Esperando a Noel

Para algunas la cercanía de las fiestas acecha como sombras que amenazan. Cada vez es más frecuente escuchar «Como quisiera que ya sea 2 de enero» para así esquivar un sin cúmulo de pesadillas: ver parientes indeseables, trabajar como burra sin que nadie lo reconozca, soportar la cara de estirada de la nueva novia del primo o simplemente no tener que limpiar el tendal al día siguiente porque resulta que siempre, como por gracia divina, le toca a uno ser la anfitriona.
Para otras, como a mí no nos resulta ni el «evento del año» ni la circunstancia más tediosa y puede ser que sea porque siempre busqué poner mi energía en lo que más alegría me da, todo lo que la situación genera en los más chiquitos.
Y lejos, lejísimo, es más, no imagino que otro momento futuro pueda igualarlo, el momento más lindo ocurrió una Nochebuena hace muchos años, cuando Julieta tenía 4 y Candela sólo 6.
Reconozco que soy la típica madre que intenta que los chicos vivan con mucha expectativa cada logro o momento importante de su vida, por eso los preparativos de la Navidad empezaban mucho tiempo antes pintando hojitas de muérdago o haciéndolas en cartulina, decorando centros de mesa, ramos para la puerta y por supuesto en la detallada carta que escribíamos a Papá Noel.
Ese año decidimos sorprender a las nenas y grabar la voz de «Noel» (como le decían ellas) en un audio intercalado con la música. Así fue que cuando faltaban 10 minutos para las 24 nos fuimos a la galería a bailar para esperar que «El de rojo» se dignara a venir.
Al principio se escuchaba un «Jo Jo Jo» y la música continuaba, dos, tres veces hasta que las nenas se dieron cuenta. Después «Él» se encargó de hablarles, preguntarles cosas, llamarlas por su nombre, asombrarlas al conocer sus secretos más inconfesables… Al comienzo el susto las dejó estáticas pero luego gritaban, se reían y le contestaban con esa ingenuidad tan adorable como si estuvieran hablando con algún tío preferido.
Por fin se despidió y las obligó a contar de 10 a 0 muy despacio para correr al arbolito.
Ese momento mágico estoy segura que nos va a acompañar a los cuatro para toda la vida.
Ahora que las nenas crecieron, igual el juego y complicidad con algún chiquitín que en la familia anda dando vueltas sigue siendo el momento más buscado. Todo gira en torno a esa fantasía a ese disfrute único, quizás porque es la manera que encontramos nosotros, los grandes, de mantener viva esa ilusión que nos alegró tantas noches cuando éramos chicos.