Garrigós de Rébori: «Si no defendemos la independencia judicial, estamos todos en riesgo”

BUENOS AIRES- por Luciana Bertoia En exclusiva para Política Argentina, la jueza María Laura Garrigós de Rébori le respondió a Mauricio Macri por las críticas al Poder Judicial y, en especial, a los integrantes de Justicia Legítima. Aseguró que por los antecedentes del PRO en la Ciudad la etapa que viene para la justicia nacional es «preocupante» y no ahorró críticas para el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti.

Mauricio Macri está empezando a sufrir sus primeros dolores de cabeza ocasionados por el poder judicial y él cree conocer la causa: la agrupación Justicia Legítima, que defendió la reforma judicial auspiciada por el kirchnerismo en 2013. La jueza María Laura Garrigós de Rébori, titular de la organización, rechazó los dichos del presidente detrás de los cuales percibe una intentona macartista. “Si no defendemos la independencia judicial, estamos todos en riesgo”, dice.

También se refirió a los rumores sobre la supuesta reapertura de la denuncia de Nisman: «tienen que sostener que el juez y el fiscal de primera instancia, la Cámara, el fiscal ante la Cámara Federal, la Cámara de Casación y el fiscal ante Casación están confabulados para archivar esa causa» (ver aparte).

La entrevista que Macri le concedió al columnista de La Nación Joaquín Morales Solá en la que se quejaba que el kirchnerismo se había ido pero que Justicia Legítima seguía allí obligó a muchos de los integrantes de la asociación creada a fines de 2012 a alterar el ritmo cansino de la feria judicial. Garrigós de Rébori le hizo frente a la polémica desde su despacho en el segundo piso de la Cámara Nacional de Casación Penal, separada del palacio de Tribunales por unos pocos metros.

La pelea con Justicia Legítima tiene un nombre y apellido para el gobierno: Alejandra Gils Carbó. Aún antes de asumir, Macri empezó a plantear que Gils Carbó debía renunciar a su cargo como procuradora general de la Nación. Sin embargo, los intentos del macrismo no han sido fructíferos por ahora y la molestia con la agrupación de jueces, fiscales y defensores ha ido en ascenso.

¿Cómo queda la relación con el presidente Macri después de su queja por la persistencia de Justicia Legítima?

No tenemos ninguna relación con el presidente de la Nación. Sí tenemos relación con el ministro (de Justicia Germán) Garavano, a quien le pedimos una reunión y accedió. En general, coincidimos en un montón de cosas con los proyectos de Garavano. Con el presidente Macri no tenemos relación ni pretendemos tenerla porque las relaciones entre un poder y el otro deben llevarlas las cabezas de cada poder. Cuando el presidente dice las cosas que dice que están equivocadas, salimos a corregirlas.

¿No toman su declaración como una especie de macartismo judicial?

Exactamente y lo decimos. Nosotros estamos como garantes de nuestra propia independencia y no por nosotros, sino va a pasar lo que pretendieron hacer en la justicia de la Ciudad. Al juez (Roberto) Gallardo lo sometieron a muchos destratos y juicios políticos y no prosperaron. A Sergio Delgado lo mismo. Simplemente porque no les resultaban simpáticos o no les gustaba como resolvían.

¿Las diferencias con Garavano son por nombres  – por ejemplo en el caso de la pretendida remoción de Gils Carbó?

No hemos podido conseguir que el ministro nos de una razón viable para sostener esa postura porque no la hay. La forma en la que ella distribuyó la tarea en la Procuración General de la Nación no difiere de la forma que el propio Garavano distribuyó la tarea cuando era fiscal general de la Ciudad.

¿La reforma a la ley del ministerio público que propone el macrismo no diluye tanto el poder del procurador que pocos estarían dispuestos a asumir si Gils Carbó finalmente se fuera?

Va a ser un caos. Gils Carbó no se va. No tienen cómo echarla. Los candidatos que postulan para ocupar esos cargos técnicamente no le llegan ni a la suela de los zapatos y son todos muy afectos al poder pero después no van a cumplir con la tarea.

Nosotros sabemos dónde están atacando al Poder Judicial y cómo. Pienso que estamos en riesgo.

¿Gils Carbó planteó su situación ante Justicia Legítima?

Nosotros hemos hablado muchas veces con ella diciéndole. “¿Qué querés hacer?” La mujer está sometida a unas presiones pero ella dijo que estaba dispuesta y que iba a seguir. La procuración sigue trabajando y sigue produciendo. Le recortan el presupuesto, la denuncian penalmente pero esas presentaciones no prosperan.

¿Se siente que hay una idea de “depuración” de la justicia?

No sé qué sería la depuración. Vamos a ver. Entre los doce jueces federales, uno podría pensar que los jueces que llegaron al cargo por concurso ya pasaron por este filtro del Consejo de la Magistratura y a lo mejor apuntan a los que vienen designados previo al 2000 pero no pareciera. Nos toca a los jueces repensar el Poder Judicial y decir que si nosotros no lo defendemos – no como una corporación que nos beneficie a nosotros sino como una necesidad ciudadana – vamos a ser responsables de que se pierda la garantía del juez imparcial. Nosotros sabemos dónde lo están atacando y cómo. Pienso que estamos en riesgo.

CAMBIEMOS… LOS JUECES.

Garrigós atraviesa temprano la puerta de Talcahuano 612. Saluda al policía de la entrada, se lamenta porque ya no existe el local de Infojus conexo al edificio de la Casación “nueva” y se sube al ascensor para llegar a su despacho. Se saca la bandolera negra de cuero con la que venía, la deposita su escritorio y empieza a hablar. A sus espaldas cuelga un cuadro con los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. Lo trajo el juez Gustavo Bruzzone — conocido por su gusto por el arte — pero la pintura bien podría ser de ella. Garrigós llevaba poco más de un año trabajando como “pinche” en Tribunales cuando la dictadura secuestró en 1977 a su suegro, Humberto Rébori, y al hermano de éste y su mujer. Ese mismo año se casó con quien es su marido y a quien la dictadura le truncó una carrera como ingeniero.

La de la jueza es una de las voces femeninas más disonantes del poder judicial. En pleno menemismo, le tocó resolver en la querella que interpuso el entonces presidente contra Horacio Verbitsky y los directivos de Página/12 por criticar los ascensos de dos represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).  Cuando era presidente de Boca Juniors, Macri querelló al periodista Ernesto Cherquis Bialo –recientemente despedido de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) — y la causa cayó en manos de Garrigós. En 2005, la juez firmó la excarcelación de Omar Chabán junto a Bruzzone.

En los últimos años, dirigió Justicia Legítima, cuyo texto fundacional reclama a los jueces independencia de los gobiernos y de los poderes económicos. La agrupación se conformó mientras la Corte Suprema demoraba una definición sobre la constitucionalidad de la ley de medios.

Como portavoz de la asociación no escatimó críticas a Ricardo Lorenzetti. Como primera presidenta de la Casación “nueva” también se diferenció de la pompa de sus colegas federales. “Es una barbaridad”, repetía mientras analizaba la conducta del juez Juan Carlos Gemignani, quien ordenó detener a una funcionaria de Casación que supuestamente desobedeció sus órdenes. Horas después, Justicia Legítima emitió un comunicado acusando a Gemignani — de fluidos contactos con el radicalismo — de abuso de autoridad y de violencia de género y laboral.

No tienen cómo echar a Gils Carbó. Los candidatos que postulan para reemplazarla no le llegan a la suela del zapato y son afectos al poder.

¿Cómo se imagina esta etapa política para la justicia argentina?

Las proyecciones que uno puede hacer tienen que tener alguna base de realidad y entonces uno podría tomar idea de lo que tomó en la justicia de la Ciudad de Buenos Aires durante el gobierno del PRO en ese distrito. En rigor, es preocupante. En Ciudad, se puede llevar a un juez de la jurisdicción a juicio político y removerlo por simple mayoría. Con los votos del partido gobernante, cualquiera sea, se puede modificar la situación de un juez.

A nivel del Consejo de la Magistratura de la Nación, ahora Cambiemos está cerca de tener los nueve votos, es decir, la mayoría calificada…

Es cierto. Hay que ver cómo funciona. Tienen la mayoría calificada con algún componente del estamento judicial. Cuando llegue el momento, yo no sé si los consejeros jueces van a responder partidariamente o van a responder a su estamento. Si no responden a su estamento, después no van a ser reelectos. La elección de los jueces no tiene que ver únicamente con su filiación ideológica; es más, en el seno del Poder Judicial, la filiación ideológica es más vale en un único sentido.

Hay una versión periodística que indica que el gobierno usaría esa mayoría contra jueces federales como Daniel Rafecas o Carlos Rozanski…

Yo he trabajado con causas producidas por el juzgado de Rafecas y son causas prolijas y ordenadas. Es una dependencia que funciona bien. El problema va a ser si tiene doble vara. No creo que prospere algo contra Rozanski por su prestigio internacional y entre los organismos de derechos humanos por la tarea que ha desarrollado. Me preocupa más lo de las auditorías que han propuesto.

¿Por qué le preocupan?

El Consejo propuso auditar las causas por corrupción desde 1996 hasta 2016. Son 20 años de causas por doce juzgados para hacerlo en el período de esta presidencia que concluye a fin de año (la de Miguel Piedecasas). O sea, en cinco meses habría que auditar 20 años de causas de doce juzgados…

Dijeron que iban a hacer una selección de causas emblemáticas…

Eso es preocupante. Esa selección va a ser sesgada. Los jueces tendremos que estar atentos. Nos toca a nosotros una etapa diferente. Si nosotros no defendemos nuestra independencia y el que vengan por nosotros, vamos a ser responsables que el ciudadano pierda la garantía del juez imparcial.

¿Pero la auditoría no tiene un antecedente en la propia Corte Suprema que anunció un relevamiento de causas de corrupción?

Son iniciativas de la Corte que a mí no paran de sorprenderme como las arengas a las que nos tiene acostumbrados el presidente de la Corte que nos dice que los jueces tenemos que hacer mejores investigaciones para tener mayor cantidad de condenas. Los jueces no tenemos que procurar las condenas sino a las sentencias. Por otro lado, yo no veo mal que haya publicidad sobre el trámite de las causas. No sé cómo lo van a cumplir.

¿Por qué sacaron un comunicado denunciando la reunión entre Macri y Lorenzetti?

Porque es algo muy inusual. Que el presidente de la Corte se encuentre en una reunión privada sin notificación con el presidente de la Nación cuando está pendiente de resolver en el tribunal un importante expediente que se vincula al Ejecutivo, por lo menos, contraviene el reglamento de la propia Corte.

¿Pero no da la sensación de que el encuentro se filtró por parte de uno de los actores por algún motivo?

Por eso, ¿cómo no nos vamos a enterar? Reuniones de ese tipo no hacen falta. Para eso la Corte y el gobierno tienen sus propios emisarios. El traslado fue todo un acting. Los jueces no tenemos reuniones privadas con el Ejecutivo. De hecho, toda la historia de (Sebastián) Casanello yendo a Olivos, ¿de qué se trata? La independencia judicial te impide mantener relaciones que no sean públicas. Hay lobbistas e incluso hay periodistas que son lobbistas.

¿Cómo ve la nueva composición de la Corte?

Es lo mismo. Con el quinteto, no se va a modificar la jurisprudencia de los tres jueces que habían quedado.

¿Pero coincide con (Eugenio Raúl) Zaffaroni que será una Corte de tinte conservador?

Sí. No creo que cambie mucho de una Corte de Elena Highton, Juan Carlos Maqueda y Lorenzetti a una también integrada por Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. Puede ser un poco más conservadora. El nivel de fallos que tuvimos en la Corte que integraban Enrique Petracchi, Carmen Argibay o Zaffaroni no lo vamos a tener. Tendremos los fallos de la Corte Interamericana y apostaremos a la renovación.

Que Lorenzetti se encuentre en privado con Macri cuando está pendiente un tema que se vincula al Ejecutivo por lo menos contraviene el reglamento de la Corte.

CONSTANTES.

A “Malala” – como la conocen a Garrigós – la atraen los idiomas, la literatura y la historia, posiblemente herencia de su paso por el Lenguas Vivas. En los últimos días leyó Amistad de Juventud de la escritora canadiense Alice Munro y anda con su kindle a cuestas como prueba de su gusto por la lectura.

Un día la madre la sentó y le preguntó de qué quería trabajar. “No estudiar, trabajar”. Una representación de la escuela secundaria se apropió por un instante de su cabeza y la disuadió de ser profesora. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA)  y desde hace 40 años camina los pasillos de Tribunales. Le consta que hasta el último ingresante al poder judicial quiere gozar de los privilegios de pertenecer a la “familia judicial”.

¿Ustedes desde Justicia Legítima no se proponían transparentar las relaciones de la justicia?

Estamos en todo eso permanente. Por una decisión metodológica, hemos resuelto no relevar casos puntuales porque no es nuestro objetivo hacer denuncias puntuales. Nos seguimos dedicando al estudio de los mecanismos.

¿Se puede cambiar el Poder Judicial?

Sí, se puede pero no se va a cambiar desde adentro.

¿Cree que hay una persecución judicial contra funcionarios kirchneristas?

Hay como un acelere y pareciera que hay una especie de doble vara – que no digo que sea judicial sino periodística.

Pero los jueces, en general, investigan a los gobiernos salientes…

Sí, yo recuerdo las causas de Carlos Grosso, de Fernando de la Rúa. Todos los gobiernos que salen dejan sus causas pero no con este periodismo furibundo.

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