca, Roberto Pascualino, Elsa Suárez Kimura, Enrique López, Andrea Dimitrijewits, Jorge y Rosita Lixon y el entonces concejal radical Víctor Ángel Stefanoni, que doce años después mantuvo vigente esa lucha y acercó el proyecto a Zabaleta para que sea impulsado en el Congreso.

Bienvenida sean entonces las campañas políticas si los estandartes son el impulso de proyectos por la educación.

En el artículo de Clarín también se cuestiona la distribución de recursos a las universidades “distribuidas con un criterio que no responde al nivel académico”, la firma de convenios con otros organismos estatales, la cantidad de autoridades superiores y fundamentalmente pone en duda la calidad educativa que puedan alcanzar estas nuevas casas de estudios, a las que llama “universidades del kirchnerismo”. Más adelante castiga “el vínculo entre el poder municipal y las conducciones académicas”.

Lo dicho por Clarín viene siendo escuchado desde la decisión misma de crear nuevas universidades y es una oposición coherente con otras posturas del grupo. En definitiva,  la creación de Universidades como las de Hurlingham no es más que la profundización de un modelo de inclusión social iniciado hace 10 años. Y es un modelo que irrita. Es un modelo que decidió distribuir conocimiento que es la herramienta para vencer la exclusión e impedir la dominación.

Hay muchas generaciones en el Conurbano a los que el acceso a la Universidad era imposible. No lo podían hacer los que trabajaban. Cursar en la UBA o La Plata implicaba viajes en condiciones difíciles, más gastos por alimentación, insumos varios. Inevitablemente la Universidad quedaba reservada para los sectores medios y altos, para el resto solo quedaba, en el mejor de los casos, la opción de estudiar un oficio.

En estos últimos años la Universidad es para todos. Por supuesto que hay casos que deben corregirse, otros que merecen críticas. Hay uso político en algunas universidades. Hay actitudes punteriles en el manejo de algunos claustros. Y estos hechos vienen como anillo al dedo, para aquellos que buscan argumentos para reprobar las nuevas casas de estudios. Es la manera de ponerse en la vereda de enfrente a este cambio revolucionario de la Argentina que permite el surgimiento de una generación de universitarios en hogares en los que no pudieron estudiar. Ernesto Villanueva, rector de la Universidad de Varela, habla de la recuperación de un mito argentino: el ascenso social a través de la educación.

Los que cuestionan la calidad de la enseñanza en las nuevas universidades es probable que no hayan siquiera entrado a sus aulas. Las universidades del conurbano tienen el mismo grado de calidad o superior a las universidades tradicionales.

Un artículo escrito por Alfredo y Eric Calcagno sobre este tema apunta a que “quienes se oponen a la expansión de las universidades del conurbano responden a la vieja técnica de patear la escalera después que se trepó, para que los demás no puedan subir”. Son ellos los que hablan  de la necesidad de distribuir con equidad el conocimiento y recuerdan una definición de John Ruskin que dijo que “educar no es enseñarle a alguien algo que no sabía, sino hacer de él una persona que no existía”.