Una emotiva historia sobre Pascual Mollo

11/01/2017
stefanoni

A mediados de diciembre pasado, Pascual Mollo, de 69 años, salió a la puerta de su casa de Rivera Indarte al 500, en el barrio porteño de Flores, a despedir a unos invitados de la fiesta de cumpleaños de su hija cuando lo sorprendieron tres delincuentes. Pudo impedir que entraran a robar pero le dispararon por la espalda y poc después murió. El hecho tiene otros componentes muy graves, como que los médicos del SAME lo atendieron por “una lastimadura en el codo” sin darse cuenta de que tenía una herida de bala.

Victor Stefanoni lo recuerda con una historia de vida, muy simpática y emotiva:

 

“YO LO TRAJE A LA ARGENTINA”

nota-1

Por Víctor Stefanoni |

 

1954, enero 6… Ese día zarpaba del Puerto de Buenos Aires la motonave Corrientes, buque de la estatal Flota Argentina de Navegación de Ultramar (FANU). Era un barco de pasajeros, clase única, 1500 y 200 tripulantes. Construido en 1943 en el Astillero Seattle Tacoma Ship (EE.UU.), para la Armada Británica como el carguero Trucker para “transporte de aviones”, desarmados, no como “portaaviones” convencional.

En 1948 fue convertido en barco de pasajeros, 1500 clase única, en el astillero estadounidense Newport News Ship And Dry Dock Co. Hasta 1949 perteneció a la Cía. de Navegación de Ultramar (ex Dodero), grupo naviero iniciador de la otrora poderosa y excelente flota estatal FANU.

Más adelante, fusionada con la Flota Mercante del Estado pasó a formar parte de ELMA, compañías destruidas, lentamente y sin interrupciones, por todos los gobiernos argentinos, desde 1955, menos los de Arturo Frondizi, Arturo Illia y Raúl Alfonsín hasta llegar al de Menem, que no dejó flotando ni un bote de goma argentino… dando finalización a la importante participación de las flotas argentinas en el mercado mundial de transportes marítimos, dejando nuestro espacio en manos de flotas extranjeras…y privando al país del ingreso de ingentes sumas de divisas, además del prestigio que la Argentina paseaba por los mares del mundo para orgullo de los argentinos.

El Corrientes estaba afectado al servicio regular de pasajeros (inmigrantes) entre Génova-Nápoles-Barcelona-Lisboa y Buenos Aires, con escalas en Las Palmas (Islas Canarias) y Brasil.

Y aquel 6 de enero de 1954, en ese viaje Buenos Aires-Génova y Escalas, iniciaba su año final de navegación el cadete Víctor Stefanoni, de la Escuela Nacional de Náutica “Manuel Belgrano”, para graduarse como Oficial de la Marina Mercante Argentina, que hoy escribe estas líneas.

Aquel viaje, en la ida llevó un grupo de, más o menos, 300 argentinos, hasta Génova, escala final, compuesto por turistas y estudiantes que finalizaban sus “quintos años…”, entre los que se encontraban los hermanos Sessa, uno de ellos, Aldo, en los años venideros, prestigioso fotógrafo profesional, que, recuerdo, portaba siempre uno de aquellos cajoncitos negros que oficiaban de sencillas máquinas fotográficas. Los hermanos Sessa eran del barrio…

23 de enero de 1954. Escala final del Corrientes en Génova, con mis viajes a Torino para conocer a mis tías y tíos, hermanos de mi padre y los trabajos de acondicionamiento de la “obra viva” (sector del casco sumergido hasta la línea de flotación) del Corrientes en los italianos Astilleros de Sestri Ponente. Esta es otra historia.

 

3 y 4 de febrero de 1954. El Corrientes zarpa de Génova y llega a la bella Nápoles puerto en el que, al igual que en Génova, ascendieron oleadas de italianos, grandes, chicos y ancianos, con sus corazones rebosantes de fe y esperanza de una “nova vita…in Argentina”.

Con sus humildes y desvencijados cajoncitos de madera, sus raídas valijas y sus antiguos baúles, repletos de humildes ropas y de retratos y recuerdos de la tierra que los vio nacer y que, quizás, nunca más verían en sus vidas.

De Nápoles a Las Palmas en Islas Canarias y luego el cruce del Atlántico recalando en Recife, puerto del Norte de Brasil con temperaturas insoportables.

Las fechas consignadas están calculadas lo más exacto posible, pero, la partida de Buenos Aires de aquel viaje Buenos Aires-Génova y Escalas del Corrientes es la verdadera: 6 de enero de 1954. Las demás están calculadas con muy pequeños márgenes de error.

Arribo a Buenos Aires, más o menos, el 22 de febrero de 1954.

Puerto de Buenos Aires, Dársena Norte, atraca el “piróscafo” Corrientes, inundando el espacio con el ensordecedor pitar de sus sirenas compitiendo con el clamor de las personas, desde tierra, que abren sus brazos a los arribados paisanos y de los inmigrantes, colgados de la borda del buque, que saludan a nuestra tierra con un cántico de fe, de esperanza, de fuerza, en un himno de salutación y agradecimiento a estas generosas y pacíficas tierras, donde comenzarían una nueva etapa de sus vidas, muy lejos de los horrores y las miserias vividas en la Segunda Guerra Mundial, recientemente finalizada.

 

Mayo del 2010. Bicentenario. Estoy ocupando la Presidencia de la Cámara Argentina de la Industria del Letrero y Afines. No viene al caso hablar de nuestra gestión en esos años difíciles de la destrucción de la Publicidad en la Vía Pública argentina.

En la Cámara, un buen día me encuentro con Pascual Mollo, a la sazón titular de la prestigiosa empresa de Publicidad en Vía Pública “Luis Mollo e Hijos S.A.”, y socio importante de la Cámara.. También Pascual presidió CAILL

– Hola Pascual, tu eres italiano. ¿Cuándo arribaste a la Argentina?. Le pregunto.

– En 1954… en el vapor argentino Corrientes. Subí al barco en el Puerto de Nápoles. Creo que a fin de enero o primeros días de febrero de 1954. Tenía 6 años.

Yo tenía 20 al comenzar aquella inolvidable travesía…

No podía creerlo. Vino en el CORRIENTES, como pequeño inmigrante, en mi primer viaje de ultramar para acceder a mi graduación como Oficial de la Marina Mercante Argentina y 62 años más tarde, nos reencontramos… y hoy nos separa una absurda muerte, jamás imaginada.

Después de una conversación emotiva con Pascual, le prometí acercarle fotos del inolvidable Corrientes y también del diploma que acreditaba el cruce de la línea del Ecuador. Así lo hice y lo cotejó con el diploma que certificaba su cruce, yo en el viaje de ida y él en el viaje de vuelta del Corrientes.

Me dijo que iba a comentar el tema en la sociedad de residentes calabreses, que

Pascual presidió en algún momento. No sé si lo hizo.

Hoy, estoy entristecido y conmocionado por la injusta muerte de Pascual, el pasado 6 de diciembre, por un balazo a mansalva de un ser miserable producto de las lamentables deformaciones y complicidades impunes que estamos viviendo en este país.

Esta Argentina a la que también arribaron, allá lejos y hace tiempo, mis abuelos y mi padre, que vinieron a estas tierras en busca de paz, trabajo y progreso, como el inolvidable Pascual y sus padres.

Este país, prácticamente construido por los inmigrantes… por los gallegos… por los tanos… por todos aquellos seres humanos de todas las latitudes del mundo,

“… hombres de buena voluntad que quisieron habitar el suelo argentino…”.

Este país que hoy está en manos del narcotráfico y de muchos, no todos, gobernantes incapaces, cuando no corruptos…

Gobernantes…, los anteriores y estos, que están llenando las calles de gendarmes, prefectos y policías, de coches, carros y armas y son incapaces, o no se atreven, de comenzar racionalmente la lucha contra el narcotráfico corruptor y asesino con un Censo total y estricto en las villas de emergencia, donde se dice que se encuentran los delincuentes que trafican el menudeo de las drogas y también, porque no, en los countries donde habitarían los barones mayoristas del narcotráfico.

Gobernantes que miran para otro lado cuando se habla de modificar la vergonzante legislación “garantista…”, que ha establecido como norma jurídica tutelar la impunidad de los crímenes que están destruyendo la convivencia pacífica de los habitantes de estas tierras, otrora paraíso de la humanidad. Y que hoy, están enfrascados en discusiones babilónicas sobre si bajar uno o dos años en los límites de imputabilidad de los jóvenes delincuentes.

Un censo para saber “quien es quien…”, quienes son los vecinos probos y trabajadores y quienes se esconden en esas poblaciones luego de entradas ilegales al país, de fugas de cárceles y de “puertas giratorias…” de las comisarías…y de la inacción y porque no, la complicidad, de muchos jueces venales y corruptos.

La desidia, la incapacidad y la corrupción política, han convertido a este, otrora, paraíso de América, tierra de felicidad y esperanzas, en un antro cada día más inhabitable.

 

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