El voto electrónico en jaque mundial

09-10-2017

Por Augusto Erbín.

La realidad indica que el voto electrónico no es una tendencia en el mundo, y son más las pruebas fallidas y dudas que se generaron ante su implementación, que los casos exitosos. Si estamos mirando al mundo (y abriéndonos a él), ¿por qué no querer ver las experiencias que se realizaron?

Lunes 11 de septiembre de 2017, Noruega realizó las elecciones parlamentarias que deciden la composición del Storting (Parlamento). El sistema fue la boleta única de papel.

Hace unos años, en 2014, finalizaban con las experiencias de voto electrónico que se llevaron a cabo en las elecciones de 2011 y 2013. Los ensayos terminaron con la declaración del gobierno de que no se pudo garantizar la seguridad del voto a los electores. Y se conoció los temores que manifestaron los votantes sobre la fragilidad del proceso y los riesgos de socavar los procesos democráticos. La experiencia del país nórdico iba aún más lejos que el voto electrónico; un sistema de voto por internet que se pensó como impulsor de mejorar la participación. Pero los ensayos no impulsaron la participación y llevaron al final de la experiencia: jaque mate.

El debate entre «Voto Electrónico Sí» y «Voto Electrónico NO» se acaba cuando uno ve qué pasó con las experiencias en otros países sobre este tema. El mundo que probó, eligió volver al voto con boleta de papel. Y estamos hablando de los países más desarrollados el mundo, con diversas experiencias en Alemania, Holanda, Finlandia, Australia, entre muchas otras.

En el mundo sólo hay 7 países que tienen actualmente voto electrónico. Esto significa que implementan en alguna parte del proceso, sea para efectuar el sufragio o para contabilizar y fiscalizar los votos, etc. Este club de los 7 está conformado por Brasil, Venezuela, EEUU, Estonia, Bélgica, India y Filipinas.

Según indica Enrique Chaparro, especialista en seguridad informática y miembro de Fundación Vía Libre, «si uno mira un ranking de países por índice de desarrollo humano, los primeros 20 votan con papel».

Anualmente, la revista The Economist publica un índice de democracia. En el mismo hace un relevamiento entre 165 países en 5 categorías: participación política, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y proceso electoral y pluralismo. En el ítem «proceso electoral» sólo 6 países obtuvieron puntaje perfecto: Finlandia, Islandia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Noruega y Uruguay. Todos estos con sistemas políticos diferentes entre sí, pero con algo en común: usan boleta de papel para la emisión del voto.

Es curioso como los proyectos de voto electrónico surgen siempre desde los oficialismos de turno como propuestas superadoras al sistema «arcaico» del uso del papel en pleno siglo XXI. Nunca son propuestas desde la oposición, algo que debe señalarse como importante de analizar, ya que en un contexto donde las experiencias en el mundo fueron malogradas, no se explica otra motivación para implementarlo. Claro, siempre está el de la intención de poder manipular el resultado encubierto en discursos modernistas.

Pero la realidad nos indica que el voto electrónico no es una tendencia en el mundo, y son más las pruebas fallidas y dudas que se generaron ante su implementación, que casos de éxito que se puedan remarcar. Si estamos mirando al mundo (y abriéndonos a él), ¿por qué no querer ver las experiencias que se realizaron?

En algunos países como Alemania se declaró inconstitucional por la imposibilidad de que cualquier ciudadano pueda ejercer la fiscalización del proceso electoral. Esto significa que se requiere de ciertos conocimientos técnicos lejos de los universales como la lectoescritura que sí dispone una sociedad altamente alfabetizada. Si no puede ser fiscalizado por cualquier ciudadano de a pié quiere decir que se requiere de expertos o especialistas que sí puedan realizarlo; una especie de «casta» que tiene esos conocimientos, que no son para todos, sino para unos pocos. De esta manera se vulnera el concepto de universalidad del proceso electoral, que es un derecho básico del sufragio. El universalismo del sufragio no sólo da lugar a que toda la población adulta pueda emitir el voto, sino también a ejercer la facultad de que sea controlable y fiscalizable por todos nosotros. La capacidad de control ciudadano debe estar en todas las etapas del proceso y debe poder ejercer esa auditoría sin conocimientos especiales.

La pregunta que nos debemos hacer es si la tecnología es solución para todo. Y la respuesta es que, como todo, la tecnología puede ser un vehículo para mejorar, solucionar y lograr eficiencia para muchas cosas en la medida que se la contemple holísticamente dentro del sistema electoral y que no anule algunos de sus componentes esenciales, contradiga sus procesos o elimine garantías básicas. Pero la tecnología no es una solución en sí misma. Porque pensar que «la tecnología resolverá que no existan más disputas en las mesas electorales de un barrio» o que «va a evitar el abuso de punteros políticos» son latiguillos simplistas de una realidad que es más compleja y que la tecnología por sí misma no resuelve, porque puede generar algunos beneficios y traer nuevos problemas con conflictos que antes no teníamos: se abre la posibilidad de fraude y de poner en riesgo la participación ciudadana.

Una de las mayores fortalezas en quienes defienden el voto electrónico es la velocidad en el voto, algo que ya se corroboró en la Ciudad de Buenos Aires o en el caso de Salta que no fue así ya que el tiempo de los escrutinios fue similar al del voto en papel. Y si el riesgo que se pone sobre la mesa que es la vulnerabilidad del voto en poder alterarlo de alguna forma o sobre la garantía de ser secreto, en pos de la «velocidad», estamos comprando más problemas que soluciones.

Si la excusa va por el lado de garantizar que todas las boletas estén en el cuarto oscuro, y evitar sus robos, estamos hablando de que la solución se puede generar por un sistema mucho más barato y simple como el uso de la boleta única que garantiza la oferta partidaria (y la igualdad entre partidos chicos y grandes) sin que nadie sea perjudicado.

El tema está abierto, y se profundizará posterior a estas elecciones 2017. Sin dudas merece un debate profundo que implique en principio no generar nuevos problemas en pos de eliminar los actuales. Peor sobre todo que mantenga como faro el anteponer un proceso adecuado que respete las garantías constitucionales y que evite el riesgo de fraude. Si esto se pone en jaque, ¿de qué avance democrático estaríamos hablando?

*Periodista. Consultor en Grupo DIRCOM

DEFINICIONES EN EL MUNDO SOBRE EL VOTO ELECTRÓNICO

2008 – Holanda: Volvió a votar en papel. La decisión tuvo como principal motivo las denuncias de fraude y la desconfianza por la manipulación de las computadoras de votación. Dejó de usar las urnas electrónicas después de 2006 y las prohibió desde 2007.

2009 – Alemania: La Corte Suprema de Alemania resolvió que la votación electrónica era inconstitucional y prohibió su uso. Al tratarse de un acto público, el hecho de que no pudiese ser auditado por cualquier persona, dejaría que el sufragio saliera del control de los ciudadanos, argumentó el tribunal.

2009 – Irlanda: El ministro de Gobierno de Irlanda, John Gormley, anunció que el Gobierno de ese país había decidido no seguir adelante con el voto electrónico, por los costos y porque había dudas sobre la seguridad del sistema. Hasta ese momento se habían gastado 51 millones de euros en la compra de equipamiento.

2010 – Finlandia: El Ministerio de Justicia comunicó que el gobierno de ese país desistió de sus proyectos luego de que el Supremo Tribunal Administrativo (Korkeinhallinto-oikeu) declarara nulas y ordenara rehacer por medios convencionales las elecciones en que se había experimentado en tres municipalidades en 2008.

2011 – Austria: La Corte Constitucional austríaca establece la inconstitucionalidad e ilegalidad del voto electrónico utilizado en procesos electorales.

2014 – Noruega: Terminan las experiencias de voto electrónico que se llevaron a cabo en las elecciones de 2011 y 2013. Los ensayos finalizaron con la declaración del gobierno sobre los temores de los votantes de que el proceso podría socavar los procesos democráticos. Los ensayos no impulsaron la participación y llevaron al final de la experiencia.

2017 – EEUU: Desde los Estados Unidos se acusó a Rusia de hackear su ciclo electoral presidencial interfiriendo en los resultados de unos 21 estados.

DOCUMENTACIÓN

Dictamen Cámara de Diputados de Reforma Electoral: 29/09/2016

http://www.argentinaelections.com/wp-content/uploads/2016/09/000374_reforma_electoral_-_dictamen_29-9-16.pdf

Entrevista a la Dra. Delia Ferreira Rubio, académica experta en transparencia electoral: http://www.argentinaelections.com/2016/07/delia-ferreira-rubio-el-voto-electronico-puede-ser-manipulado-con-facilidad/

Videos del plenario de comisiones en la Cámara de Diputados sobre reforma electoral (voto electrónico con «boleta única electrónica») donde especialistas en la materia dieron sus razonamientos al respecto:

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