“Eva no duerme” abrió  el 30mo. Festival de Mar del Plata

MAR DEL PLATA- Segundo filme de Agüero y que el realizador tardó siete años en construir desde su ideación hasta su estreno (“la imaginé en Toronto cuando presenté ‘La Salamandra’ en 2007 y la estrené ahí en 2015”, dijo en la conferencia de prensa posterior a la exhibición), “Eva no duerme” atraviesa los 25 años que van de 1952 a 1977 y espeja la más profunda división que suscitó un personaje en la historia argentina, que se abrió sin posibilidad de cicatrización entre el amor incondicional y el reconocimiento de los humildes y el gélido odio de la oligarquía y sus tributantes.

La primera jornada de Mar del Plata amaneció hoy con un cielo límpido y un sol apenas tenue pero trajo un favorable viento de cola luego de la inauguración de anoche con “Tres recuerdos de mi juventud”, de Arnaud Desplechin, con los filmes que ingresaron a la Competencia Internacional: a primera hora la cinta eslovaca “Koza”, de Ivan Ostrochovsky, y luego la de Agüero, que tuvo su premiere en la Argentina anticipando el estreno del próximo jueves en salas comerciales.

Las dos películas que inauguraron la competencia por el Astor de Oro proponen miradas personales, arriesgadas y construyen relatos cinematográficos sólidos además de que, siendo extremadamente diferentes, comparten una serie de atributos comunes.

Las dos recurren a elementos del documental, en el caso de Agüero archivos fílmicos y trabajo de campo mientras que Ostrochovsky narra una historia que se nutre de un relato efectivo y también ambas albergan un destino trágico en su desarrollo, aunque de diferente tenor: en una el máximo personaje de la historia argentina y en la otra un ignoto boxeador en un irrefrenable barranca abajo de desolación y destrucción.

Quien definió al filme de Agüero fue el actor Daniel Fanego, que en la película compone al general Eugenio Aramburu en cautiverio y antes de ser fusilado por Montoneros, que la calificó como “una película rockera y peronista”.

Si bien Agüero se desmarcó de esta apreciación y señaló que quiso hacer una película por fuera de la anécdota y la antinomia peronismo-antiperonismo, buscando una resonancia universal que hablara de “la persistencia de una voz que no se puede apagar”, también es cierto que algunas marcas del filme, una cierta crudeza, la pregnancia claustrofóbica de los cuerpos, los movimientos en espacios cerrados y pequeños, además de la música y el volumen remiten a cierta escena de recital de banda de rock o al punk

“Cada personaje es una red de referencias que quiere resonar de manera distinta en cada uno y en el inconciente colectivo”, aseguró Agüero sobre los distintos caracteres que nutren una historia contada en cuatro partes y que van desde un general de la última dictadura (Gael García Bernal), el embalsamador (Imanol Arias) el encargado de trasladar el cadáver (Denis Lavant) y Aramburu, entre otros.

En cuanto al filme eslovaco, narra la historia del actor que encarna el boxeador Peter “Koza” Balaz que en su juventud participó de las olimpíadas representando a su país pero que luego fue desarrollando una carrera pugilísistica que lo alejó de los grandes escenarios y se halla en una encrucijada en la que se resiste a abandonar el ring donde ya nada bueno puede hacer.

Dramática como pocas, la cinta no deja de presentar costados más que interesantes, desde el manejo de los tiempos, las constantes incertidumbres que genera el relato dotándolo de cierto extraño suspenso, una narración fina y de pocas palabras y un encomiable trabajo del sonido y el fuera de campo.

Ostrochovsky logra que el espectador llegue hasta el mismo lugar que el personaje además de rodearlo de otros también oscuros y extraños especímenes (uno de ellos un ex campeón olímpico que hoy vive en la calle en Bratislava, que oficia en un momento de entrenador de Koza) , todo trabajado sobre una deliciosa fotografía debida a Martin Kollar, que fue una de las fuentes que, dijo el realizador , inspiró el relato.

Porque Koza es también una extraña road movie blanca, con una pequeña camioneta sobre una ruta que atraviesa parajes desolados invadidos de nieve en el viaje que el boxeador y su supuesto manager (un hombre que no deja de esquilmarlo y engañarlo y que parece estaría dispuesto a hacer lo mismo con su propia madre) realizan por pequeños pueblos y alguna ciudad cumpliendo una serie de presentaciones pugilísticas.

Filmada casi en su totalidad con luz natural, proponiendo un fuerte y exitoso cruce entre el documental y la ficción el filme se sostiene hasta el final, aunque su personaje inexorablemente tambalee en todas las peleas.

El festival, que este año tiene una Competencia Internacional con un marcado sesgo latinoamericano continuará mañana con la proyección de dos filmes de la región: “El abrazo de la serpiente” del colombiano Ciro Guerra (que ganó el premio Art Cinema de La Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes) y “O futebol”, del brasileño Sergio Oksman, que se vio en el Festival de Locarno.

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