El viejo truco de cambiar lo máximo para que se note lo mínimo

09-01-2017

Por  Marcelo Félix Solís |

Un año en la vida institucional de un país, suele ser un suspiro. Y en Argentina, nuestra joven y descuidada Patria, ese momento puede transformarse en renacimiento o quiebre, según el punto de vista o la referencia o simplemente el interés que quien pretenda bucear entre las tibias aguas de la memoria reciente, se permita.

No existen soluciones afines a la relación tiempo-distancia. La cercanía de los acontecimientos prima por sobre la historia. Lo vivimos o padecemos. O lo que es más sencillo tamizar: algunos viven y disfrutan… la mayoría sobrevive y la padece.

Los números de los primeros sondeos, respecto de la opinión pública y el primer año de gobierno de Mauricio Macri, no son casualidad. Sería imposible esconderlos, aunque luego de la autocalificación del Presidente y su gestión y ese generoso 8 (ocho) – evaluación diciembre- dan ganas como docente de decirle a Don Mauricio: «Esmérese mucho más buen hombre, prepárese, labure en serio y vuelva en marzo».

Creer que esta auténtica excusa del «estamos aprendiendo… sobre la marcha» es verídica, es casi tan ilusorio como el creer que el Conejo de Pascuas promociona acciones en Merval de su exitosa factoría de huevos. Hay olor a engaño.

Duró poco la primavera, para muchos apenas 48hs… lo que tardó el dólar en dispararse permiso mediante de Federico Sturzenegger y su exégetas y la cuasi ridícula decisión central de transformar al Palacio de Hacienda en un monstruo de seis cabezas, cada una con pensamiento propio y egos de alcances milenarios.

Este año la danza de nombres ha sido un permanente casting; de apellidos Prime Time como Michetti, el indefendible Ministro de Energía Pepe Tarifazo Aranguren, o el hombre que tiene todas las respuestas inútiles, Marcos Peña.

¿Qué decir de quién desde su lugar de Vicepresidente demuestra un total desconocimiento técnico de una de las principales atribuciones del cargo, como lo es la Presidencia de la Cámara Alta?

¿Qué podemos pensar de que un gerente socio de una petrolera administre a discreción la energía de todo un país? Y encima viene con la premisa de refacturar o «sincerar» (la palabrita del año) tarifas sin miramientos, y después vemos que pasa.

¿O qué mayor mérito que el ser un selecto integrante de los «Newman Boys», necesita un amigo para erigirse como la espada política de un Gobierno? Tal vez sea una cuestión de confianza. Habría que analizar si con eso alcanza para ser.

 

LA LLUVIA DE DOLARES QUE NO GOTEA

Las Relaciones Internacionales, esta nueva «Argentina para el Mundo» era una bandera permanente de campaña y una expectativa de cara a la realidad 2016. La punta de lanza de la «lluvia de inversiones» que no gotea. Una prestigiosa diplomática de carrera como Susana Malcorra es hoy la cara visible de Argentina frente al resto. Y apostó fuerte, a ir por todo. Y se fracasó en el intento. La Secretaría General de la ONU que no pudo ser, sonó a apuro o falta de estrategia temporal acorde a la misión. Y viendo a posteriori la turbia desinformación sobre la nueva política alrededor de un sentimiento tan propio como es la Causa Malvinas, nos sirvió de muestra que el equívoco no era casualidad, sino consecuencia.

En esta nueva administración, la estructura no hace a la organización y viceversa… 28 estamentos de gobierno se distribuyen la coyuntura nacional… a algunos de estos hombres de Estado, no se les conoce la cara. O se desconoce su trabajo o el mérito que han hecho para asumir una responsabilidad tan grande y seguramente el ejemplo más notable ha de ser el Rabino Sergio Bergman al frente de la cartera de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, lo digo porque el mismo ha hecho público el desconocer el porqué de su designación.

 

Muerto el Perro, se acabó la Rabia.

El relato, ese artilugio tan kirchnerista, ha sido defenestrado por el macrismo en un inicio de puja ideológica que parece querer llevarse puesto a todo aquello que rime con Cristina. Pero hay algo que no puede desconocerse y debe hacerse siempre presente, la relación y el resguardo por parte del Estado de los Derechos Humanos y en esto, sí que uno no puede fallar. A partir de allí, nace una pregunta:

¿Desde cuándo la matriz terrorista del Estado, se califica según lo cuantitativo de las víctimas que ven no cicatrizar heridas? Una sociedad toda, exige y merece que la verdad siga su curso hasta ser definitiva y ninguna amenaza previa de culminar con el «curro de los Derechos Humanos» debe ser el vector para desandar la huella que tanto les ha costado a todos los argentinos. En este primer año de macrismo, su Secretario de DDHH de la Nación, Claudio Avruj, demostró en la primera mitad del 2016 una buena predisposición al diálogo con los organismos de defensa de los DDHH; pero comenzó a perder hilachas y equivocar definitivamente el rumbo al negar sistemáticamente el número de 30.000 víctimas de la pasada Dictadura Cívico- Militar y cerrar en 7010 –precisión suiza- la cifra del resumen oficial del horror. Y bastaría repasar el estado de las causas ligadas a crímenes de Lesa Humanidad, y su sueño de los justos, para advertir que no han sido, ni creo serán, prioridad a este gobierno; que ya aclaró no es afín a la memoria activa.

 

ATROPELLO DISFRAZADO DE BUENOS MODOS

Continuador de esa senda, el oficialismo todo, negó la posibilidad de considerar a la dirigente social Milagro Sala como una víctima política, ignorando además la opinión del titular de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, carta mediante, en la que expresó su pedido por la «inmediata liberación» de la dirigente. Pero ya lo advirtió el mismo gobernador de la Provincia de Jujuy, Gerardo Morales –UCR, Cambiemos- él no va a permitir que Sala sea puesta en libertad, y mientras continua su derrotero de acusaciones contra la dirigente social, asume según sus dichos los incompatibles roles de juez y parte interesada en el asunto.

El atropello dibujado de buenos modos a los que se ven sometidos algunos integrantes de la Justicia, respaldado el embate por buena parte de la prensa panoficialista, tiene algunos trazos de macartismo descafeinado, homologado por el simple hecho de ser «El Cambio». La Procuradora General de la Nación Alejandra Gils Carbó sabe que sobre si, pende una espada, el juicio político. Y estos últimos días ha sido recibida por el Papa Francisco en el Vaticano.

Francisco y su relación con el macrismo, es otro de los puntos a resolver por el oficialismo de cara a un año electoral, donde ya empieza a jugarse la ropa.

«Me comprometí a acertar mucho más de lo que me equivoco. Lo central del aprendizaje de 2016 fue entender que este es un proceso, hay que saber manejar los tiempos bien y en la ansiedad uno se equivoca con los tiempos». (Mauricio Macri)

Sinceramientos, eran los de antes… ahora son sincericidios.

 

 

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