El gustito de la semana

Para mí los domingos son perfectos si los empiezo muy temprano en la feria. ¿Paraguaya?, me preguntó una amiga un día que llegó en medio de una conversación mía con otra compañera. Cuando le aclaré que era la de frutas, verduras, pollo, pescado, flores y cereales me miró aturdida como no comprendiendo cómo podía yo hallar tanta excitación en los pasillos coloridos entre las papas y los rabanitos.
Es difícil de explicar el encanto de los olores de las hortalizas mezclados con la tierra aún húmeda de las raíces de las rúculas o mi entusiasmo cuando presencio un intercambio de receta de cocina con algún ingrediente nuevo y exótico.
Una chica muy jovencita me enseño a hacer el guakamole con las paltas bien maduras, un pedazo muy chiquito de tomate, otro de cebolla y mucho mucho limón. Desde que lo aprendí no hay día en que los chicos no me reclamen el «menjunge» para hundir ahí las papas fritas, los nachos, las talitas o aunque más no sea un pedacito de pan, puedo asegurar, que nada tiene que ver con esa pasta dudosa que venden en los supermercados.
El aroma único del jengibre lo incorporé tanto en ensaladas como en postres cuando el señor del puesto de la esquina me desasnó de que esos tubérculos enredadizos podían dar un toque único a más de una preparación.
El regateo y el «pruebe y elija» son experiencias sanas y divertidas, practicándolas toco el cielo con las manos y me voy feliz con mis tres plantas de espinaca por cinco pesos y con degustaciones de aceitunas rellenas, naranjas sin semillas y el olor de la cibulette entre mis dedos.
Los feriantes son un capítulo aparte y bien podrían ser complejos personajes de obras de teatro. Hay uno en particular que sobresale de los demás ya que siempre exhibe con orgullo frutas o comestibles que por sus conexiones o «status verduleril» solo tienen un lugar en su puesto y así vende frambuesas cuando no es la época, ofrece uvas traídas de lugares remotos, cocos, lechugas extravagantes o calabazas de dimensiones sobrenaturales que exigen para su corte la posesión de serruchos similares a los de Jack el destripador.
Y para cerrar el inicio de una mañana perfecta regreso a casa con los ramos altos de sterlitzias para el jarrón grande del living y un sinnúmero de yerberas coloridas para desparramar color y aromas por toda la casa y así inundar de buena onda el lugar por el que, durante el resto de la semana, se vive un ritmo más acelerado de trabajo y estudio.